El riesgo de amarte

Capítulo 1

Amber

—No puede ser…

La maleta más grande vuelve a golpearse contra el escalón de la entrada y estoy a punto de caerme por tercera vez en menos de un minuto.

Perfecto.
Primer día en la universidad y ya parezco un desastre ambulante.

Suelto un suspiro mientras aparto un mechón de cabello de mi cara y observo todas mis cosas tiradas frente a la residencia femenina. Dos maletas enormes, una mediana, mi bolso y una caja llena de cosas que mi madre juró que “iba a necesitar”.

Claramente exageró.

Intento subir otra maleta, pero la rueda se traba.

—¿Te estás mudando o planeas vivir aquí el resto de tu vida?

Levanto la cabeza al escuchar la voz divertida.

El chico de recepción me mira intentando contener la risa detrás del mostrador. Tiene gafas, cabello oscuro y una sonrisa bastante amable.

No puedo evitar reírme también.

—Créeme, yo tampoco pensé traer media casa.

Él suelta una carcajada mientras toma una carpeta.

—Nombre.

—Amber Collins.

Busca unos segundos y luego asiente.

—Habitación 214. Segundo piso.

Dejo caer la cabeza hacia atrás dramáticamente.

—¿Segundo piso? Creo que voy a morir antes de llegar.

—Bueno, al menos morirás organizada.

Me río otra vez y apoyo los brazos sobre el mostrador intentando recuperar el aire.

Y entonces lo noto.

Está unos metros más atrás, apoyado contra la pared como si no tuviera ninguna preocupación en la vida.

Rubio.
Ojos verdes.
Ridículamente atractivo.

Tiene una sudadera negra y las manos en los bolsillos mientras observa la escena con una expresión divertida.

Genial.
Definitivamente vio todo.

Por un segundo nuestras miradas se cruzan.

Y odio el pequeño vuelco que siento en el estómago.

Él inclina apenas la cabeza, todavía mirándome.

—¿Necesitas ayuda o piensas seguir perdiendo la batalla contra las maletas?

Intento mantener la compostura mientras cruzo los brazos.

—Lo tenía bajo control… más o menos.

Una sonrisa aparece lentamente en sus labios.

Y debería ser ilegal que alguien sonría así.

El chico se separa de la pared y camina hacia mí con una tranquilidad desesperante.

—Para tu suerte, voy hacia tu habitación.

Parpadeo confundida.

—¿Qué?

Él toma una de mis maletas grandes como si no pesara absolutamente nada.

—Mi hermana es tu compañera de cuarto. Tengo que llevarle unas cosas.

Lo observo unos segundos, todavía procesando la información.

—Ah… bueno. Entonces supongo que el universo decidió salvarme de morir aplastada por mi equipaje.

Él suelta una risa baja.

—Algo así.

El chico de recepción me mira con diversión.

—Definitivamente tuviste suerte.

—Lo sé —murmuro mientras acomodo mi bolso en el hombro.

—¿Vienes o vas a quedarte abajo admirando el paisaje?

Abro la boca, indignada.

—Eres muy gracioso para alguien que literalmente acaba de conocerme.

—Y tú trajiste demasiadas maletas para alguien que solo viene a estudiar.

Lo sigo escaleras arriba intentando ignorar la manera en que se le marcan los brazos bajo la sudadera.

No funciona.

Cuando llegamos al segundo piso, ya estoy un poco agitada mientras él sigue caminando como si nada.

Odio eso.

Se detiene frente a la puerta 214 y la abre sin esfuerzo.

La habitación está medio organizada. Hay ropa sobre una cama, varias fotos pegadas en la pared y una maleta abierta en el suelo.

—Sophia todavía no termina de desempacar —dice dejando mis cosas a un lado.

Asiento lentamente mientras observo el lugar que ahora será mi habitación.

Mi nueva vida.

La idea debería asustarme más de lo que lo hace.

Él deja la última maleta en el piso y luego se gira hacia mí.

—Soy Alexander, por cierto.

Alexander.

Claro que se llama Alexander. Tiene cara de llamarse Alexander.

Intento no pensar demasiado en eso.

—Amber.

Él repite mi nombre como si lo estuviera probando.

—Amber.

Y por alguna razón, escucharlo decirlo provoca algo extraño en mi pecho.

Alexander mete las manos en los bolsillos mientras me observa recorrer la habitación con la mirada.

—Así que… nueva en la ciudad.

No es una pregunta.
Aun así asiento.

—Se nota mucho, ¿verdad?

—Un poco. La gente de aquí normalmente no llega con cinco maletas.

Le lanzo una mirada.

—Eran cuatro.

—Había una caja sospechosa.

Suelto una risa pequeña y me dejo caer sobre la cama vacía.

—Mi mamá empacó la mitad de esas cosas. Cree que voy a morir de hambre si no tengo tres tipos diferentes de té.

—Las mamás tienen talento para exagerar.

—¿La tuya también?

Él apoya el hombro contra la pared.

—La mía cree que puedo sobrevivir solo a base de pizza.

—Bueno… no está tan equivocada.

Alexander sonríe apenas y, por primera vez desde que lo veo, parece más relajado.

Hay algo extraño en él.
Algo tranquilo. Seguro.

Como si estuviera demasiado acostumbrado a que todos lo miren.

—¿Y qué estudias? —pregunta.

—Literatura.

Levanta una ceja.

—No lo esperaba.

—¿Eso es bueno o malo?

—No lo sé todavía.

Ruedo los ojos divertida.

—¿Y tú?

—Arquitectura.

Eso sí tiene sentido.

Totalmente.

—Déjame adivinar —digo cruzándome de brazos—. Eres el típico chico insoportablemente inteligente que lo sabe todo.

—No lo sé todo.

Hace una pausa.

—Solo la mayoría de cosas.

Me río antes de poder evitarlo.

Alexander me mira unos segundos más de la cuenta y siento calor en las mejillas, lo cual es ridículo porque literalmente acabo de conocerlo.

—¿Siempre coqueteas con las chicas que ayudas a subir maletas? —pregunto intentando sonar casual.

Su sonrisa se ensancha apenas.




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