El Renacimiento del Rey

Lo Que Siempre Estuvo Ahí

La puerta oculta terminó de abrirse con un sonido suave, casi mecánico, como si aquel lugar hubiera pasado años esperando que alguien volviera a entrar. Selene fue la primera en cruzar el umbral. El resto la siguió inmediatamente, y Thane se encargó de cerrar la puerta detrás de ellos presionando el mismo panel oculto.

El interior del cuarto de archivos era más grande de lo que cualquiera esperaba.
No era una simple habitación con estanterías. Era prácticamente un archivo central. Filas largas de estantes metálicos recorrían el lugar en paralelo, formando corredores estrechos llenos de carpetas, cajas selladas, tubos de almacenamiento y pantallas antiguas incrustadas en algunas mesas de trabajo. En el techo, luces blancas iluminaban el lugar con una claridad clínica que hacía que todo pareciera demasiado ordenado para la cantidad de secretos que probablemente guardaba.

Kai fue el primero en romper el silencio.

—…Esto es mucho más grande de lo que pensé.
Amelia avanzó unos pasos, observando las etiquetas en los estantes.

—Aquí hay años de información… tal vez décadas.
Selene ya estaba revisando una de las primeras mesas. Tomó una carpeta delgada, la abrió rápidamente y comenzó a pasar páginas con rapidez, como si su mente estuviera clasificando todo al mismo tiempo.

—No vinimos a mirar —dijo sin levantar la vista—. Vinimos a encontrar algo útil.

Thane caminó hacia el pasillo central.

—Dividámonos, pero sin separarnos demasiado. Si alguien escucha algo raro, avisa.
Kai asintió.

—Diez minutos por sección y rotamos.
Aurelio no estaba ahí para dirigirlos, pero la forma en que se movían demostraba que todos recordaban exactamente lo que él había dicho.

Comenzaron a revisar.
Carpetas abiertas.
Cajas desplazadas.
Papeles extendidos sobre las mesas.
El sonido de hojas moviéndose empezó a llenar el cuarto.
Después de varios minutos, Selene habló.

—Oigan… miren esto.
Los demás se acercaron.
Ella giró el archivo hacia ellos.

—Prueba de Laberinto —leyó Kai en voz alta.
Amelia frunció el ceño.

—¿Otra?
Selene negó lentamente.

—No. Esta es anterior a la que nosotros vivimos.
Pasó una página.

Había diagramas del laberinto, rutas marcadas, estadísticas de supervivencia y notas escritas por investigadores.

Thane apoyó ambas manos sobre la mesa para leer mejor.

—Número inicial de participantes… cincuenta y dos.
Kai levantó las cejas.

—¿Cuántos sobrevivieron?

Selene bajó la mirada al final del informe.
—Cuatro.
Hubo un silencio breve.

Amelia sintió un nudo en el estómago.

—Entonces… lo que vivimos ni siquiera fue el peor escenario.

Kai soltó una risa corta, incómoda.

—Genial. Eso me hace sentir muchísimo mejor.
Selene cerró la carpeta.

—Esto confirma algo.
Thane la miró.
—¿Qué cosa?

—Que todo aquí está diseñado para empujar a los sujetos al límite. No buscan entrenamiento… buscan resultados extremos.

Kai volvió a los estantes.

—Pues sigamos buscando. Porque si este lugar guarda cosas así, también debe tener algo sobre cómo salir.
Pasaron más minutos revisando.
Amelia abrió una caja pequeña llena de tarjetas clasificadas.

—Aquí hay nombres.

Thane miró por encima de su hombro.

—¿Niños?

—No todos.

Ella sacó una tarjeta y leyó.

—Personal médico… supervisores… investigadores.
Selene giró desde otro estante.

—Eso puede servirnos.

Kai levantó la vista.

—¿Para qué?

Selene respondió con calma.

—Si sabemos quién trabaja aquí… podemos entender quién toma decisiones.

Thane asintió lentamente.

—Y quién podría ser un problema.

En otra mesa, Kai encontró una carpeta más gruesa.
—Eh… creo que esto es importante.

La colocó sobre la mesa.
Selene la abrió.
Dentro había planos.
No de pruebas.
Del complejo.
Pasillos.
Niveles.
Sectores restringidos.
Amelia abrió los ojos.

—Esto… esto es un mapa.
Thane se inclinó inmediatamente.

—¿Completo?
Kai negó con la cabeza.
—No del todo. Pero es más de lo que teníamos.
Selene pasó varias páginas.

—Aquí están las zonas de pruebas… dormitorios… áreas médicas…

Su dedo se detuvo en un punto específico.
—Y esto.
Kai miró.
—¿Qué es?

Selene leyó la etiqueta lentamente.
—Sector de Convergencia.
Nadie habló durante unos segundos.

Amelia fue la primera.
—No suena bien.
Thane cruzó los brazos.

—Nada en este lugar suena bien.

Kai miró alrededor del archivo otra vez.

—Entonces sigamos buscando.

Selene cerró el mapa con cuidado.

—Sí.
Su voz fue más baja.

—Porque si Aurelio tenía razón…
miró los estantes llenos de secretos.

—Aquí está la verdad de todo este lugar.
Y probablemente también la forma de destruirlo.

El archivo llevaba horas en silencio. El sonido constante de hojas moviéndose, cajones abriéndose y pasos cuidadosos entre los estantes se había vuelto casi automático. El tiempo pasaba más rápido de lo que pensaban, pero ninguno quería ser el primero en decir que estaban cansados.

Thane estaba revisando una sección más antigua del archivo. Las carpetas allí tenían polvo acumulado en los bordes, como si nadie las hubiera tocado en años. Pasó el dedo por una etiqueta desgastada hasta que algo llamó su atención.

—Oigan… vengan un momento —dijo en voz baja.
Los demás levantaron la mirada.

Selene se acercó primero.

—¿Qué encontraste?

Thane sacó una carpeta gruesa de color oscuro. Cuando la colocó sobre la mesa, una pequeña nube de polvo se levantó.

Kai arrugó la nariz.

—Eso definitivamente no lo revisan seguido.
Amelia observó la portada.

No tenía título claro, solo un código antiguo del CNE marcado con tinta casi borrada.



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En el texto hay: fantasia, renacimiento, antiheroe

Editado: 24.02.2026

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