En el departamento de Hansey, nadie se daba cuenta de lo sucedido. Estaban concentrados en las personas que cuidaban. Sabían que la Princesa Kristal por fin se encargaría de recuperar la Joya Misteriosa. Antes de salir de la habitación, Francis detuvo a Nelly.
—Espera, hay algo más que debo decirte.
Ella lo miró atentamente, ¿Qué podría ser?
—Ahora tienes poderes mágicos.
—¿Qué? —la chica rio, como si se tratara de una broma.
Sin embargo, recordó que Francis era serio, jamás bromearía con algo así. Dejó de reír.
—¿Por… por qué?
—El Hechizo Supremo de Joshua solo funciona con seres mágicos, como cuando nos revivió a nosotros.
Nelly no estaba presente aquella vez, pero Melany se lo dijo.
—Así que te di el 50% de mis poderes.
—¿Qué? Pero… eso significa que ya no eres fuerte. Necesitas ese poder más que yo. ¿Por qué lo hiciste?
—Porque no quería que murieras. No quería perderte.
—Y ahora, ¿Qué pasará? Cuando tengas que luchar… ¿De qué sirve que me hayas salvado si tú vas a estar en peligro?
—Puedo defenderme con la magia que tengo, no hay problema —reclamó él.
—No será lo mismo, no estarás en el mismo nivel que tus amigos.
—¡Oye, podrías agradecerme al menos!
—¡Estoy preocupada por ti! ¿No lo entiendes?
En ese momento, Joshua y los demás entraron a la habitación.
—Discutiendo como siempre, ¡qué novedad! —dijo Dany, al tomar asiento.
—Creí que se estaban besando o algo así —bromeó Jamie.
—No queríamos interrumpir, pero hablan muy alto —intervino Joshua—. ¿Qué está pasando?
Nelly se cruzó de brazos.
—Es una malagradecida —respondió Francis.
—Oigan, no peleen. Se supone que se aman —dijo Joshua—. Vamos a ganar esta batalla, tengan fe. Los Cuatro Príncipes, unidos, son poderosos. Francis estará bien.
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Por otro lado. Chelsea tocó la puerta y entró a la habitación donde estaba su hermano. Ellie soltó su mano y se secó las lágrimas de los ojos.
—Deberías ir a descansar y comer algo —aconsejó la mujer—. Yo lo cuido.
—No quiero irme.
Chelsea entendió la situación.
—¿Estás segura de que no te has enamorado? —preguntó.
La joven no contestó.
—Debes descansar y estar bien si lo quieres cuidar. Ve a comer algo y luego regresas.
—Creo que tienes razón. Debo estar bien.
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Andrei tenía los ojos cerrados como si estuviera en coma. Era una especie de trance en el que se encontraba, por el ataque de magia oscura que había recibido. Su conciencia estaba en otro lugar. De repente comenzó a vivir su vida de una forma tan distinta.
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Andrew Drym era el joven pelirrojo que había encontrado la Joya Misteriosa. Era un día lluvioso y él regresaba a casa. Cuidó de la joya y, al morir, se le dio una recompensa. El Mundo Real lucía tan diferente para él. Su familia no era tan unida como antes. Nació bajo el nombre de Andrei Warton, hijo de Elysia Lemon y Alexei Warton. Al año, Elysia tuvo una hija llamada Imelda. La relación con su hermana era normal al llevarse poco tiempo de diferencia, hasta que comenzaron los problemas. Alexei se fue de la casa, diciendo que Elysia estaba loca por creer en cosas de la magia. No había pruebas que ella pudiera mostrar, pero seguía firme en sus investigaciones. Aceptó la separación y tuvo que criar a sus dos hijos como pudo. La actitud de Imelda cambió y ya no se llevó bien con su hermano. Andrei comenzó a ser rebelde en la escuela primaria. A consecuencia de esto, su madre lo internó en el Colegio Área Sur.
—¿Por qué tengo que ir a otra escuela?
—Porque eres malo —respondió su madre—. Tu abuela me recomendó este colegio, así que… espero que seas tan inteligente como ella.
Era duro separarse de su madre a los 7 años. Separarse de su padre primero y luego de su familia. Se sintió solo. Lo único que le quedaba era adaptarse a esa escuela de genios. Su abuela era la científica Tania, se esperaba mucho de él. Leyó infinidad de libros y se enfocó en aprender, tuvo que sobresalir de una manera sorprendente. Andrew Drym no estaba acostumbrado a este tipo de vida. Lo que era puro se fue manchando poco a poco. Desarrolló una personalidad completamente opuesta.
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Andrea y Hansey conversaban en la sala.
—¿Volviste a salir con Jacob? —preguntó Hansey, sorprendida— ¡Pero te dobla la edad!
—¡Shh! No lo digas tan fuerte —se quejó ella—. Ya sabes que eso no me importa y… soy mayor de edad. Te confieso que él me gustaba desde que tenía 15, pero no quería que lo encerraran.
—Y… ¿Qué hay de Johnny? ¿No lo volviste a ver?
—Salimos una vez, fue complicado. Él era muy lindo y todo… simplemente no hubo química.
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Editado: 16.08.2026