El Renacimiento del Rey

La Oferta Imposible

El comedor quedó en silencio después de que Aurelio se marchara.

Durante varios segundos nadie dijo nada.Los platos seguían frente a ellos, pero ninguno tenía hambre.

Kai fue el primero en levantarse.

—Bueno… supongo que ahora solo queda esperar.

Thane cruzó los brazos, apoyándose contra la pared.

—Esperar, sí. Pero no quedarse quietos. Cada uno sabe lo que tiene que hacer.Selene asintió lentamente.

—Aurelio fue claro. No nos movemos hasta que pase suficiente tiempo. Mientras tanto, observamos patrones, rutas, rotaciones de guardias. Nada impulsivo.

Amelia apretó las manos sobre sus piernas.—¿Y si algo sale mal?Kai la miró.—Por eso vamos a estar listos.No era una respuesta tranquilizadora, pero era honesta.Poco después se separaron.

Cada uno regresó a su habitación con una tarea distinta en la cabeza.

Kai caminaba en círculos dentro de su cuarto, no podía quedarse quieto, las palabras de Aurelio le daban vueltas en la mente como un mapa invisible.

“Recto, izquierda, pasillo largo, derecha… botón oculto.”

Repitió la ruta varias veces, imaginando cada giro, cada esquina.

Se acercó a la pared y apoyó la mano.—Sala de archivos… —murmuró—. Tiene que ser real.

Se sentó en la cama, respiró profundo y cerró los ojos.

Intentaba memorizarlo todo, cada detalle, cada posible desvío.

Sabía que si fallaban una sola vez, no habría segunda oportunidad.

Thane, en cambio, estaba en el suelo de su habitación.

Con una sola mano apoyada, hacía flexiones lentas y controladas.

Diez.Veinte.Treinta.

El sudor le recorría la frente, no entrenaba por fuerza, entrenaba por reflejo.

Por resistencia.

Por si todo terminaba en combate.

Se levantó, sacudió los brazos y lanzó un par de golpes al aire.

—Si aparece un guardia… —murmuró—, tiene que caer rápido.Probó agarres, movimientos de derribo, golpes cortos al cuello, no estaba jugando.Se estaba preparando para incapacitar a alguien sin hacer ruido.

Selene estaba sentada frente a la pared, con las rodillas dobladas.No entrenaba el cuerpo, entrenaba la mente.Recreaba escenarios, contaba tiempos, calculaba probabilidades.

“Si los guardias rotan cada diez minutos, hay una ventana de entre seis y ocho segundos en cada esquina.”

Movía los dedos, como si desplazara piezas invisibles.—Puertas automáticas, sensores de movimiento, cámaras…

Abrió los ojos.

—No podemos cometer errores.Tomó una hoja vieja y dibujó un esquema aproximado del recorrido, basándose solo en lo que Aurelio había descrito.

Era incompleto.

Pero suficiente para orientarse.Amelia estaba acostada mirando el techo, no podía dormir, no podía pensar en otra cosa que no fuera Aurelio.

Se giró de lado y abrazó sus rodillas.—Idiota… —susurró—. Siempre cargando todo solo.

Cerró los ojos.

Intentó imaginarlo bien.Caminando.Respirando.Vivo.Luego recordó algo que él había dicho días atrás:

“Si alguna vez tardo demasiado, significa que algo salió mal.”

El nudo en su estómago se apretó, las horas pasaron lentas.

Demasiado lentas.

Se organizaron en turnos, cada uno salía a vigilar el pasillo asignado de forma natural, fingiendo caminar, estirarse o simplemente moverse como cualquier otro niño del complejo.

Kai observaba rutas.Selene analizaba cámaras.Thane marcaba posiciones de guardias.Amelia miraba rostros.

Buscaba cambios, movimientos extraños, nadie levantó sospechas, durante casi diez horas completas repitieron el ciclo.

Turnarse.Esperar.Regresar.

Informar en voz baja cuando coincidían en los pasillos.

—Dos guardias nuevos en el ala norte —susurró Kai en un cruce.

—Rotación estable cada diez minutos —respondió Selene.

—Hay un punto ciego cerca del tercer corredor —añadió Thane.

Amelia solo asentía.

Cada minuto sin Aurelio pesaba.Finalmente, Thane se acercó a Selene como si solo fuera un encuentro casual.

—Ya casi podemos movernos —dijo en voz baja, sin mirarla directamente.

Selene respondió sin girar la cabeza:—Sí. Solo esperemos un poco más. Que parezca natural.

Amelia estaba apoyada contra una pared cercana.

Escuchó.

Y pensó:

“Ya casi.”

Por primera vez desde que había llegado a ese lugar, sentía que existía una posibilidad real.

No certeza, posibilidad y eso ya era enorme.

Diez minutos después, las luces del pasillo emitieron un parpadeo casi imperceptible, una oscilación mínima del sistema eléctrico que para cualquiera habría pasado desapercibida. Para ellos, era una confirmación.

Cambio de turno.

El complejo respiró distinto.Los pasos de los guardias comenzaron a redistribuirse como piezas de un tablero invisible. El sonido metálico de las botas se desplazó en patrones conocidos, una coreografía mecánica repetida cientos de veces al día. Selene observó el reflejo de una cámara en el vidrio de una puerta lateral y levantó dos dedos, sin girarse, sin hacer ruido.

Era la señal.No hubo palabras.Se reagruparon con naturalidad, como si simplemente coincidieran por casualidad en un cruce interno. Ningún gesto exagerado. Ninguna aceleración innecesaria.Caminaron con el mismo ritmo que cualquier otro niño del complejo, fingiendo rutina, fingiendo normalidad, fingiendo pertenencia.

Pero por dentro cada músculo estaba tenso.Thane tomó la delantera. Su postura era relajada solo en apariencia; los hombros bajos, los brazos sueltos, pero los dedos ligeramente flexionados, preparados para cerrar un agarre o lanzar un golpe directo al cuello si algo salía mal.

Kai se colocó atrás, manteniendo un ángulo de visión amplio, memorizando reflejos, sombras, movimientos periféricos. Sus ojos no se fijaban en un solo punto: barrían el entorno como sensores vivos.

Selene iba en el centro, marcando el ritmo y las decisiones. Contaba mentalmente cada tramo recorrido, comparando la arquitectura real con el mapa que Aurelio había descrito de memoria.



#1290 en Fantasía
#239 en Magia

En el texto hay: fantasia, renacimiento, antiheroe

Editado: 24.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.