Cuartel del Cuerpo de Defensa — Piso de Capitanes — 5:00 AM
La alarma sonó como un disparo.
Fran abrió los ojos antes de que el segundo pitido terminara. Era un reflejo nuevo, algo que el Kaiju dentro de él había traído: un estado de vigilia perpetua, como si una parte de su cerebro nunca durmiera del todo.
La habitación era idéntica a como la había dejado horas antes. Paredes blancas. Cama militar. Una mesa con un uniforme doblado con precisión quirúrgica. La ventana mostraba un cielo grisáceo, la ciudad despertando perezosa bajo una capa de smog y luces tenues.
Se incorporó.
Su cuerpo no le dolía. Esa era otra novedad. Pese a la intensidad de las pruebas, pese a la tensión de fingir un porcentaje que no era el suyo, se sentía... descansado. Como si la fusión con el remanente lo hubiera hecho más resistente al cansancio.
O menos humano.
Se vistió rápido. El uniforme de capitán era diferente al de los soldados rasos: más oscuro, casi negro, con ribetes plateados que brillaban tenuemente con su propia luz. En el pecho, un parche bordado mostraba el emblema del Cuerpo: un escudo atravesado por una espada, rodeado de las siluetas de tres Kaijus derrotados.
Se miró en el pequeño espejo pegado a la pared.
Un capitán.
Él, François Alarcón, el hombre del 0%, ahora llevaba el mismo uniforme que Valeria.
No te acostumbres, se dijo. Esto es solo el comienzo.
El encuentro en el comedor
El comedor de oficiales estaba en el piso 12, una sala amplia con ventanas que daban al este, iluminada por los primeros rayos del sol. Había unos veinte capitanes desayunando en mesas separadas, algunos conversando en voz baja, la mayoría sumergidos en tablets o informes impresos.
Fran tomó una bandeja con lo que parecía comida—proteína sintética, verduras liofilizadas, una bebida cálida que sabía a café pero no lo era—y buscó un lugar vacío.
No llegó a sentarse.
—Capitán Alarcón —una voz femenina lo detuvo—. Siéntese con nosotros.
Era la capitana Yuki, la jueza de pelo violeta que había defendido su anomalía durante las pruebas. Lo miraba con una sonrisa amable desde una mesa donde solo había dos personas más: un hombre de aspecto duro, con el cráneo rapado y una cicatriz que le cruzaba el ojo izquierdo, y una mujer joven, casi una adolescente, con el cabello recogido en dos coletas y una expresión de aburrimiento letal.
Fran aceptó.
—Le presento al capitán Hiroshi Kazama —dijo Yuki, señalando al hombre calvo—. Porcentaje 82%. Especialista en combate cuerpo a cuerpo. No sonríe nunca, pero no es personal.
Kazama asintió con la cabeza. No sonrió.
—Y ella es la capitana Mei Lin —continuó Yuki, señalando a la joven—. Porcentaje 79%. La más joven en alcanzar el rango. No deje que su cara de sueño la engañe; es una de las francotiradoras más letales que tenemos.
Mei Lin levantó una mano en un saludo perezoso.
—Oí hablar de ti —dijo, con una voz que contrastaba con su aspecto: grave, adulta, cansada—. El cero absoluto que se convirtió en noventa en trece intentos. Eres como un unicornio. Pero más feo.
Fran no supo si reírse o sentirse insultado.
—Gracias... creo.
—Cállate y come —respondió Mei Lin, volviendo a su bandeja—. Te van a hacer preguntas incómodas en la reunión de las seis. Necesitas energía para mentir bien.
Yuki soltó una risa suave.
—No le haga caso. Mei es así con todos los nuevos. Es su manera de decir "bienvenido".
—No es mi manera de nada —gruñó Mei Lin—. Solo digo la verdad.
Kazama, que había permanecido en silencio, habló por primera vez.
—El informe de su activación causó revuelo en el alto mando. Algunos creen que es un error. Otros, un milagro. Unos pocos... sospechan algo más.
Fran sintió un escalofrío.
—¿Algo más como qué?
Kazama lo miró fijamente con su ojo bueno.
—Como que alguien adulteró su perfil genético. O que ha estado usando métodos no autorizados para aumentar su compatibilidad. La cúpula no confía en las coincidencias, Alarcón. Y usted es la coincidencia más grande que han visto en años.
El Kaiju dentro de Fran se agitó.
Tranquilo, se ordenó. No saben nada. Solo especulan.
—Solo tuve suerte —dijo en voz alta—. O mala suerte durante doce años. Depende de cómo se mire.
Kazama no respondió. Pero su mirada permaneció fija en Fran el resto del desayuno.
La reunión de las seis
El auditorio de oficiales era una cúpula semiesférica en el piso 30, con asientos dispuestos en gradas alrededor de un escenario central donde flotaban hologramas de mapas, estadísticas y rostros de Kaijus activos.
Había unos cien capitanes presentes, la mayoría con sus trajes de combate, algunos con vendajes o marcas de batallas recientes. En la primera fila, Fran reconoció a varios de los soldados de élite que había visto en las grabaciones: la capitana Izumi, conocida como "La Tormenta" por su capacidad para generar campos eléctricos; el capitano Rojí, un hombre enorme que llevaba una armadura personalizada de asalto pesado; y Valeria.
Ella ocupaba un asiento central, su uniforme impecable, su cabello castaño brillando bajo las luces. No lo miró cuando Fran entró.
O fingió no hacerlo.
—Atención —tronó una voz desde el escenario.
Un hombre subió a la plataforma. Era alto, de cabello plateado y ojos del color del acero. Su uniforme era diferente al de los capitanes: completamente blanco, con insignias doradas que brillaban como si estuvieran hechas de luz sólida. Caminaba con una autoridad que no necesitaba gritar.
Comandante Takeshi Mori. Líder del Cuerpo de Defensa. Potencial de batalla: 95%.
—Bienvenidos a la reunión informativa del día 237 —comenzó, con una voz grave que llenaba la cúpula sin necesidad de micrófonos—. Tenemos varios temas que abordar. Primero: el ataque del Fase Cinco en el Distrito 1. Segundo: la anomalía energética detectada en el cráter resultante. Tercero: la amenaza de un nuevo tipo de Kaiju, de tamaño humano, avistado en tres ciudades diferentes en las últimas semanas.