El retenedor del infierno en la tierra

Contra la espada y la pared

La mujer a su lado soltó una risa seca y condescendiente.

—Ay, este niño tiene agallas… —murmuró, mirándolo con desdén. Acto seguido, lanzó una pequeña bolsa de cuero al suelo—. Bueno, niño. Aquí está su dinero. Ahora, ¡largo!

El tintineo metálico fue pobre. Apenas rodaron por la alfombra dos monedas de oro y cinco de plata.

Alexia frunció el ceño y dio un paso al frente. —¡Esto no es lo acordado! —arremetió, indignada—. ¡Son tres monedas de oro y diez de plata!

En un parpadeo, la figura del hombre sentado desapareció.

Una ráfaga de aire helado recorrió la nuca de Alexia. El hombre había reaparecido justo detrás de ella y, con una velocidad inhumana, le colocó el filo helado de un cuchillo directamente en la garganta.

—Esto es todo. ¿Entendido? —susurró el hombre, con una intención asesina destilando en cada palabra—. Así que deja de molestar y vete.

Félix no movió ni un solo músculo de su rostro. Sus ojos se mantuvieron vacíos, su expresión tan gélida y apática como un lago congelado, sin mostrar el más mínimo terror ante la amenaza de muerte que pendía sobre su compañera. Sin embargo, en su interior, su mente trabajaba a mil por hora y una profunda preocupación se encendió como una alarma silenciosa.

Sin perder su postura estoica, clavó la mirada en la pareja.

—Tengo entendido que, como bien dijo Alexia, el trato fue por tres de oro y diez de plata… —repitió Félix, sin la más mínima alteración en su voz.

La mujer entrecerró los ojos, tensando la mandíbula con irritación. —¿Tú también quieres morir, verdad, niño? —siseó.

—No es eso, señora… —respondió Félix, sin parpadear.

—Como bien hemos dicho, terminamos el encargo tal cual nos lo encomendó, pero usted no está cumpliendo su parte del trato —continuó Félix, manteniendo una calma espeluznante.

«Ojalá que esto funcione…», pensó para sus adentros, calculando mentalmente cada variable de la situación mientras observaba el filo en el cuello de su amiga.

—Además —prosiguió, con un tono de voz monótono pero cargado de veneno—, con el conflicto de las mansiones desatado por este supuesto asesinato, se investigará a fondo a los responsables. Como los líderes de esas familias no conocen nuestras verdaderas identidades, las patrullas buscarán primero por las afueras de la región de los Meridianos. Y adivinen con quiénes se van a encontrar.

Félix levantó el rostro y clavó unos ojos gélidos y acusadores en la pareja. De pronto, la atmósfera en la habitación se volvió sofocante.

—Si nos matan, o si simplemente no nos pagan y nos obligan a irnos, las pistas y los rumores los guiarán inevitablemente hasta ustedes. No es tan fácil salir impune tras arruinarle la vida a alguien de la familia Lannister. Puede que Beatriz no sea una habitante del Próximo, pero aquí, en los Meridianos, su apellido tiene un poder inmenso.

El hombre del cuchillo dudó una fracción de segundo. Su agarre flaqueó imperceptiblemente, pero fue suficiente para que Félix lo notara. Aprovechando la brecha psicológica, su voz se volvió aún más afilada.

—Así que, por su propio bien, piensen mejor sus acciones. Solo pedimos el pago completo que nos corresponde. Lo demás... se soluciona solo, siempre y cuando ustedes no cometan ninguna estupidez. ¿Entendido?

El hombre apretó la empuñadura del cuchillo contra la piel de Alexia, haciendo que un hilillo de sudor frío le bajara por el cuello. Una vena le palpitaba en la sien.

—¿Nos quieren ver la cara de estúpidos? —siseó la mujer desde el sillón, poniéndose de pie con la mano sobre la empuñadura de su propia daga—. ¿Un par de niños arrastrados de los Meridianos pretende amenazarnos?

Félix ni siquiera parpadeó. Dio un pequeño paso al frente, con los brazos relajados a los costados y la mirada fija en el hombre armado.

—No —respondió con voz seca y sin un solo matiz de duda—. Los estúpidos e ineptos son ustedes.

El silencio que siguió fue helado. Félix inclinó levemente la cabeza, señalando con los ojos la túnica del sujeto.

—Aparte de investigar lo que acabo de decir, los rastreadores de la familia Lannister buscarán a quienes tenían motivos reales para destruir esa boda. La alianza se rompió, hay una viuda furiosa con recursos ilimitados y la atención de dos mansiones está sobre este caso. ¿Y ustedes pertenecen a la casa rival, o me equivoco?

La mujer frunció el ceño, pero no interrumpió. Félix continuó sin acelerar el ritmo de sus palabras, desarmando su posición pieza por pieza.

—Podrán estar operando desde las sombras, fuera de su mansión y usando intermediarios en los callejones para no ensuciarse las manos, pero su sangre y sus registros pertenecen a esa facción. Si la investigación aprieta, la red no se detendrá en dos ejecutores anónimos como nosotros... llegará directo a ustedes. Les tomará menos de tres días rastrear los fondos que salieron de sus arcas para pagar este trabajo.



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En el texto hay: comedia, romance, aventura

Editado: 20.08.2026

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