Alexander
Maldita sea.
La odio.
Aprieto el volante tan fuerte que siento los nudillos arder mientras conduzco de regreso al apartamento.
Noah viene en silencio en el asiento del copiloto.
Y honestamente es mejor así.
Porque si alguien intenta decirme algo ahora mismo probablemente explote otra vez.
Amber.
La maldita Amber.
Desaparece.
Me ignora durante horas.
Me hace pensar que algo horrible pasó.
¿Y dónde estaba?
En una fiesta.
Riendo.
Con otro tipo sentado demasiado cerca de ella.
Suelto una risa amarga.
Claro.
Claro que enamorarme era una pésima idea.
Siempre lo fue.
Desde el principio.
Noah finalmente suspira.
-Alex...
-No.
Mi voz sale fría inmediatamente.
-No quiero escucharlo.
Él se recuesta en el asiento.
-Estás reaccionando desde el dolor.
-Estoy reaccionando desde la realidad.
Porque la realidad es esta sensación asquerosa en el pecho.
La de haber sido suficientemente idiota para bajar todas mis defensas por alguien.
La de haber creído que esta vez sería diferente.
Aprieto la mandíbula.
Odio que todavía pueda verla llorando.
Porque incluso después de todo...
una parte enferma de mí quería abrazarla.
Decirle que todo estaba bien.
Pero entonces recordé la fiesta.
La ropa.
La música.
La forma en que todos la miraban.
Mientras yo estaba desesperado buscándola como un maldito loco.
-Hermano -dice Noah más calmado ahora-, ella se fue porque tu papá la amenazó.
Me río sin humor.
-Y aun así decidió desaparecer sin hablar conmigo.
Silencio.
Porque eso también es verdad.
Paso una mano por mi cara cansado.
Dios.
Nunca había sentido algo así.
Ni siquiera cuando era adolescente y creía estar enamorado de alguna chica.
Esto...
esto sí duele de verdad.
Como si alguien me hubiera arrancado algo del pecho.
Noah mira por la ventana unos segundos antes de hablar.
-¿La amas?
La pregunta me golpea más fuerte de lo que debería.
Porque la respuesta sale demasiado rápido.
-Sí.
Cierro los ojos un segundo.
Mierda.
-Ese es el problema -murmuro.
Porque ahora entiendo perfectamente por qué evitaba esto.
Por qué nunca dejaba que nadie se acercara demasiado.
Porque enamorarse significa darle a alguien la capacidad de destruirte.
Y Amber acaba de hacerlo perfectamente.
Cuando llegamos al apartamento salgo del auto sin esperar a Noah.
Necesito silencio.
Necesito dejar de pensar.
Entro directo a mi habitación y cierro la puerta fuerte detrás de mí.
Pero el problema es que Amber está en absolutamente todos lados.
Su cepillo de dientes sigue en mi baño.
Una de sus sudaderas sigue tirada en mi sofá.
Todavía hay un libro suyo sobre mi mesa de noche.
Siento el pecho apretarse otra vez.
Maldición.
Agarro la sudadera y estoy a punto de lanzarla lejos.
Pero me detengo.
Porque todavía huele a ella.
Y eso...
eso termina de arruinarme.
Me dejo caer sentado en la cama pasando ambas manos por mi cara.
La odio.
La odio por hacerme sentir así.
La odio por irse.
La odio porque incluso ahora mismo...
si entra por esa puerta llorando...
probablemente volvería a abrazarla igual.
Son casi las dos de la mañana y sigo sentado en mi habitación como un imbécil mirando el celular.
Mirando el chat con Amber.
Nuestros mensajes.
Sus fotos.
Los "te extraño" ridículamente cursis que nos mandábamos incluso estando en el mismo edificio.
Me siento patético.
Porque todavía espero que escriba.
Que aparezca.
Que diga que todo esto fue un error.
Pero nada.
Solo silencio.
Y odio el silencio.
Me pongo de pie de golpe.
Necesito dejar de pensar.
Necesito dejar de sentir.
Abro contactos y bajo rápido hasta encontrar un nombre que no debería estar buscando.
Valeria.
Me quedo mirándolo unos segundos.
Después llamo.
Contesta al segundo timbre.
-Wow. El príncipe enamorado finalmente recuerda que existo.
Cierro los ojos un momento.
-¿Quieres salir?
Silencio breve.
Y luego una risa suave.
-Eso sonó peligrosamente triste.
-¿Sí o no?
-Pásame a recoger en veinte minutos.
Cuelgo antes de arrepentirme.
Porque honestamente sé exactamente lo que estoy haciendo.
Y aun así lo hago igual.
Valeria sube al auto veinte minutos después usando un vestido negro ajustado y labios rojos.
Exactamente el tipo de chica que antes me encantaba.
La clase de chica con la que todo era fácil.
Sin sentimientos.
Sin promesas.
Sin miedo.
Se acomoda en el asiento mirándome con atención.
-Dios. Sí estás destruido.
No respondo.
Ella suspira.
-¿Qué hizo la escritora?
Aprieto la mandíbula inmediatamente.
-No quiero hablar de eso.
Valeria levanta las manos.
-Ok.
Pero sigue mirándome como si ya supiera toda la historia.
Y probablemente sí.
Porque todos notaron lo enamorado que estaba de Amber.
Todos menos yo.
Terminamos en una discoteca llena de luces rojas y música tan fuerte que hace vibrar el piso.
Exactamente el tipo de lugar donde antes podía perderme horas.
Valeria toma mi mano apenas entramos.
-Esta noche no piensas -dice cerca de mi oído-. Solo te diviertes.
Ojalá fuera tan fácil.
Pedimos tragos.
Después otros.
Y otros.
Whisky.
Vodka.
Cualquier cosa que apague aunque sea un poco este vacío horrible.
Valeria baila conmigo en medio de la pista mientras las luces nos golpean el rostro.
Y yo intento.