Amber
Estoy acostada sobre el pecho de Alexander mientras él juega distraídamente con mi cabello.
La tarde está tranquila.
Demasiado tranquila.
Y quizá por eso empiezo a pensar demasiado.
—¿En qué piensas? —pregunta él de repente.
Levanto la mirada un poco.
—En mi mamá.
Alexander baja la vista hacia mí inmediatamente.
—¿Todo bien?
Asiento despacio.
—Sí. Solo… hace tiempo no la veo.
Él sigue acariciando mi cabello lentamente.
—¿Vive lejos?
—Como tres horas en carro.
Silencio.
Me acomodo un poco mejor contra él antes de seguir hablando.
—Estaba pensando en visitarla este fin de semana.
Alexander sonríe apenas.
—Deberías hacerlo.
Muerdo mi labio un segundo.
Porque ahora viene la parte difícil.
—Y… quiero que vayas conmigo.
La mano de Alexander se detiene apenas sobre mi espalda.
Lo miro enseguida.
Su expresión cambia.
No incómoda.
Solo sorprendida.
—¿Conocer a tu mamá? —pregunta.
Asiento lentamente.
—Sí.
Él se queda callado un segundo largo.
Demasiado largo para mis nervios.
—Ok, ahora estoy oficialmente nervioso.
Eso me hace reír un poco.
—¿Tú nervioso?
—Amber, tu mamá probablemente va a decidir si soy digno de existir en los primeros cinco minutos.
—Eso suena dramático.
—Porque lo es.
Sonrío mientras me incorporo un poco para mirarlo mejor.
—No tienes que ir si no quieres.
Alexander frunce el ceño inmediatamente.
—Nunca dije eso.
—Solo pensé—
—Quiero ir.
Lo dice rápido.
Seguro.
Y algo cálido se instala en mi pecho.
—¿Sí?
Él me mira como si la respuesta fuera obvia.
—Claro que sí.
Silencio.
Después suspira y deja caer la cabeza contra la almohada.
—Aunque honestamente siento que esto es un nivel serio de relación.
Me río.
—¿Conocer a mi mamá?
—Sí. Eso ya no es “solo estamos saliendo”.
Lo observo un segundo.
Y luego sonrío apenas.
—Bueno… eres mi novio.
Alexander se queda completamente quieto un instante.
Y luego una sonrisa lenta aparece en su cara.
—Di eso otra vez.
Ruedo los ojos riéndome.
—No.
Él me acerca más contra él por la cintura.
—Amber.
—Alexander.
—Te escuchaste muy linda diciendo “mi novio”.
Me tapo la cara un segundo mientras él se ríe bajito.
Dios.
Nunca pensé que alguien pudiera hacerme sentir tan avergonzada y feliz al mismo tiempo.
Después de unos segundos, él vuelve a hablar más suave.
—¿Cómo es tu mamá?
Sonrío automáticamente.
—La persona más dulce del mundo.
—Eso significa que definitivamente me va a comparar con Ryan y perderé.
Mi expresión cambia apenas.
—No digas eso.
Alexander nota inmediatamente el cambio en mi cara.
—Hey… estaba bromeando.
Tomo su mano entre las mías.
—Mi mamá te va a amar.
Él levanta una ceja.
—¿Tan segura estás?
Lo miro fijo.
—Sí.
Y honestamente…
nunca había estado tan segura de algo así antes.
Pasamos la siguiente hora haciendo maletas entre bromas, besos robados y Alexander quejándose porque, según él, “nadie necesita tantas cosas para un fin de semana”.
—No entiendes la moda —le digo mientras cierro mi maleta.
Él me mira apoyado en la puerta de la habitación.
—Entiendo que llevas tres chaquetas para dos días.
—Opciones.
—Problemas.
Le saco la lengua y él se ríe.
Al final bajamos todo al estacionamiento.
Alexander guarda las maletas en la parte trasera del auto mientras yo conecto mi celular al GPS.
La pantalla marca:
3 horas y 12 minutos.
Alexander silba bajo.
—Ok… esto sí es lejos.
—Te advertí.
Él abre la puerta del copiloto para mí antes de rodear el auto y subir al asiento del conductor.
Y honestamente… nunca me voy a acostumbrar a que haga cosas así.
Me acomodo mientras él enciende el auto.
La música empieza suave de fondo.
Alexander toma el volante y luego me mira de reojo.
—Última oportunidad para escapar.
Suelto una risa.
—Demasiado tarde. Ya eres parte del plan.
Él sonríe apenas.
Después pone el GPS y empieza a manejar.
Seattle va quedando atrás poco a poco mientras los edificios desaparecen y el paisaje cambia.
Por un rato solo disfrutamos el camino.
Yo con las piernas recogidas en el asiento, él manejando con una mano en el volante y la otra descansando cerca de la mía.
Hasta que finalmente la toma.
Como si fuera automático.
Como si ya no pudiera no hacerlo.
—¿Estás nerviosa? —pregunta después de un rato.
Pienso la respuesta.
—Un poco.
—¿Por mí?
—Por esto.
Hago un gesto entre nosotros.
—Nunca había traído a alguien a conocer a mi mamá.
Alexander gira apenas la cabeza hacia mí.
Y aunque intenta verse tranquilo… noto la pequeña sonrisa que se le escapa.
—Entonces sí es serio.
—No te emociones tanto.
—Muy tarde.
Ruedo los ojos riéndome.
La carretera sigue extendiéndose frente a nosotros mientras el cielo empieza a despejarse un poco.
Y por primera vez en mucho tiempo…
la idea del futuro no me da miedo.
Llevamos casi una hora de camino cuando mi celular vibra conectado al auto.
No le presto mucha atención al principio hasta que veo la notificación.
MoonInk: pago mensual procesado.
Abro los ojos inmediatamente.
—¡Oh por Dios!
Alexander da un pequeño salto del susto.
—¿Qué pasó?
Agarro el celular rápido mirando la pantalla otra vez.
Y entonces empiezo a reírme sola.
—¿Qué? —pregunta él otra vez, ahora confundido—. Amber, me asustaste.
Lo miro sonriendo como idiota.