El riesgo de amarte

Capítulo 18

Alexander

Odio los almuerzos familiares.

Especialmente cuando mi padre estará ahí.

Voy manejando hacia la casa de mis padres con ambas manos demasiado tensas sobre el volante mientras Amber canta bajito una canción de la radio sin darse cuenta de que estoy a dos segundos de tener una crisis nerviosa.

—Alex.

Parpadeo apenas.

—¿Mhm?

Ella baja el volumen de la música.

—Llevas cinco minutos apretando la mandíbula.

Mierda.

Suelto un suspiro cansado.

—Lo siento.

Amber me observa unos segundos desde el asiento del copiloto.

Y odio que me conozca tan rápido ya.

Porque inmediatamente sabe qué pasa.

—Estás pensando en tu papá.

No es una pregunta.

Asiento apenas.

—Sí.

Silencio breve.

Después Amber entrelaza sus dedos con los míos sobre la palanca de cambios.

—Hey.

La miro de reojo.

—No estás solo esta vez.

Dios.

Eso literalmente afloja algo dentro de mi pecho.

Aprieto su mano suavemente.

—No quiero que él te haga sentir incómoda otra vez.

Amber hace una pequeña mueca.

—Créeme, después del ataque de ansiedad ya perdí completamente la dignidad. Sobreviviré.

Eso me hace reír apenas.

Y honestamente necesitaba reír.

Ella sonríe satisfecha consigo misma.

—Ahí está mi novio.

Mi corazón hace esa estupidez otra vez.

Seguimos manejando unos minutos hasta que finalmente la enorme casa de mis padres aparece frente a nosotros.

Perfecta.

Elegante.

Fría.

Exactamente como la recuerdo.

Mi estómago se tensa automáticamente.

Amber lo nota enseguida.

—Alex.

Cierro los ojos un segundo antes de apagar el auto.

—Lo odio.

Ella me mira suave.

—Lo sé.

Trago saliva mirando la casa.

—Siempre siento que vuelvo a tener dieciséis cuando estoy aquí.

Mi voz sale más honesta de lo que quería.

Amber desabrocha su cinturón lentamente.

Después toma mi rostro entre sus manos.

Y Dios…

todavía no entiendo cómo alguien puede calmarme tan rápido.

—Mírame.

Lo hago.

Sus ojos miel se quedan completamente fijos en los míos.

—No eres ese niño ya.

Silencio.

—Y él no decide quién eres.

Siento literalmente un nudo en la garganta.

Porque nadie me habla así.

Nadie.

Amber acaricia mi mejilla suavemente.

—Además… si tu papá se pone insoportable, puedo golpearlo con un pan.

La miro incrédulo.

—¿Con un pan?

Ella asiente seria.

—Sí. Un baguette. Elegante pero agresivo.

No puedo evitar reírme fuerte.

Y honestamente el simple hecho de verla orgullosa por hacerme reír me destruye completamente.

—Te amo demasiado —murmuro.

Ella sonríe apenas.

—Lo sé.

Nos bajamos finalmente del auto y caminamos hacia la entrada.

Mi mano rodea la cintura de Amber automáticamente como si necesitara asegurarme de que sigue aquí.

Y justo antes de tocar la puerta…

ella aprieta mi mano.

Pequeño gesto.

Pero suficiente para recordarme respirar.

La puerta se abre segundos después.

Y mi mamá prácticamente grita emocionada al vernos.

—¡AMBER!

Amber apenas tiene tiempo de reaccionar antes de que mi mamá la abrace.

Fuerte.

Demasiado fuerte.

—Hola, Miranda —dice Amber riéndose.

Mi mamá se separa sosteniendo sus hombros.

—Dios mío, estás preciosa.

Después me mira a mí.

—Y tú sigues con cara de pocos amigos.

—Hola mamá.

Ella rueda los ojos divertida.

—Entren ya.

La casa está llena de flores, música suave y olor a comida recién hecha.

Sophia aparece corriendo desde la cocina.

—¡POR FIN!

Noah viene detrás de ella cargando una bandeja.

—Alex parece que viene camino a una ejecución.

—Porque probablemente sí —murmuro.

Amber me golpea suave el brazo.

Pero entonces…

escucho esa voz.

—Alexander.

Todo mi cuerpo se tensa automáticamente.

Mi padre está de pie junto al comedor con una copa en la mano observándonos.

Observándome.

Y odio que incluso después de tantos años todavía logre hacerme sentir así.

Pequeño.

Amber entrelaza su mano con la mía inmediatamente.

Y honestamente…

ese pequeño gesto es lo único que evita que quiera irme ahora mismo.

Mi padre se queda observándome desde el otro lado de la sala con esa expresión fría que conozco perfectamente.

La misma de toda la vida.

Como si siempre estuviera evaluándome.

Esperando que decepcione a alguien.

No lo saludo.

Ni siquiera intento fingir.

Solo aprieto un poco más la mano de Amber y sigo caminando hacia el comedor como si él no estuviera ahí.

Puedo sentir la tensión inmediatamente.

Sophia literalmente mira entre nosotros como si estuviera viendo un partido de tenis emocional.

Mi mamá suspira cansada.

—Daniel, no empieces hoy.

Mi padre toma un sorbo de su copa sin apartar la mirada de mí.

—No he dicho nada.

—Exacto —murmuro.

Amber me lanza una mirada rápida de advertencia.

“Compórtate.”

Intento hacerlo.

De verdad.

Porque hoy es el cumpleaños de mi mamá y ella merece un día tranquilo.

Aunque honestamente pedir tranquilidad en esta familia es casi imposible.

Por suerte Noah aparece salvando el ambiente como siempre.

—Miranda, oficialmente quiero denunciarte.

Mi mamá lo mira confundida.

—¿Qué hiciste ahora?

—¿Por qué cocinas tan bien? Estoy emocionalmente dependiente de esta casa.

Eso hace reír a todos inmediatamente.

Incluso a Amber.

Y la tensión baja un poco.

Solo un poco.

Mi mamá sonríe orgullosa mientras todos empezamos a sentarnos en la mesa enorme del comedor.

Todo se ve elegante.

Perfecto.




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