El Rey de la Magia

23. Recuerdos

Arthur mostró una sonrisa maliciosa al encontrarse con Arturo y Johann. Sabía lo que hacían las Armas Anti-Magia, pero no le daba miedo enfrentar a dos inexpertos.

—¿Creyeron que entrarían al castillo sin ser detectados?

—Te diste cuenta… ¡maldición! —murmuró Arturo, recordando la ayuda de Chelsea, ella podría correr peligro.

—Lo que no entiendo es cómo llegaron aquí —siguió hablando—. Hubo un momento en que perdí el rastro y luego aparecieron aquí como por arte de magia.

Arturo y Johann se miraron, era curioso ver que no mencionaba a Chelsea.

—No sé quién les esté ayudando con hechizos ocultos, pero veo que no está presente, así que… ¡prepárense para acompañar a los prisioneros!

Arthur concentró su magia para atacarlos. Los jóvenes dispararon con sus armas, pero fue inútil. Él ya sabía que harían eso y desapareció rápidamente. Los atacó por la espalda, golpeándolos con magia y haciendo que soltaran las armas al caer. Fue fácil ganarles, ni siquiera tenían un plan como equipo.

—La Reina Ámbar dio la orden de hacer lo que queramos con los que se oponen, eso me da la autorización de acabarlos.

—¡No! ¡No lo hagas! —gritó Melissa, mirando la escena.

Arthur sonrió una vez más mientras sostenía a Arturo y Johann con cuerdas oscuras. Preparó uno de sus hechizos oscuros para darles el golpe final. Era imposible defenderlos desde esas celdas, Melissa y Emilly tenían mucho miedo.

+++

Un hechizo golpeó a Arthur, desconcentrándolo de su ataque. No podía creer que alguien lo sorprendiera de ese modo. Arturo y Johann se pusieron de pie, liberándose de esas cuerdas oscuras.

—¡Te dije que podíamos trabajar como equipo! —habló Yim, quien había liberado a los jóvenes.

Tom sonrió, quedando detrás de Arthur.

—¿Cómo se atreven a intervenir? ¡Van a pagar los dos!

—No lo creo.

Tom usó su magia para seguir atacándolo. Yim se unió a la batalla, ya tenía poderes mágicos. Entre los dos, golpearon a Arthur. De por si era complicado defenderse de una magia tan pura y, con el doble de ataques, cayó inmediatamente.

—¡Maldición! ¿De dónde salieron ustedes?

Yim y Tom chocaron sus manos ante el triunfo. Arthur no los conocía, por lo que prefirió huir a enfrentarlos sin saber nada de ellos. Usó un hechizo para desaparecer.

—¿Están bien? —preguntó Tom a las chicas.

—Sí… pero… a él no lo había visto antes —Melissa estaba asombrada.

—Es Yim, mi mejor amigo.

—¡Mucho gusto!

Las chicas saludaron. Johann y Arturo se acercaron.

—¿Pueden sacarlas de aquí? Veo que los dos son fuertes.

—Lo intentaremos.

Usaron su magia para tratar de romper las rejas, pero fue inútil. Lo único que consiguieron fue llamar a alguien.

—¿Qué demonios están haciendo?

Quedaron pasmados al ver a la misma Reina Ámbar en las profundidades de las cárceles. Había sentido esa magia nueva, esa magia que alguna vez fue suya. Sin embargo, Yim no era el joven que esperaba ver.

—¿Dónde está él?

Estaban confundidos. En ese momento, Rudy apareció en medio de la oscuridad.

—Aquí estoy, Ámbar. No te desquites con ellos.

—¡Vaya! Cediste tus poderes y vienes a enfrentarme, ¡qué valiente!

—Solo quiero disculparme por todo el daño que te causé.

—¿Crees que una simple disculpa lo va a arreglar todo?

—Haré el intento.

La Reina Ámbar mostró una sonrisa de burla. Era increíble que Rudy tuviera el valor de estar dando la cara. Recordó que Melissa era su hermana.

—Por cierto, Melissa… ¿sabes quién es él?

La chica miró al joven que estaba frente a la celda. Le pareció familiar, pero era incapaz de reconocerlo al verlo con la edad de 20 años. Ella tenía 16 y su hermano menor, 8.

—Es Rudy, viniendo desde otro punto del tiempo.

—¿Qué? ¿En serio? —lo observó detenidamente, no lo podía creer. Arturo estaba igual de sorprendido.

—Rudy, ¿Por qué no le platicas a la Reina de la Magia lo que hiciste?

El joven miró a su hermana. Debía hacerlo, finalmente hablaría sobre lo que le hizo a la Reina Ámbar.

+++

Jacob salió del área de producción de armas, se veía preocupado. Andrea y Hansey se encontraron con él al regresar a la sala de espera.

—¿Sucede algo? —preguntó Andrea, al notarlo serio.

—Tenía 50 armas y hay 48. Faltan 2. De casualidad, ¿alguien de ustedes las tomó?

Andrea y Hansey se miraron, era imposible. Fueron a donde estaban los demás.

—¿Cómo va la producción de armas? —preguntó Andrei, al verlo acercarse.

—Bien, llevo 50… no, alguien tomó 2 armas. Creo que deberían esperar a que tengamos más para atacar.




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