Alexander
Esta rubia de ojos azules…
¿Qué carajos me hizo?
La observo reírse de algo que Noah dice mientras juega distraídamente con el borde de su vaso y siento esa extraña presión en el pecho otra vez.
Y no me gusta.
Para nada.
Porque normalmente esto no me pasa.
Normalmente conozco a una chica, coqueteo un poco, quizá me acuesto con ella y después sigo con mi vida sin pensar demasiado en nada.
Sin complicaciones.
Sin sentimientos.
Sin dramas innecesarios.
Me funciona perfectamente.
O al menos así era antes de Amber Collins.
Porque ahora no puedo dejar de mirarla.
Y eso es un problema.
—Hermano, estás siendo rarísimo —murmura Noah inclinándose hacia mí.
Le lanzo una mirada seca.
—Cállate.
Él sonríe ampliamente.
—Oh, Dios mío. Te gusta.
Sophia levanta la cabeza enseguida.
—¡LO SABÍA!
Amber me mira confundida desde el otro lado de la mesa mientras los dos idiotas empiezan a reírse.
Perfecto.
—Voy a matarlos a ambos —digo tomando otra porción de pizza.
—Alex está enamoradoooo —canta Sophia.
—Sophia.
—Ok, ok, ya paro.
No para.
Sigue sonriendo como si acabara de descubrir el secreto del universo.
Amber baja la mirada intentando ocultar una sonrisa y eso solo empeora las cosas.
Porque se ve linda.
Ridículamente linda.
Y honestamente no entiendo cómo alguien puede verse así incluso comiendo pizza a las diez de la noche.
Noah me golpea el hombro.
—Hermano, literalmente llevas mirándola toda la noche.
—Porque ustedes no dejan de hablar.
—Claro.
Ruedo los ojos y vuelvo a mirar a Amber justo cuando ella levanta la cabeza.
Otra vez esa mirada.
Otra vez esa sensación rara en el pecho.
Maldita sea.
Ella aparta un mechón rubio detrás de su oreja y me doy cuenta de algo peligroso:
Quiero seguir descubriendo cosas sobre ella.
Qué música escucha.
Qué la hace reír.
Qué piensa cuando se queda callada de repente.
Y eso definitivamente no es normal en mí.
Porque Amber no se siente como una chica pasajera.
Se siente como alguien que podría desordenarme la vida completa si la dejo acercarse demasiado.
El celular de Amber vibra sobre la mesa.
Ella mira la pantalla y su expresión cambia inmediatamente.
—Oh, Dios…
Sophia deja su vaso a un lado.
—¿Tu novio?
Amber hace una pequeña mueca.
—Exnovio.
No sé por qué esa sola palabra hace que algo dentro de mí se relaje.
Probablemente debería preocuparme eso.
Noah toma otra porción de pizza.
—¿El ex tóxico o el ex muy tóxico?
Amber suelta una risa pequeña, aunque no parece realmente divertida.
—Supongo que el segundo.
Ella bloquea el celular sin responder y por un momento se queda mirando la mesa.
Sophia baja un poco la voz.
—No tienes que hablar de eso si no quieres.
Amber suspira lentamente.
—No, está bien.
Se acomoda un poco en el asiento antes de hablar otra vez.
—Estuvimos juntos tres años.
Tres años.
No sé por qué odio escuchar eso.
—Pensé que todo iba bien —continúa ella—. O sea… literalmente planeábamos nuestro futuro y todo eso.
Hay algo triste en la forma en que sonríe apenas.
Y me dan ganas de romperle la cara al tipo sin siquiera conocerlo.
—Pero supongo que yo era la única que realmente estaba involucrada.
Sophia frunce el ceño.
—¿Qué hizo?
Amber juega distraídamente con una servilleta entre sus dedos.
—Empezó a alejarse hace unos meses. Siempre estaba cansado, ocupado o estresado.
Hace una pausa pequeña.
—Y un día simplemente dijo que ya no quería estar conmigo.
Siento la mandíbula tensarse.
Ella intenta sonar tranquila, pero puedo notar perfectamente que todavía le duele.
—Dijo que la relación le generaba presión y que ya no quería seguir intentando.
Noah la mira como si acabara de escuchar la cosa más absurda del mundo.
—Ok, tu exnovio es un idiota.
Amber se ríe bajito.
—Sí, probablemente.
—No, no probablemente —dice Sophia enseguida—. Definitivamente.
Yo sigo callado.
Porque honestamente estoy demasiado ocupado imaginando distintas maneras de golpear a un desconocido.
Amber levanta la mirada y me encuentra observándola.
—¿Qué? —pregunta suavemente.
Me inclino apenas hacia adelante.
—Si alguien es tan estúpido como para perderte, entonces hizo un favor al resto del mundo.
El silencio dura dos segundos.
Después Noah empieza a golpear la mesa dramáticamente.
—OH, ESTE HOMBRE ESTÁ ENAMORADO.
—Ok, oficialmente ya no soportamos esta tensión romántica —dice Noah levantándose de la mesa.
Amber casi se ahoga con su bebida.
—¿Qué tensión romántica?
—La que literalmente está contaminando el aire —responde Sophia tomando su bolso.
Le lanzo una mirada asesina.
Ella sonríe inocentemente.
—Bueno, nosotros sí iremos a la fiesta.
Noah asiente enseguida.
—Y ustedes claramente necesitan… no sé, una cita o algo.
—No es una cita —digo automáticamente.
Amber me mira de reojo y juro que está conteniendo una sonrisa.
Traidora.
Sophia toma a Noah de la mano.
—Perfecto, entonces disfruten de su “no cita”.
Antes de que cualquiera de los dos pueda responder, salen prácticamente corriendo del restaurante.
Y nos dejan solos.
El silencio dura unos segundos.
Amber mira hacia la ventana.
—Tus amigos son intensos.
—No tienes idea.
Ella se ríe bajito y después me mira otra vez.
—Entonces… ¿de verdad prefieres mostrarme la ciudad antes que ir a una fiesta?
Me encojo de hombros intentando parecer tranquilo.
—Las fiestas están sobrevaloradas.
—¿Y Seattle no?