El riesgo de amarte

Capítulo 10

Amber

Me despierto oliendo café.

Y por un segundo me confundo completamente.

Después recuerdo dónde estoy.

Mi habitación.
Alexander.
Mi mamá probablemente ya despierta desde hace horas.

Y entonces siento un brazo rodeando mi cintura.

Sonrío automáticamente.

Alexander sigue dormido a mi lado, con el cabello desordenado y la respiración tranquila.

Dios.

Nunca pensé que alguien pudiera verse tan lindo recién despierto.

Me muevo un poquito intentando levantarme sin despertarlo.

Error.

Sus brazos me acercan más inmediatamente.

—No —murmura con voz dormida.

Suelto una risa bajita.

—Tengo que levantarme.

—No.

—Mi mamá probablemente ya está despierta.

Alexander abre apenas un ojo.

—Entonces fingimos nuestra muerte.

Me río más fuerte ahora.

—Eso no funciona así.

Finalmente él abre los ojos completamente y me mira unos segundos en silencio.

Y esa mirada…

Todavía no me acostumbro.

Como si realmente le gustara despertarse y verme ahí.

—Buenos días —dice finalmente.

—Buenos días.

Me inclino y le doy un beso rápido.

Pero él me vuelve a atraer hacia él inmediatamente.

—Ese beso fue demasiado corto.

—Alex.

—Amber.

Sigo riéndome mientras finalmente logro levantarme de la cama.

Un rato después, ambos bajamos ya arreglados.

Y apenas entramos a la cocina, mi mamá sonríe de inmediato sobre su taza de café.

Oh no.

Esa sonrisa.

—Buenos días, niños.

Alexander se aclara la garganta.

—Buenos días, Trish.

Mi mamá nos observa descaradamente un segundo.

—Durmieron bien.

No es pregunta.

Es afirmación.

—Mamá —me quejo inmediatamente.

Alexander literalmente empieza a toser para no reírse.

Traidor.

Trish sonríe inocentemente.

—¿Qué? Solo pregunté.

Ruedo los ojos mientras voy por café.

—Ignórala.

—Lo intento —murmura Alexander divertido.

Mi mamá deja su taza sobre la mesa.

—De hecho, estaba pensando… ¿por qué no salimos a desayunar?

Levanto la mirada.

—¿Salir?

—Sí. Los llevo a mi lugar favorito.

Alexander sonríe apenas.

—Suena bien.

Y honestamente… verlo tan cómodo aquí hace algo raro en mi pecho.

Una hora después estamos los tres en una cafetería pequeña cerca del lago.

El lugar es precioso, lleno de flores, música suave y olor a canela.

Mi mamá y Alexander se llevan demasiado bien.

Demasiado.

—Entonces —dice ella mientras come panqueques—. ¿Desde cuándo te gusta mi hija?

Casi me ahogo con el café.

—¡Mamá!

Alexander me mira divertido.

—Buena pregunta.

—No respondas.

Él sonríe lento.

—Desde el primer día.

Mi corazón literalmente deja de funcionar un segundo.

Y lo peor es que lo dice completamente serio.

Mi mamá pone cara de satisfacción absoluta.

—Lo sabía.

Me tapo la cara con las manos.

—Voy a mudarme de país.

Alexander se ríe bajito a mi lado y pasa un brazo por mi cintura debajo de la mesa.

Y mientras ellos siguen hablando y molestándome sin descanso…

me doy cuenta de algo.

Nunca había visto a alguien encajar tan naturalmente en mi vida.

Como si siempre hubiera habido un espacio para él aquí.

El camino hasta la cafetería está lleno de mi mamá hablando sin parar y Alexander respondiéndole como si se conocieran desde hace años.

Y honestamente…

me están asustando un poco.

—Entonces, Alexander —dice mi mamá desde el asiento delantero—. ¿Cuáles son tus intenciones con mi hija?

—¡Mamá!

Alexander empieza a reírse.

—Creo que buenas.

—Respuesta inteligente.

Me dejo caer en el asiento trasero mientras niego con la cabeza.

—No puedo creer esto.

—Yo sí —dice Alex mirándome por el espejo retrovisor—. Tu mamá me ama.

—Eso pasó demasiado rápido.

—Tengo encanto.

—Tienes ego.

Él sonríe.

Y sí, definitivamente se ve demasiado cómodo aquí.

Llegamos unos minutos después a una cafetería preciosa cerca del lago, con mesas afuera y luces colgando entre árboles.

Mi mamá prácticamente suspira apenas entramos.

—Ok, sí. Definitivamente necesitaba este desayuno.

Nos sentamos junto a una ventana enorme con vista al agua.

Alexander se acomoda a mi lado mientras mi mamá ya está revisando el menú como si fuera un evento importante.

—Aquí hacen los mejores waffles del planeta —dice ella.

—Eso es mucho para afirmar —murmura Alex.

—No cuestiones mis waffles.

Suelto una risa mientras el mesero llega.

Pedimos café, waffles, huevos, fruta y probablemente demasiada comida para tres personas.

Pero nadie parece preocupado por eso.

Cuando el mesero se va, mi mamá apoya la barbilla en su mano mirando a Alexander.

Oh no.

Esa mirada otra vez.

—Entonces —dice tranquila—. Cuéntame algo que Amber no me haya dicho sobre ti.

Alexander me mira de reojo divertido.

—¿Algo como qué?

—No sé. Secretos. Trauma. Crímenes.

—Mamá.

Él empieza a reírse.

—Bueno… me gusta cocinar.

Parpadeo.

—¿Qué?

Alexander me mira sorprendido.

—¿Nunca te dije?

—¡No!

Mi mamá sonríe feliz.

—Eso suma muchos puntos.

—No sabía que esto era una competencia —dice él.

—Siempre es competencia cuando sales con mi hija.

Me tapo la cara otra vez mientras ellos siguen hablando.

Pero honestamente…

ver a Alexander relajado así se siente raro.

Bonito raro.

Porque normalmente él siempre tiene una parte tensa, como esperando algo.

Y aquí no.

Aquí se ríe tranquilo.
Hace bromas.
Me toma la mano debajo de la mesa como si fuera automático.

El desayuno llega poco después y mi mamá no exageraba.




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