El renacer del señor de las sombra

CAPITULO 15: ESTILOS

Mila se quedó dormida sin aviso, como caen los niños cuando el cuerpo ya no puede más: de golpe, sin ceremonias. Su cabeza resbaló poco a poco contra el brazo de Lux hasta quedar apoyada con todo su peso, y su respiración se volvió lenta y entrecortada, como si incluso dormida el estrés de la mañana siguiera buscando salida. Cada exhale era casi un sollozo contenido, un resto de lo vivido que su cuerpo no había terminado de procesar.

Lux no se movió.

Dejó que el peso se acomodara contra él, los dedos de Mila medio cerrados sobre su rodilla. Afuera, el Paso de las Espinas había cedido al campo abierto y el sol golpeaba sin piedad la madera de la carreta. Sostenía el libro con ambas manos, los pulgares sobre la cubierta gastada, sintiendo las grietas que el uso constante había dejado en el cuero como cicatrices menores.

Paso la primera hoja de advertencia.

La segunda hoja era un formulario militar. El escudo del reino impreso en el centro. Debajo, escrito con grafito en letra funcional y sin adornos:

SOLDADO 12

REGIMIENTO V-13NTO.

MARCADO DE VIENTO.

ESTILO: SOPLIDO.

Era la ficha del soldado cuyo libro había recogido del suelo junto a su cuerpo. Lux sintió algo moverse en el estómago. No exactamente culpa. Más bien esa incomodidad específica de tocar algo que perteneció a alguien que ya no existe. El libro todavía guardaba el calor de manos ajenas entre sus páginas, o quizás era solo el sol. Prefirió no preguntárselo.

Pero entonces su vista cayó sobre una palabra.

ESTILO.

Esa sola palabra hizo que algo en su cabeza se inclinara hacia adelante, como cuando uno escucha a la distancia un sonido que no puede identificar y sin querer detiene el paso. Estilo de qué. Estilo cómo qué.

Pasó la página.

La siguiente hoja traía una descripción que comenzaba con lo que ya sabía, o creía saber:

"La marca se debe al marcado y el marcado a la marca."

"Cada marcado es mostrado por el espejo de Luz entre los 8 y los 10 años."

"Los bendecidos por el Dios que Ve y Marca son para y del representante de él en el mundo: el Rey."

Era la explicación oficial, la que los sacerdotes repetían desde los púlpitos. En la capilla de Coatzaca había una estatua de piedra gris: un dios joven musculoso, con una yerra pintada de rojo en la mano derecha y un espejo circular en la izquierda. Sobre su cabeza, una corona con círculos en lugar de puntas. El Dios que Ve y Marca. El que elegía. El que revelaba. El que —según el reino— entregaba sus elegidos directamente al Rey, su representante en el mundo de los vivos.

Lo que no entendía era todo lo demás.

Pasó la página.

VIENTO.

La palabra ocupaba la mitad superior de la hoja. Debajo, una columna densa de información que Lux recorrió con el dedo mientras la carreta sacudía hacia los costados.

La marca de viento era la más común del reino. En los últimos años, casi el noventa por ciento de todos los marcados revelados por el espejo eran de viento. Lux lo procesó en silencio. De cada diez marcados que el espejo señalaba, nueve tenían la misma marca. Lo que significaba que el ejército del Rey estaba construido casi en su totalidad sobre un solo poder. Y lo que también significaba —esto lo entendió de golpe— por qué Llamas había reaccionado así al saber que Mila era de viento. Una marca tan común dejaba de ser un privilegio y se convertía en otra forma de ser ordinario.

Ahí estaba también la explicación de los estilos.

Un marcado no solo tenía una marca. Tenía una manera específica de usarla. El libro lo llamaba estilo, y la diferencia entre uno y otro no era menor: era la diferencia entre un hombre que puede usar el viento para empujar y uno que puede usarlo para destrozar. El estilo no se elegía, al menos no al principio. Emergía durante el entrenamiento, moldeado por el cuerpo, la afinidad natural y, sobre todo, por las limitaciones físicas del marcado.

El soldado muerto cuyo libro sostenía Lux tenía el estilo del soplido. El libro lo explicaba con una precisión que rozaba lo cruel: el marcado de soplido controlaba únicamente el aire que salía de su propia boca. Nada del ambiente. Nada del cielo. Solo el aliento que él mismo producía, que bajo el efecto de la marca podía convertirse en ráfagas dirigidas, concentradas, capaces de tumbar a un hombre o de arrancar hojas secas de un árbol. Poderoso dentro de su límite. Absolutamente inútil fuera de él.

Lux pensó en la batalla del Paso de las Espinas. Ahora lo entendía.

Siguió leyendo y encontró algo que lo detuvo por completo.

La Voz. Su madre se la había mencionado antes de dormir como una historia de héroes, como si fuera una marca propia y distinta. No lo era. Era otro estilo del viento: marcados que controlaban el aire en forma de sonido, un canto que se expandía en todas direcciones, que penetraba el oído, que hacía sangrar desde adentro hacia afuera. El libro lo describía con la misma aridez con que describía el resto: eficaz en espacios cerrados, letal en alta concentración, limitado por la capacidad pulmonar del marcado.



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En el texto hay: darkfantasy, villano, grimdark

Editado: 18.05.2026

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