Sophia me ha invitado a un restaurante de alitas con temática de Fórmula 1 y, honestamente, todavía no entiendo cómo terminé aceptando.
Bueno.
Sí lo entiendo.
Alexander probablemente va a estar ahí.
Y odio un poco que esa sea razón suficiente para poner mi habitación patas arriba buscando qué ponerme.
—Necesitas relajarte —dice Sophia desde su cama mientras se maquilla frente al espejo pequeño que colgó ayer.
La miro sosteniendo dos tops distintos.
—No estoy nerviosa.
Ella literalmente se ríe en mi cara.
—Amber, llevas quince minutos preguntándome cuál jeans te hace mejor trasero.
—¡Porque todos se ven iguales!
—Exacto. Porque el problema no es la ropa.
Le lanzo uno de los tops y ella lo atrapa riéndose.
Me dejo caer dramáticamente sobre mi cama.
—No entiendo qué me pasa.
Sophia me mira por el espejo con una sonrisa peligrosa.
—Mi hermano te gusta.
—No.
—Amber.
—Ok, tal vez un poco.
Ella gira inmediatamente emocionada.
—¡LO SABÍA!
Me tapo la cara con una almohada.
—Pero es ridículo. Lo conozco desde hace como un día.
—Ajá, y aun así estás buscando outfit para unas alitas.
La odio porque tiene razón.
Termino poniéndome unos jeans negros ajustados, una camiseta blanca corta y una chaqueta de cuero que Sophia prácticamente me obliga a usar.
—Te ves demasiado linda —dice apenas me mira completa.
—¿Demasiado?
—Sí. Alex va a ponerse insoportable.
Intento ignorar el pequeño salto estúpido de mi corazón.
Mientras me arreglo el cabello frente al espejo, trato de convencerme de que esto no significa nada.
Solo me parece atractivo.
Muy atractivo.
Ridículamente atractivo.
Pero eso no significa que vaya a pasar algo.
¿Verdad?
Mi celular vibra sobre la cama antes de que pueda seguir pensando demasiado.
Alexander:
Sophia tarda más arreglándose que un piloto preparando un auto de F1.
No puedo evitar sonreír inmediatamente.
Yo:
Literalmente lleva lista hace veinte minutos. La culpable soy yo.
Los tres puntos aparecen enseguida.
Alexander:
Eso explica por qué sigo esperando abajo como un idiota.
Sophia prácticamente me arranca el celular de las manos.
—OH. Ya te escribe primero. Estamos avanzando rápido.
—Devuélvemelo.
Ella me entrega el teléfono todavía sonriendo.
—Amber… mi hermano nunca persigue a nadie.
Muerdo apenas mi labio intentando ocultar la sonrisa.
Y eso debería preocuparme mucho más de lo que lo hace.
Cuando Sophia y yo bajamos al estacionamiento, Noah ya está apoyado contra el auto hablando con Alexander.
Y, por supuesto, Alexander levanta la mirada exactamente en el momento en que aparezco.
Error.
Porque ahora vuelve a mirarme de esa manera que hace que me sienta demasiado consciente de mí misma.
Sophia me empuja apenas con el hombro.
—Respira.
—Cállate.
Noah sonríe apenas nos acercamos.
—Por fin. Llegué a pensar que iban a graduarse antes de terminar de arreglarse.
—La belleza toma tiempo —responde Sophia subiéndose al asiento trasero.
Alexander sigue mirándome unos segundos más antes de abrirme la puerta del copiloto otra vez.
Y sinceramente nadie debería ser tan atractivo y educado al mismo tiempo.
—Gracias —murmuro subiéndose al auto.
Él se inclina apenas hacia mí antes de cerrar la puerta.
—Te ves linda, por cierto.
Mi corazón literalmente tropieza consigo mismo.
Parpadeo un segundo demasiado lento.
—Gracias…
Alexander sonríe apenas, como si notara perfectamente el efecto que tiene en mí.
Y eso definitivamente debería molestarme más.
Durante el camino Noah y Sophia discuten sobre cuál piloto de Fórmula 1 es mejor mientras yo intento ignorar la manera en que Alexander mueve una mano sobre el volante.
Ridículo.
Completamente ridículo.
Cuando llegamos al restaurante, entiendo inmediatamente lo de la temática de F1.
Hay cascos firmados en las paredes, pantallas pasando carreras y luces de neón por todo el lugar.
—Ok… esto es bastante genial —admito bajando del auto.
—Te dije —dice Noah orgulloso como si fuera dueño del lugar.
Apenas entramos, Sophia suelta un pequeño grito emocionado.
—¡ETHAN!
Un chico alto de cabello oscuro gira desde una mesa cercana y sonríe apenas la ve.
Sophia corre a abrazarlo mientras nosotros nos acercamos detrás.
—¿Dónde estabas muerto? —pregunta ella.
—Intentando sobrevivir a ingeniería.
Entonces Ethan me mira.
Y noto inmediatamente la forma en que cambia su expresión.
Ah.
—Hola —dice sonriendo—. Tú debes ser la famosa Amber.
Frunzo un poco el ceño.
—¿Famosa?
Sophia abre mucho los ojos.
—Ok, quizá hablamos demasiado de ti.
—Muchísimo —corrige Noah.
Ethan me extiende la mano todavía sonriendo.
—Ethan Walker.
—Amber.
—Lindo nombre.
Antes de que pueda responder, siento la presencia de Alexander literalmente al lado mío.
—Walker —dice con tono tranquilo—. ¿No estabas sentado con tus amigos?
Ethan lo mira divertido.
—Relájate, Hayes. Solo estoy siendo amable.
Alexander sonríe apenas.
Pero no parece precisamente una sonrisa amistosa.
Ethan vuelve a mirarme.
—Aunque si quieres, podrías sentarte conmigo después.
Le sonrío educadamente.
—Estoy bien aquí, gracias.
Y no sé por qué noto inmediatamente la manera en que la mandíbula de Alexander se relaja apenas un poco.
Nos sentamos en una mesa cerca de una de las pantallas gigantes donde están pasando una carrera antigua de Fórmula 1.
Sophia y Noah quedan frente a nosotros.
Yo junto a Alexander.
Y, honestamente, puedo sentir que algo cambió en él desde lo de Ethan.