El riesgo de amarte

Capítulo 5

Lo primero que noto al despertar es el calor.

Lo segundo… es Alexander.

Estoy acostada de lado, demasiado cerca de él, con una de sus manos rodeando suavemente mi cintura mientras dormimos en su cama.

Y por un segundo me quedo completamente quieta.

Observándolo.

La luz suave de la mañana entra por las ventanas del apartamento iluminando apenas su rostro. Su cabello rubio está un poco desordenado y se ve muchísimo más tranquilo dormido.

Más suave.

Mi corazón hace esa cosa ridícula otra vez.

Anoche terminamos viendo una película que honestamente ninguno prestó atención después de besarnos como adolescentes hormonalmente inestables durante casi una hora.

Y ahora estoy aquí.

Despertando al lado de Alexander Hayes.

Como si esto fuera algo normal.

Intento moverme un poco sin despertarlo, pero apenas lo hago él frunce ligeramente el ceño y aprieta más su brazo alrededor de mí.

—No te vayas —murmura todavía dormido.

Mi corazón literalmente se derrite.

—No me estoy yendo —susurro divertida.

Alexander abre los ojos lentamente.

Y lo primero que hace es mirarme.

Directamente a mí.

Como si necesitara asegurarse de que sigo aquí.

Después una pequeña sonrisa aparece en sus labios.

—Hola.

—Hola.

Su voz ronca por el sueño debería ser ilegal.

Nos quedamos así unos segundos.

Solo mirándonos.

Y es extraño lo cómodo que se siente.

Alexander levanta una mano lentamente y aparta un mechón de cabello de mi cara.

Después se inclina apenas y besa mi frente suavemente.

Tan suave que mi pecho duele un poquito.

—Dormiste aquí de verdad —dice todavía medio dormido.

Me río bajito.

—Eso suele pasar cuando invitas a alguien a quedarse.

Él sonríe apenas sin apartar la mirada de mí.

Y honestamente… nunca nadie me había mirado así.

Como si fuera algo importante.

Alexander acaricia distraídamente mi cintura sobre la tela de mi camiseta.

—Creo que me acostumbré demasiado rápido a despertar contigo.

Mi respiración se corta apenas.

Porque hay algo peligrosamente sincero en la forma en que lo dice.

Y eso me asusta un poquito.

Pero no de una mala manera.

Alexander sigue abrazándome unos minutos más hasta que mi estómago decide arruinar el momento completamente.

Porque suena.

Fuerte.

Cierro los ojos inmediatamente avergonzada.

Él empieza a reírse contra mi cabello.

—Bueno… alguien se está muriendo de hambre.

Le pego suavemente el brazo.

—Cállate.

Alexander sigue riéndose mientras toma su celular de la mesa de noche.

—¿Qué quieres desayunar?

Lo miro confundida.

—¿Qué?

—Voy a pedir comida.

Me acomodo un poco sentándome en la cama mientras él abre alguna aplicación.

Y honestamente verlo así —descalzo, despeinado y todavía medio dormido— debería ser ilegalmente atractivo.

—No tienes que pedir nada —digo.

Alexander levanta la mirada hacia mí.

—Amber, anoche casi llorabas de felicidad por unas papas fritas. Claramente sí tengo que pedir comida.

Abro la boca indignada.

—Eso jamás pasó.

—Pasó exactamente así.

Termino riéndome mientras él sigue mirando el celular.

—Ok, ¿pancakes o waffles?

—Pancakes.

—Buena respuesta.

—¿Y café?

Alexander hace una mueca dramática.

—Necesito café para sobrevivir.

—Entonces sí.

Él sigue agregando cosas a la orden.

—También voy a pedir fresas y huevos antes de que Sophia me acuse de alimentarte solo con basura.

Eso me hace sonreír inevitablemente.

—Tu hermana ya me quiere demasiado.

—Sí, eso pasa rápido contigo.

Mi corazón tropieza otra vez.

Alexander deja el celular a un lado después de terminar el pedido y vuelve a acercarse a mí en la cama.

—Treinta minutos —murmura antes de besarme otra vez.

Suave. Lento.

Como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Cuando se separa apenas, apoyo la frente contra la suya intentando controlar mi respiración.

—Definitivamente besas demasiado bien —susurro.

Él sonríe apenas.

—Y tú haces demasiado difícil dejar de hacerlo.

Estoy sentada en la cocina de Alexander usando una de sus sudaderas mientras esperamos el desayuno cuando mi celular empieza a sonar sobre la barra.

Sonrío automáticamente pensando que probablemente es Sophia lista para acosarme emocionalmente.

Pero la sonrisa desaparece en cuanto veo el nombre en la pantalla.

Ryan.

Mi exnovio.

Siento el estómago tensarse inmediatamente.

Alexander lo nota enseguida.

—¿Todo bien?

No respondo al instante.

Solo sigo mirando el celular vibrar como si fuera una bomba a punto de explotar.

Después finalmente contesto.

—¿Hola?

—Amber.

Esa voz.

Familiar.
Demasiado familiar.

Me pongo de pie automáticamente alejándome un poco de Alexander.

—¿Qué pasa?

Ryan guarda silencio un segundo.

—Estoy abajo de tu residencia.

Parpadeo.

—¿Qué carajos?

Alexander levanta la mirada inmediatamente desde el sofá apenas escucha mi tono.

—Quería hablar contigo —dice Ryan—. En persona.

Mi corazón empieza a latir más rápido, pero no de una buena manera.

—¿Cómo sabes dónde vivo?

—Alguien publicó una foto ayer. Reconocí el campus.

Eso me parece un poco aterrador.

—Ryan, estamos en Seattle. ¿Qué haces aquí?

—Necesitaba verte.

Cierro los ojos un segundo completamente confundida.

Porque hace dos semanas este hombre me decía que estaba “demasiado estresado” para una relación.

Y ahora aparece de la nada en otra ciudad.

Alexander ya está de pie observándome cuidadosamente.

—Amber —dice Ryan más suave—. Baja, por favor.

Muerdo apenas mi labio nerviosa mientras miro hacia las ventanas del apartamento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.