Abro los ojos antes de que suene cualquier alarma.
La residencia está en silencio, ese tipo de silencio temprano que se siente tranquilo… casi frágil.
Tomo el celular de la mesita de noche y escribo medio dormida.
Desperté temprano. Feliz cumpleaños, Sophia 💛
Lo envío y dejo el celular caer otra vez mientras me estiro en la cama.
Desde la otra cama, Sophia apenas se mueve.
Perfecto.
Me levanto con cuidado, me pongo una sudadera suelta y bajo a la pequeña cocina de la residencia. Hay pocas chicas despiertas a esta hora, lo que hace todo más calmado.
Pido algo sencillo de desayuno en el mostrador del edificio y me siento cerca de una ventana mientras espero.
El día apenas está empezando.
Y aun así… ya estoy pensando en Alexander.
Ridículo.
Saco el celular otra vez, reviso sin motivo real. Ningún mensaje nuevo.
Exhalo despacio.
—Demasiado temprano para estar así —murmuro para mí misma.
—¿Así cómo?
Levanto la cabeza de inmediato.
Alexander.
Está entrando al área común de la residencia con una bolsa de comida en la mano, como si fuera completamente normal aparecer aquí.
Me quedo mirándolo un segundo.
—¿Qué haces aquí? —pregunto.
Él levanta un poco la bolsa.
—Desayuno.
Parpadeo.
—¿Desayuno… aquí?
—Sí.
Como si fuera la cosa más lógica del mundo.
Mira alrededor un segundo y luego vuelve a mirarme.
—Buenos días —dice con esa calma suya—. Espero no sea tarde para desayunar juntos.
No puedo evitar la pequeña sonrisa que se me escapa.
—No es tarde.
Alexander se acerca y deja la bolsa sobre la mesa frente a mí.
Huele demasiado bien.
—Sophia sigue dormida —digo.
—Lo sé. Noah me dijo que si la despertaba temprano me iba a odiar por el resto de su vida.
Suelto una risa.
—Eso suena bastante preciso.
Él se sienta frente a mí como si esto fuera rutina.
Como si llevara haciéndolo mucho tiempo.
Abre la bolsa y empieza a sacar comida: café, pan, algo dulce.
—No sabía qué te gustaba —dice—. Así que traje un poco de todo.
Lo miro.
—¿Siempre haces esto?
—¿Desayuno? Sí.
—No. —niego suavemente—. Esto.
Él me mira sin entender.
Hago un gesto entre nosotros.
—Venir aquí… traer comida… actuar como si fuera normal.
Alexander se queda en silencio un segundo.
Luego se encoge de hombros.
—No lo es.
Eso me hace levantar una ceja.
—Pero contigo… es fácil.
El aire cambia un poco.
No de forma incómoda.
Solo… más consciente.
Tomo el café que me ofrece y lo sostengo entre mis manos.
—Hoy es el cumpleaños de Sophia —le recuerdo.
—Lo sé.
—Va a ser caos.
—Siempre es caos.
Suelto una risa.
—Eso no te preocupa.
—No.
Me mira directo.
—Mientras estés ahí.
Me quedo quieta un segundo.
Porque lo dice como si fuera lo más simple del mundo.
Como si no estuviera diciendo nada importante.
Pero lo es.
Sophia aparece en ese momento despeinada y medio dormida.
—Si no hay café para mí voy a llorar —dice entrando.
Nos mira a los dos.
Luego a la comida.
Y sonríe lentamente.
—Ok… esto ya parece demasiado familiar para mi gusto.
Alexander suspira.
—Buenos días a ti también.
Y mientras Sophia empieza a hablar sin parar, yo solo lo observo un segundo más.
Pensando que tal vez… esto ya no es solo desayunar.
Tal vez es algo que está empezando a parecerse demasiado a quedarme.
Sophia ya está hablando sin parar mientras se acomoda en la silla como si el mundo le perteneciera.
—Ok, quiero dejar algo claro —dice señalando el café de Alexander—. Esto es lo mínimo que puedes hacer por mi existencia hoy.
Alexander ni se inmuta.
—Buenos días para ti también.
Yo me río bajito mientras empiezo a comer.
Y por primera vez en días… todo se siente sorprendentemente normal.
Sophia abre su regalo otra vez como si necesitara confirmarlo.
—Sigo sin creerme esto —murmura feliz.
—Créelo —digo.
—No, no, no. Esto es demasiado bonito. Seguro Alex ayudó.
Alexander levanta la mirada.
—No insultes a Amber.
Suelto una risa.
Sophia abre la boca para responder, pero en ese momento se escucha una voz entrando por la puerta del área común.
—¡Feliz cumpleaños, desastre humano favorito!
Noah aparece con una bolsa enorme de donas en una mano y otra caja en la otra.
Sophia grita.
—¡NO ME LLAMES ASÍ!
Noah sonríe mientras deja todo sobre la mesa.
—Es un regalo emocional.
—Eso no existe.
—Sí existe, es esto —dice señalando las donas.
Alexander lo mira.
—Llegas tarde.
—Llegué con azúcar. Eso compensa todo.
Yo me tapo la boca para no reírme.
Noah me saluda con la cabeza.
—Amber.
—Hola Noah.
Sophia ya está abriendo la caja de donas como si fuera un evento religioso.
—Ok, esto sí es un buen regalo —dice feliz.
Noah se sienta al lado de Sophia sin pedir permiso.
—Obvio. Soy el mejor hermano adoptivo que tienes.
—No eres mi hermano adoptivo.
—Emocionalmente sí.
Sophia lo empuja y él se ríe.
El ambiente se llena de ruido, bromas, movimiento.
Y yo los observo un segundo.
A todos.
Esto se siente… extraño.
No en mal sentido.
Solo… diferente.
Alexander desliza una dona hacia mí sin decir nada.
—Come —murmura.
Lo miro.
—¿Me estás alimentando ahora?
—Sí.
—Eso es preocupante.
—Es eficiente.
Suelto una risa y tomo la dona.
Sophia me mira de repente.
—Ok, Amber oficialmente ya eres parte del caos.
Noah levanta su vaso de café.
—Bienvenida.
Alexander no dice nada.
Solo me mira un segundo más largo de lo normal.