Los pecados de nuestras manos (réquiem de Aion)

Capítulo 6 Ep. 4 - "Dos de copas"

—Arreglé uno de los cuartos de arriba para que puedas acomodarte tú y tus… cosas —duda su tío con los ojos en las maletas que él sacó de su apartamento antes de venir—. ¿Sabes qué? Yo conservaré esto por ahora.

—... Gabriel.

—Dime.

—¿Cómo vas a ayudarme?

—Hay tiempo para hablar de eso. Ahora ve a darte un baño y baja a comer. Tienes... sangre seca todavía.

—No esperarás que actúe como si fueras mi padre.

Gabriel ladea la cabeza y da dos pasos más cerca mientras sonríe con sus labios apretados.

—Voy a fingir que eres demasiado estúpido y no dijiste eso. Irás arriba, te acomodarás y bajarás a comer conmigo ¿entiendes?

Aion no hace ningún gesto, cosa que es exasperante, y su tío lo observa de arriba abajo antes de darle la espalda otra vez.

—Prepararé algo exquisito, no te lo querrás perder.

Gabriel vuelve a la cocina y él sube las escaleras hasta que oye la voz amortiguada de su tío de nuevo.

—¡Por cierto, no vayas a intentar nada estúpido! ¡No quieres que salga a volarte los sesos si te veo corriendo por la calle!

Aion continúa subiendo en silencio con una expresión lapidaria porque sabe que Gabriel habla en serio.

Cuando abre la habitación queda profundamente afectado. Gabriel dejó ropa limpia, planchada y doblada en la formidable cama donde él dormirá ahora. Es demasiado grande para él solo en comparación al pequeño cuarto que comparte con Sebastián.

«Sebastián, es cierto», piensa un momento. En unas semanas se reencontrarán.

¿Qué estará haciendo? Seguramente saldrá con sus amigos del pueblo a algún antro de mala fama a probar suerte con les femmes, como Seb les suele decir a las mujeres bonitas y él está ahí;  en una situación que no quiere, lamentado por no haberle hecho caso a su amigo cuando le dijo que fuera con él.

—Esto me pasa porque soy un imbécil —se dice a sí mismo, y se dirige hacia el baño que, en efecto, es casi del tamaño de la habitación que comparte con Seb.

Tiene un lavamanos de mármol muy llamativo y un espejo de diseño ovalado con detalles muy delicados en él. Tal vez sea del siglo dieciocho.

Del otro lado tiene una fila de gabinetes de vidrio y acero inoxidable pegados a la pared, llenos de botellas y frascos de productos. Sobre una cómoda larga de piedra descansan pilas de toallas perfectamente apiladas unas sobre otras.

Todo es de color blanco excepto por la bañera, que ocupa casi un tercio del sitio, y está separada por puertas de vidrio opaco de color verde esmeralda.

Él alza la mano para deslizar las puertas pero éstas se abren automáticamente, y la bañera empieza a llenarse de agua sola.

Aion mira alucinado cómo uno de los cerámicos junto a la bañera se levanta y gira sobre su eje para mostrar en lado opuesto, una placa que refleja una especie de holograma que dice: «Regular la temperatura del agua», y varios botones digitales de distintos colores.

Distingue el botón del agua caliente y fría porque tienen las iniciales C y F respectivamente, así que toca el… espacio vacío, donde están los comandos, atónito de que el holograma realmente funcione así.

—Debe ser tecnología alienígena, no hay otra explicación —murmura, y se quita la ropa con prisa.

Una vez allí trata de relajarse. El completo silencio lo ayuda a que ningún pensamiento se asome a su mente.

El agua caliente cubre cada centímetro de su piel y sumerge su cuerpo por completo. Abre los ojos bajo el agua y mira la línea de focos blancos sobre él haciendo figuras extrañas con las luces en su retina.

Aion asoma la cabeza y repara en la hilera de llaves digitales sobre una placa metálica por encima de la porcelana de la bañera. Toca apenas una de ellas. Nada sucede. Presiona con más seguridad esta vez y salen, de pequeños poros inadvertidos debajo de la línea del agua, esencias perfumadas y jabón para hacer espuma.

—Está bien, me gusta esto... —Aion inspira aire y vuelve a exhalar antes de sumergirse bajo el agua de nuevo.

Medita en todo lo que pasó hasta llegar a este mismo instante, y en lo que Gabriel le dijo cuando llegaron:

 

«Esta es tu casa ahora»

 

Todo es demasiado suntuoso en ese lugar. Una parte de él todavía espera que sea solo un sueño pero la otra aún piensa que no debería estar ahí.

Gabriel debe tener una buena cantidad de empleados como para que pueda mantener un tercio del obsesivo mantenimiento en esa casa, y ni hablar de las cuentas y salarios que debe pagar a todos sus empleados.

Todo aquello debe costar unos cientos de miles de billetes verdes anuales, y aunque tiene un trabajo que le permite vivir muy cómodo, no podría llegar ni a la mitad de esa cantidad al año con un solo trabajo.

¿Entonces cómo...?

Aion sale a la superficie y se incorpora de inmediato cuando la respuesta pincha su mente.

 




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