Los pecados de nuestras manos (réquiem de Aion)

Capítulo 4 Ep. 3 - "Coartada"

Gris aguardó rendidamente en la sala de espera de la Delegación 107. Tenía que ver a Iván y a Eric, pero no era por trabajo. Ojalá hubiese sido trabajo, pero no, ese día ella era como cualquier otro ciudadano ordinario.

Estaba sentada junto a la puerta que decía «INTERROGATORIO» y la acompañaba nada más ni nada menos que Aion Samaras, a su lado.

Ella giró para verlo. No parecía estar bien. Su pie izquierdo traqueteaba inquieto contra el suelo. Estaba inclinado hacia adelante, cabizbajo, con los codos en las rodillas y sus manos cubrían la mayor parte de su cara.

El escenario le pareció tragicómico: Aion Samaras y Gris Ledesma juntos, testigos de un accidente de tránsito absurdo e inexplicable.

Se preguntó qué dirían Eric e Iván de todo aquello. Gris suspiró lentamente y parpadeó con pausa echando su cabeza hacia atrás contra el espaldar. Los minutos se le hicieron eternos. La herida en su brazo dolía pero evitó solemnemente pensar en el Sniper, y en que ese podría ser la persona que estaba justo a su lado. Era ilógico.

—¿Qué fue todo eso? —Preguntó con lentitud. Aion alzó la vista hacia ella haciendo que el tic ansioso de su pierna se esfumara en un chasquido. Ella agregó—: Le dijiste a ese chico: «creí que te había dejado las cosas claras la otra vez». ¿De qué hablabas? ¿Y qué flauta toco yo en eso?

—Olvídalo, no hablaré de eso —refunfuñó Aion.

—Claro, tú siempre tan abierto a dar explicaciones.

—Ya deja de hablar como si me conocieras, ¿quieres?

—Pero te conozco —dijo Gris, sosteniendo su inflexible mirada—. Nos conocemos hace un tiempo y creo que entiendo cómo piensas.

Aion jadeó burlesco.

—Jamás entenderías lo que pienso.

—Yo no dije eso —arremetió Gris ceñuda—. Dije que entiendo cómo piensas, no lo que piensas.

—Qué más da —renegó Aion apartando la vista—. Tengo derecho a guardar silencio...

—Oye, a mí no me recites tus derechos.

—Qué más da —él se encogió de hombros y luego se cruzó de brazos—. Yo no tengo la culpa de que lo atropellara un camión. Fue una muerte estúpida, pero no me sorprende. Eliseo era tan diminuto que ni siquiera el chófer lo vio.

Ella atajó una risita tonta mientras se miraban fijo a los ojos, y al ver que él comenzaba a sonreir por su propio comentario se le escapó una carcajada que no fue para nada sutil.  Y ni siquiera Aion pudo resistirse.

—Estamos en problemas... pero al menos es un pequeño problema —jadeó Aion riendo. Ella rió aun más fuerte.

—¡Ya basta! ¡Nos van a arrestar!

—Relájate, las probabilidades de que eso pase son bajísimas.

Aion comenzó a reír sin filtros. Verdaderamente reía mostrando sus dientes, cosa que era raro, era entretenido y era espeluznante.

—Tienes un humor muy negro —Gris le dio un codazo suave y él exhaló con diversión.

—Si cuento con los dedos de la mano la cantidad de chistes que se me ocurren para esto me quedo corto.

—¡Qué hijode-...

Gris jadeó quedándose sin aire mientras se desternillaba de risa, agarrándose el abdomen mientras daba golpes al piso con el pie.

—¡Shhhh, oye! —Él puso un dedo en sus labios mientras reía bajito.

La situación era oscura y sabían que estaba mal, pero no les importó. Parecían más bien dos niños bulliciosos e inquietos esperando en la dirección de la escuela por haber hecho alguna tontería.

—Te irás al infierno, Aion —susurró Gris cuando recobraron la compostura.

—Sí —confirmó él aún sonriente mientras la miraba fijo—, y tú vendrás conmigo.

Ella aguantó su mirada cómplice y tragó grueso.

—No eres aburrido —carraspeó para ocultar su vergüenza, presionando sus manos contra sus rodillas. El rubor subió a su cara. A lo lejos, saliendo de la oficina general de sistemas de la información, su padre e Iván venían directo hacia ellos. 

Eric apenas reparó en los dos cuando ingresó a la sala de interrogación, sin embargo Iván se detuvo justo delante de ellos, midiéndolos detenidamente a ambos. Luego infló su pecho y le indicó con la cabeza a Aion que sería el primero en pasar.

Él se incorporó, y entró a la sala con Eric, mientras Iván no le quitaba el ojo de encima a ella.

—Hablaremos con tu amigo y luego te toca a ti, ¿estamos?

Gris se preocupó un poco. De pronto el ambiente relajado desapareció y fue reemplazado con una tensión inaguantable y ni siquiera sabía qué tenia que ver ella en todo ese asunto.

Sí, Eliseo había muerto frente a sus ojos, pero citarlos a un interrogatorio solo por eso era demasiado.

«—Ay por favor, no te hagas. Ahora todos saben con quién andas y créeme que él no tiene una buena reputación», había dicho. Hasta que Aion apareció y luego Eliseo le cuestionó algo sobre por qué ella prefería a una persona tan posesiva.




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