El Rey Oscuro De La Sabana

La Traición

CAPÍTULO 6

Después de aquella noche en el Valle de las Sombras, nada volvió a ser igual para Makulu.

Aunque continuaba patrullando junto a sus hermanos y participando en las actividades de la coalición, una parte de él permanecía atrapada en aquel lugar cubierto de niebla.

No podía olvidar los ojos de la criatura.

No podía olvidar aquella voz.

Y, sobre todo, no podía olvidar la forma en que Mister T había permanecido frente a ella sin mostrar el menor signo de miedo.

Era como si la conociera.

Como si hubiera estado esperando aquel encuentro.

Los días se convirtieron en semanas.

Y las dudas de Makulu siguieron creciendo.

Comenzó a observar a su hermano con atención.

Cada movimiento.

Cada ausencia.

Cada mirada perdida hacia el horizonte.

Pronto descubrió algo inquietante.

Mister T desaparecía regularmente durante la noche.

Siempre solo.

Siempre en dirección al oeste.

Siempre hacia el Valle de las Sombras.

Makulu decidió no contar nada a los demás.

Necesitaba pruebas.

Necesitaba respuestas.

Y estaba decidido a encontrarlas.

Mientras tanto, los Mapogo continuaban expandiendo su dominio.

Su poder alcanzaba niveles jamás vistos.

Los territorios conquistados se multiplicaban.

Los rivales evitaban enfrentarlos.

Y el nombre de la coalición era conocido en toda la región.

Pero el éxito traía nuevos problemas.

La ambición comenzaba a crecer.

No solo en Mister T.

También en algunos de sus hermanos.

Las decisiones importantes generaban discusiones.

Los desacuerdos eran cada vez más frecuentes.

Por primera vez desde que eran cachorros, la unidad de los Mapogo comenzaba a mostrar grietas.

Y Mister T parecía cada vez menos dispuesto a escuchar opiniones distintas a la suya.

Una tarde, durante una patrulla cerca del río, Makulu decidió enfrentarlo.

Los demás hermanos caminaban unos metros más adelante.

Era la oportunidad perfecta.

—Necesito hablar contigo —dijo.

Mister T continuó caminando.

—Habla.

—Sobre el Valle de las Sombras.

El silencio fue inmediato.

Mister T se detuvo.

Lentamente giró la cabeza.

Sus ojos se clavaron en Makulu.

Durante unos segundos ninguno habló.

Finalmente, Mister T respondió.

—No sé de qué hablas.

Makulu sintió un escalofrío.

Era una mentira.

Y ambos lo sabían.

—Te vi.

Los músculos de Mister T se tensaron.

—¿Qué viste?

—A la criatura.

El viento pareció detenerse.

Incluso los sonidos de la sabana desaparecieron.

Los dos hermanos permanecieron inmóviles.

Observándose.

Midiéndose.

Como si una batalla invisible estuviera comenzando.

—Debes olvidarlo —dijo finalmente Mister T.

—No puedo.

—Entonces deja de buscar respuestas.

—¿Por qué?

Los ojos de Mister T se endurecieron.

—Porque algunas respuestas solo traen sufrimiento.

Makulu dio un paso adelante.

—¿Quién es esa cosa?

Mister T no respondió.

—¿Qué quiere de ti?

Silencio.

—¿Qué está ocurriendo?

Mister T apartó la mirada.

Y aquella reacción fue suficiente.

Makulu comprendió que el secreto era mucho más grave de lo que había imaginado.

Aquella noche, mientras el resto de la coalición dormía, Makulu tomó una decisión.

Iba a regresar al Valle de las Sombras.

Pero esta vez llegaría hasta el final.

No importaba el riesgo.

No importaba lo que encontrara.

Necesitaba conocer la verdad.

Porque comenzaba a temer que el destino de los Mapogo dependiera de ello.

La luna apenas iluminaba el paisaje cuando inició el viaje.

El viento soplaba con fuerza.

Las nubes cubrían parcialmente las estrellas.

Todo parecía advertirle que regresara.

Pero Makulu siguió adelante.

Durante horas atravesó territorios desiertos.

Hasta que finalmente alcanzó el valle.

La niebla lo recibió como siempre.

Silenciosa.

Espesa.

Inquietante.

Pero esta vez algo era diferente.

Había huellas.

Muchas huellas.

Y no pertenecían a ningún animal conocido.

Makulu las siguió.

Lo llevaron hasta una parte del valle que nunca había visto.

Un lugar oculto entre enormes formaciones rocosas.

Allí descubrió algo imposible.

Una cueva.

Y sobre su entrada aparecían cientos de símbolos grabados en piedra.

Los mismos símbolos que había visto junto a Mister T.

Los mismos que aparecían por todo el territorio.

El corazón comenzó a latir con fuerza.

Algo importante se encontraba allí.

Podía sentirlo.

Reuniendo valor, entró.

La oscuridad era absoluta.

El aire estaba inmóvil.

Cada paso parecía resonar por toda la cueva.

Entonces llegó a una gran cámara subterránea.

Y lo que vio hizo que se detuviera.

Las paredes estaban cubiertas de antiguos dibujos.

Historias talladas en piedra.

Representaban generaciones de leones.

Reyes.

Guerreros.

Coaliciones.

Todos observados por la misma figura oscura.

La misma criatura.

Una y otra vez.

A lo largo de siglos.

Quizás milenios.

Makulu sintió que el miedo lo envolvía.

Aquello no era una simple leyenda.

Era algo mucho más antiguo.

Mucho más real.

Entonces vio el dibujo final.

Y el terror se apoderó de él.

Representaba a seis leones.

Seis hermanos.

Los Mapogo.

Y delante de ellos aparecía una figura con una melena oscura.

Una figura claramente reconocible.

Mister T.

Detrás de él se alzaba la criatura de sombras.

Como si estuviera guiándolo.



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En el texto hay: aventuras y terror

Editado: 06.06.2026

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