Sede Central del Cuerpo de Defensa — Sala de pruebas — Mismo momento
La cápsula de activación era una tumba de cristal y luz.
Fran sintió cómo las agujas microscópicas penetraban en su columna, igual que en las trece pruebas anteriores. Pero esta vez era diferente. Esta vez, su cuerpo no rechazó el estímulo. No intentó expulsar el ADN simbiótico de prueba que los sensores inyectaban para medir la compatibilidad.
Esta vez, su cuerpo absorbió.
El Kaiju dentro de él se movió con inteligencia. No se reveló. No desplegó escamas ni alas ni colas. Pero tomó el ADN de prueba y lo transformó, lo adaptó, lo hizo pasar por una simbiosis natural.
Fran sintió cómo el poder llenaba cada célula de su ser.
Y contuvo la respiración.
Afuera, las pantallas se encendieron.
El momento de la verdad
Valeria observaba desde la mesa de jueces, sus dedos apretando el borde de la tableta con una fuerza que blanqueaba sus nudillos.
A su izquierda, el capitán Takeda—un hombre calvo de mandíbula cuadrada y porcentaje del 85%—miraba los datos con desinterés.
—Otro candidato más —gruñó—. A ver, ¿cuál es su historial? ¿Treinta intentos?
—Trece —corrigió Valeria, sin apartar la vista de la cápsula—. François Alarcón. Cero por ciento en todas las anteriores.
Takeda soltó una risa seca.
—¿Y por qué estamos perdiendo el tiempo? Que pase el siguiente.
—Espere —intervino la capitana Yuki, una mujer joven de pelo corto y violeta, conocida por su intelecto más que por su fuerza bruta—. Los sensores están mostrando una anomalía. El candidato no está rechazando la inyección.
—¿Qué quiere decir eso? —preguntó Valeria, aunque ya lo sabía.
—Quiere decir —respondió Yuki, con una sonrisa que asomaba—, que este cero por ciento podría no serlo tanto.
La pantalla principal parpadeó.
Los números comenzaron a subir.
1%... 5%... 12%...
El murmullo en la sala creció. Los aspirantes en la fila se asomaban, tratando de ver. Los técnicos ajustaban sus controles, convencidos de que había un error.
25%... 38%... 47%...
Takeda se enderezó en su silla.
—Eso no es posible. Ese hombre tiene trece pruebas fallidas. Su perfil genético debería ser incompatible.
—El perfil genético puede cambiar —dijo Yuki, y había algo en su tono que sugería que sabía más de lo que decía—. Exposiciones prolongadas a restos de Kaiju, ciertas terapias experimentales... hay formas de alterar la compatibilidad.
Valeria frunció el ceño.
¿Exposiciones prolongadas? ¿Fran había estado exponiéndose a restos de Kaiju a propósito?
52%... 61%... 73%...
La sala entera contuvo la respiración.
El 70% era el umbral para oficiales de élite. El 80% para capitanes. El 90% era territorio de leyendas.
Los números siguieron subiendo.
81%... 84%... 87%...
—Que alguien pare esa prueba —ordenó Takeda, poniéndose de pie—. Ese hombre no puede tener ese porcentaje. Es...
89%
90%
90%
La pantalla se estabilizó.
POTENCIAL DE BATALLA: 90%
El silencio fue tan absoluto que Fran pudo oír su propio corazón latiendo dentro de la cápsula.
90%.
El mismo porcentaje que Valeria.
El mismo porcentaje que lo había separado de ella durante doce años.
La cápsula se abrió con un silbido neumático. Fran salió, tambaleándose ligeramente, el sudor perlado en su frente. Sus ojos—sus ojos humanos, por ahora—buscaron a Valeria entre la multitud.
La encontró de pie, con la boca abierta, la tableta olvidada en el suelo.
—No —susurró ella—. No puede ser.
Pero las máquinas no mentían. O al menos, no mentían sobre lo que Fran había permitido que vieran.
La confirmación
Los siguientes treinta minutos fueron un torbellino.
Médicos del Cuerpo lo examinaron de arriba abajo. Le extrajeron sangre, le hicieron pruebas de reflejos, de resistencia, de exposición a estrés simbiótico. En cada una, Fran ocultó su verdadera naturaleza con la precisión que Ren le había enseñado. El inhibidor en su nuca funcionaba a la perfección, camuflando el 10% restante de su poder—ese 10% que lo llevaría al 100%, al territorio de las Fases Seis.
Porque ese era su verdadero porcentaje. 100%.
Pero el mundo no estaba listo para eso.
—Los resultados son consistentes —anunció finalmente la doctora jefe del Cuerpo, una mujer mayor con gafas de aumento integradas—. El candidato Alarcón presenta un potencial de batalla del 90%, con márgenes de error del 2%.
—¿Cómo explicamos las trece pruebas fallidas? —preguntó Takeda, aún incrédulo.
—Mutación genética tardía. Es raro, pero ha ocurrido antes. Estrés extremo, exposición a radiación de Kaiju, ciertos fármacos... hay precedentes.
No era una explicación perfecta. Pero era lo suficientemente plausible para que nadie hiciera más preguntas.
Por ahora.
Valeria se acercó a Fran cuando los médicos terminaron. Sus ojos tenían una mezcla de emociones que ella no podía—o no quería—ocultar. Orgullo. Confusión. Y algo que podría haber sido miedo.
—¿Cómo? —preguntó, sin rodeos.
—No lo sé —mintió Fran—. Un día, desperté y algo había cambiado. Tal vez fue el vertedero. Tal vez fue solo cuestión de tiempo.
—¿Doce años de tiempo?
—El cuerpo humano es un misterio, Valeria. Tú deberías saberlo.
Ella lo miró largamente, buscando algo en sus ojos. Fran mantuvo la mirada firme. No podía permitir que viera más allá. No aún.
—Felicidades —dijo al final, extendiendo la mano—. Eres oficial del Cuerpo de Defensa. Grado: Capitán. Asignación: Escuadrón Táctico de Respuesta Rápida.
Fran tomó su mano. El contacto fue eléctrico, pero no por el poder simbiótico.
—¿Bajo tu mando? —preguntó.
—Bajo mi mando —confirmó ella, y esta vez su sonrisa fue genuina—. Bienvenido al equipo, soldado.
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Mientras tanto — Ubicación desconocida
Oscuridad.