Escena: Aeropuerto de Londres. Cinco días después..
El Comandante Rix, inconsciente y neutralizado, fue entregado a las autoridades internacionales por Alistair, con una historia de encubrimiento cuidadosamente orquestada que citaba un colapso de infraestructura en Tintagel. Los mercenarios restantes del Consorcio de los Mil Años fueron capturados o dispersados. El Consorcio, por fin, estaba fuera de combate.
Ethan, Zara, Alistair y Elías estaban listos para separarse. La Armadura de Arturo había sido cuidadosamente sellada por Alistair y Elias en una bóveda secreta, protegida de la tecnología moderna, esperando el día en que la humanidad volviera a necesitar un "Rey Durmiente".
[La Decisión de los Guardianes]
Zara y Ethan estaban en la pista de aterrizaje, junto a un jet privado. Ethan sostenía una maleta que contenía las dos reliquias finales: la Daga de Merlín y el Cáliz de Merlín (ahora, el Corazón de Arturo).
—Tenemos el conocimiento y la llave, pero no el poder para corromperlo. Merlín quería que alguien protegiera la tecnología olvidada —dijo Zara, mirando a Ethan.
—La batalla contra el Consorcio demostró que siempre habrá fuerzas que buscarán el poder absoluto —respondió Ethan—. Si destruimos las reliquias, el conocimiento permanece, y alguien más construirá la próxima.
La decisión fue tomada: no podían retirarse. El mundo necesitaba guardianes discretos para la tecnología de Merlín.
—Aztlán es el principio y el fin de la saga —dijo Ethan—. Regresaremos a donde comenzó el pergamino. Allí, sellaremos el conocimiento y nos convertiremos en lo que Merlín nos diseñó para ser.
[El Destino de Merlín y Arturo]
Alistair, con la sabiduría de un druida moderno, sonrió. —La Armadura duerme, pero su fuerza reside en ustedes. Siempre los supe, Portadores. Mi tarea ha terminado. Ahora me dedicaré a reconstruir los archivos de Camelot para las generaciones futuras, asegurando que la verdad de Merlín sea un cuento, no un arma.
Elias se despidió. —Mi vida está en Uruk, reconstruyendo mi templo y limpiando la corrupción. Ustedes son la verdadera leyenda, Profesores.
Ethan y Zara abordaron el avión. Su destino final era la ubicación secreta de la Biblioteca de Aztlán, el lugar donde comenzó la búsqueda del pergamino que inició toda la aventura.
—Nuestro trabajo no es ser héroes, sino ser los Guardianes de la Leyenda —dijo Zara, tomando la mano de Ethan—. Protegeremos el mundo, no con espadas, sino con conocimiento y discreción.
[El Sello Final]
El jet despegó sobre el vasto océano. La pareja miró hacia el horizonte.
La Saga de La Última Reliquia de Aztlán llegaba a su fin no con una coronación, sino con el inicio de una nueva vida de servicio secreto. Ethan Hayes y Zara Khan, los eruditos que se convirtieron en guardianes, se dirigían al lugar donde el conocimiento de Merlín y el mito de Aztlán se encontrarían para ser guardados para siempre.
El misterio había terminado, pero la vigilancia de los Guardianes de la Leyenda apenas comenzaba.
FIN DE LA SAGA.
Editado: 15.12.2025