El riesgo de amarte

Capítulo 4

—¿Qué mierda le dijiste?

Valeria ni siquiera se inmuta cuando la alcanzo cerca de las máquinas de bebidas.

Solo cruza los brazos y sonríe como si estuviera disfrutando esto demasiado.

—Wow. Buenas noches para ti también.

—Te estoy hablando en serio.

Ella mira por encima de mi hombro hacia las gradas vacías.

Y ahí es cuando noto algo.

Amber no está.

Maldición.

Vuelvo inmediatamente la mirada hacia Valeria.

—¿Qué le dijiste?

Valeria suspira exageradamente.

—La verdad.

Aprieto la mandíbula.

—¿Qué verdad?

Ella inclina apenas la cabeza.

—Que te quieres acostar con ella, tonto. O dime que no es verdad.

Y ahí está el problema.

No respondo.

Porque cuando vi a Amber por primera vez peleando con esas malditas maletas… sí.

Claro que quería acostarme con ella.

Era hermosa.
Divertida.
Y diferente de cualquier chica que conociera normalmente.

Así que sí.

Al principio eso era todo.

Pero ahora…

Ahora no puedo dejar de pensar en ella.

Ahora me importa demasiado si sonríe o si está molesta.
Me importa demasiado quién la mira.
Me importa demasiado que se haya ido sin decirme nada.

Y honestamente eso me asusta un poco.

Valeria me observa en silencio unos segundos.

—Exacto —dice finalmente—. No respondes porque sabes que tengo razón.

Paso una mano frustrada por mi cabello.

—No entiendes nada.

Ella suelta una pequeña risa.

—Alex, te conozco hace años. Siempre haces lo mismo.

Tal vez.

Pero esto no se siente igual.

Ni cerca.

Porque normalmente no me importa si una chica desaparece de una fiesta.

No me importa correr detrás de ella.

No me importa la idea de haberla lastimado.

Y ahora mismo…

Ahora mismo lo único que quiero es ir a buscar a Amber.

—Que lo haya hecho contigo no significa que lo haga con ella.

Valeria deja de sonreír apenas digo eso.

Y sinceramente no me importa.

Porque ya estoy harto de esta conversación.

Harto de perder tiempo mientras Amber probablemente piensa cualquier mierda sobre mí.

Valeria se cruza de brazos.

—¿Y qué exactamente cambia con ella?

Buena pregunta.

La miro unos segundos.

—No lo sé todavía.

Y eso es lo más honesto que he dicho en mucho tiempo.

Me doy media vuelta antes de que pueda seguir hablando y camino directo hacia el estacionamiento.

Necesito ver a Amber.

Necesito explicarle que Valeria no significa nada.

Que sí, quizá antes solo quería algo físico… pero ahora mismo ya no sé qué carajos quiero exactamente.

Solo sé que quiero seguir viéndola.

Quiero seguir escuchándola reírse.
Quiero seguir molestándola sobre sus libros.
Quiero besarla.

Maldición.

Subo al auto y conduzco hacia la residencia femenina probablemente más rápido de lo permitido.

Cuando llego, estaciono mal, cierro la puerta de golpe y entro al edificio todavía con la adrenalina recorriéndome el cuerpo.

La recepcionista apenas me mira.

—No puedes subir.

—Necesito hablar con Amber Collins.

—Igual no puedes subir.

Aprieto la mandíbula.

—Solo serán cinco minutos.

Ella ni siquiera parece impresionada.

—Residencia femenina. No se permiten hombres arriba.

Perfecto.

Paso ambas manos por mi rostro intentando mantener la calma.

—Entonces llámala.

La chica teclea algo en el computador.

—No responde.

Maldición.

Saco mi celular inmediatamente y le escribo otra vez.

Yo:
Amber, abre la puerta.

Nada.

La llamo.

Directo a buzón.

Eso solo empeora mi frustración.

La recepcionista me mira aburrida.

—Si sigues caminando así en círculos voy a marearme.

La ignoro completamente.

Porque por primera vez en mucho tiempo…

No tengo idea de cómo arreglar algo.

Vuelvo a llamar a Amber.

Otra vez.

Y otra.

Directo a buzón.

Perfecto.

Estoy a dos segundos de perder completamente la cabeza cuando Noah finalmente contesta mi llamada.

—¿Qué hiciste ahora? —pregunta apenas responde.

—Valeria habló con Amber.

Silencio.

—…Mierda.

Paso una mano por mi cabello frustrado mientras sigo caminando frente a la recepción.

—Sí, mierda.

Noah suspira del otro lado.

—¿Qué le dijo?

—La verdad probablemente. Que no soy precisamente material para novio.

—Bueno… duro, pero justo.

—Noah.

—Ok, ok. Continúa.

Me apoyo contra la pared cerrando los ojos un segundo.

—Amber desapareció de la cancha y ahora no me responde.

Escucho voces al fondo y después la voz de Sophia.

—¡Dame el celular!

Unos segundos después ella habla casi gritándome.

—¿Qué pasó con Amber?

—Eso intento averiguar.

—No está en la habitación.

Frunzo el ceño inmediatamente.

—¿Qué?

—Fui a buscarla hace diez minutos y no abre la puerta.

Eso hace que mi estómago se tense.

—¿No está ahí?

—Noah la llamó también y nada.

Maldición.

Miro hacia la puerta de entrada de la residencia como si Amber fuera a aparecer mágicamente.

—¿Crees que salió otra vez? —pregunta Sophia ahora claramente preocupada.

No respondo enseguida.

Porque honestamente no tengo idea.

Y odio esta sensación.

Noah vuelve a tomar el teléfono.

—Hermano, relájate un segundo. Seguro solo está molesta.

—Sí, no me digas.

—Le gustas mucho, Alex. Obviamente eso la afectó.

Eso debería hacerme sentir mejor.

No lo hace.

Porque si Amber realmente piensa que solo quiero acostarme con ella…

Entonces probablemente ya arruiné esto antes siquiera de empezar algo.

Estoy a punto de volver a llamarla cuando la puerta principal de la residencia se abre.




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