Tras tantos años
La cabellera del sol del estío depara su intensidad, a los tres cuartos de su recorrido; el bochorno nutre la vida vegetal so el límpido firmamento. En su derrotero de soledumbre atraviesa los alfalfares, huella la hierba y sentase sobre una elevación del suelo. Meliflua vista uno obtiene, con los murmullos de las hojas, y apoltronase en baluarte a par por arboles de mena pinaceae. Para tal viso complementar, la curiosidad mitiga con la erudición plasmado en imprenta, pequeño libro y no exiguo de información, a más de veinte años fechada otrora, mas inagotable es. Con ello se congratula párvulo escolar cierto, al darse cuenta de lo ulterior con fotografías y bocetos sombríos y pocos a color de la plenitud de la vida.
La venia se acorta y el vespertino aparece, en su estadía la humedad de las plantas por transpiración su salida avisa. Tras explayarse en su mundo parte, dando riendas sueltas de reserva a la energía, con no molestosos pulsos del friaje creado. Ya trillado tal hábito, asiendo un semanal día.
En medio del estéreo crisálida quebró el futuro bienhadado. Abromaban amedrados agüeros, el mundo en mustias pupilas palidece. El rezago aparece, mucho trecho, y el intersticio con el buen parecer acrecienta, hasta ser cabalmente diametral. El ánima ingenua se embarra, cuya causa es la acusación no al hado, sino al libre albedrío, perdiendo consigo su raison d'être.
–Mira nada más, es el loco que contamina con un sinnúmero de disparates. - suena un eco viril.
–Se nota que te encantan las hierbas mágicas y las bebidas que te hacen soñar con ellos. - dice otra voz cómica.
– A la próxima debes llegar arreglado, parecieras pordiosero deambulando. - Reprendía una voz recta.
– ¿Ver aquellos ojos porque representan el más allá celestial y que te devoren por el umbral? ¿De qué tribu perteneces, Ryanito? - Otra entre carcajadas.
El enervado llegó en transporte provecto, la caterva reiteraba en el umbral de su destino, regimiento 32 línea F, las adjetivaciones que carga pesado su ser los defectos a manera brusca de despectiva, envidiosos por el deferir de hospitalidad por parte del coronel y entretenimiento en mofarse para matar al aburrimiento. Entró al recinto de su faena, dos hileras de máquinas ocupadas en mayoría: la suya era la del medio de la primera. Ya sentado donde raíces muertas había emanado y preludiaba su único quehacer que, a lo menos, lo mantenía vivo, maguer mero es. Atería el hálito del ocaso los sentidos, la actividad mental aletargaba, de beatos diurnos a noctámbulos meditabundos; la suerte lo guio en tener un horario burocrático, de sol a sol. El sol se opaca, el crepúsculo se vanagloria de su hermosura, de lo confortante que es y asaz grato digno en colección de fotografías de la naturaleza. Los astros ya tachonaban la noche, quien amortaja la edificación y la floresta, en condicho con la famosa Casiopea.
Abría y cerraba archivos, el sonoro clic se integraba en la oscuridad, dejó de sonar el murmullo; era él solo que quedaba. El monitor depara un desorden de información, fijaba uno y escribía en el teclado, documentando concreto caso pendiente por postrimero. Ya deseaba la libertad de la jornada, una libertad en donde no hay nada qué hacer, en qué ocuparse, es una veleidad causada por la fatiga, para después llevarse las bebidas el puesto. El metal interior aparecía con su vibración, la ansiedad subía y el estremecimiento, llegaba la turbación, queriendo frisar con la conturbación. Con celeridad agarró el cigarro, hendió los tufos y fue para la ventana. Inhaló el tabaco y exhaló con alivio. la fibra módica de gas desaparecía, llevados por la brisa de la noche.
Debajo penetraba la luz: focos que daban a vehículos, puertas y rejas, linternas afuera por centinelas, alguno que otro fantasma merodeaba el interior. Giraban las hojas en ruta elíptica, pájaros saliendo a camino de incertidumbre, camino que no pasa de la sierpe de materia perdurable y maciza, tan sombrío que mezquina la esencia de la natural noche y enmascara mundo ignoto a los pobladores. Aquello es la muralla del linde y aquello que da escalofríos en ese entonces. La región silente de curvas claras del menguante del Osoyoos rescata del fango de la niñez gustos y amenidad, análogo quien anhela el espacio y los astros.
Ya serenado el cuerpo, la testa voltea. Se estremece el débil cuerpo, no por lo anterior, sino por circunstancia terrorífica, sumado al hermetismo. Tras el tul del ambiente vestido por el cigarro se retrata figura pizmienta con relieves del hábito físico: un débil sobresalto depara.
–¿Te asusté?, perdona, este sitio no ayuda mucho - dijo aquella figura-. Quise darte una visita, como ya es costumbre.
Ajena reconocida voz por el ya mitigado desasosiego, Ryan concentra su visión y cerciorase que la figura es, en efecto, el conocido coronel Wegener. Da un suspiro y se apoya del antepecho de la ventana.
–Sueño con esas monstruosidades cada día -dice Ryan-, estamos nosotros cerca de ellos y no es un delirio pensar que en cualquier momento horrible y MENOS esperado para una vida humana que entrase y te destrocen como si nada.
–Claro que no, Ryan, hasta yo pensaría tal cosa. Pero me habéis contado que tu deseo es eso, ¿no?, mirar sus coloridos ojos y…
–Pero soy humano - interrumpió con ojos penetrantes-, un humano siente miedo, siente temor, un humano tiene emociones, si no siento temor…
–Comprendo, comprendo, entiendo a lo que quieres llegar.
–Si no siento temor - prosiguió-, si no siento miedo, ¿qué soy?, ¿acaso tengo conciencia?, sólo sería un modelo algorítmico que su objetivo es morir entre ellos. Quiero, pero con miedo, ese sentimiento que uno tiene cuando no valora…
Calló con mirada perdida en la penumbra. Aquello propendió al coronel ladearse al monitor. Trocó con la certeza duda. Mostraba la pantalla la redacción de caso truculento, intitulado “Joseph Harari L. niño huérfano por asesinato de padres.” Una compasión profunda llegase acerba pesadumbre, pues la evocación hízolo así. La incomodidad demandaba que uno aguarde al otro que hable, empero aquel rol se apropiaron ambos. El azar intervino para quebrar tal regla, con su luz tremolante e invisible eligió.