El Rey Oscuro De La Sabana

El Ascenso de los Mapogo

CAPÍTULO 4

El poder no se obtiene.

Se conquista.

Y en la sabana, la conquista siempre tiene un precio.

Los seis hermanos lo sabían.

Habían crecido observando cómo los grandes reyes caían y eran reemplazados por otros más jóvenes y fuertes. Habían visto territorios cambiar de dueño, coaliciones desaparecer y dinastías enteras convertirse en polvo bajo el paso del tiempo.

Ahora les había llegado su turno.

Los Mapogo estaban listos.

Y la sabana pronto lo descubriría.

La estación seca había comenzado.

Los ríos se reducían lentamente y los animales se concentraban alrededor de las pocas fuentes de agua que quedaban.

Era una época difícil.

Pero también era la mejor oportunidad para expandirse.

Los seis hermanos recorrían grandes distancias cada día.

Observaban.

Aprendían.

Esperaban.

Y finalmente encontraron su oportunidad.

Al norte de sus dominios se extendía el territorio de dos viejos leones.

Durante años habían gobernado aquella región.

Pero el tiempo no perdona a nadie.

Sus cuerpos mostraban cicatrices antiguas.

Sus movimientos eran más lentos.

Su fuerza disminuía.

Los Mapogo lo sabían.

Y decidieron actuar.

La confrontación ocurrió al amanecer.

El cielo apenas comenzaba a iluminarse cuando los seis hermanos cruzaron la frontera del territorio rival.

Los viejos machos detectaron inmediatamente la invasión.

Sus rugidos resonaron sobre las llanuras.

Una advertencia.

Un desafío.

Una última demostración de orgullo.

Pero los Mapogo siguieron avanzando.

Sin detenerse.

Sin dudar.

Mister T encabezaba la marcha.

Sus ojos permanecían fijos en los rivales.

Los dos viejos leones comprendieron la realidad de la situación.

Estaban superados.

Aun así, eligieron luchar.

Porque un rey puede perder su reino.

Pero nunca debe abandonar su honor.

La batalla fue brutal.

El choque de los rugidos hizo temblar el aire.

Las garras desgarraron piel.

Los colmillos encontraron carne.

El polvo cubrió el campo de batalla.

Los viejos leones lucharon con una valentía admirable.

Pero la diferencia era demasiado grande.

Eran dos.

Los Mapogo eran seis.

Cuando finalmente terminó el combate, los antiguos gobernantes huyeron hacia el horizonte.

Heridos.

Derrotados.

Pero vivos.

Los hermanos observaron cómo desaparecían.

Y entonces rugieron.

Un rugido tan poderoso que recorrió kilómetros de distancia.

Un rugido que anunciaba el nacimiento de una nueva era.

Las noticias viajaron rápidamente.

Las cebras fueron las primeras en hablar.

Luego los impalas.

Después los búfalos.

Y finalmente las hienas.

Todos repetían la misma historia.

Una nueva coalición había tomado el control.

Una coalición enorme.

Una coalición invencible.

Una coalición llamada Mapogo.

Pronto el miedo comenzó a extenderse.

Los territorios vecinos se prepararon.

Los leones rivales fortalecieron sus fronteras.

Los viejos líderes se reunieron para discutir la amenaza.

Pero en el fondo todos sabían la verdad.

Los Mapogo eran diferentes.

Nunca antes habían visto algo semejante.

El nuevo territorio trajo abundancia.

Las manadas eran numerosas.

El agua era abundante.

La caza resultaba más sencilla.

Los hermanos prosperaban.

Y con cada victoria, su confianza aumentaba.

Especialmente la de Mister T.

Había algo en el poder que lo atraía.

Algo que despertaba una sensación difícil de describir.

Cada nuevo territorio conquistado parecía alimentar una parte de él.

Una parte que crecía lentamente.

Silenciosamente.

Como una llama oculta.

Sin embargo, mientras su influencia aumentaba, comenzaron a ocurrir cosas extrañas.

Al principio fueron pequeños detalles.

Sombras que desaparecían cuando intentaba observarlas.

Susurros transportados por el viento.

Sensaciones de ser observado.

Nada demasiado alarmante.

Nada que no pudiera ignorar.

Pero cada vez ocurría con más frecuencia.

Y cada vez resultaba más difícil explicarlo.

Una tarde, mientras patrullaba solo cerca de una zona rocosa, Mister T vio algo que hizo que se detuviera.

Sobre una gran piedra aparecía grabado el mismo símbolo que había encontrado en el Valle de las Sombras.

Exactamente el mismo.

Retrocedió lentamente.

Era imposible.

Aquella roca se encontraba a varios kilómetros del valle.

¿Cómo podía estar allí?

Se acercó con cautela.

Examinó el grabado.

Parecía antiguo.

Muy antiguo.

Como si hubiera permanecido oculto durante años.

Pero lo más inquietante era otra cosa.

El símbolo parecía reciente.

Como si alguien lo hubiera limpiado.

Como si quisiera que fuera encontrado.

Esa noche, Mister T tuvo un sueño.

O al menos creyó que era un sueño.

Se encontraba nuevamente en el Valle de las Sombras.

La niebla cubría el suelo.

Las rocas negras se alzaban hacia el cielo.

Y la enorme figura oscura permanecía frente a él.

Sus ojos brillaban con intensidad.

—El reino crece —dijo la voz.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó Mister T.

La criatura permaneció inmóvil.

—Prepararte.

—¿Para qué?

Durante unos segundos solo hubo silencio.

Entonces la voz respondió.

—Para lo que está por venir.

Mister T intentó acercarse.

Pero la figura comenzó a desvanecerse.

La niebla giró violentamente.

Los símbolos aparecieron sobre las rocas.

Y una palabra resonó en la oscuridad.

Una única palabra.



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En el texto hay: aventuras y terror

Editado: 06.06.2026

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