El Rugido del 0%

CAPÍTULO NUEVE: LA ADVERTENCIA

Sede del Cuerpo de Defensa — Cuartel general — 03:47 AM

El sueño de Fran fue interrumpido por algo peor que una alarma.

Una voz.

No era humana. No era Kaiju. Era ambas cosas y ninguna. Profunda como el lecho marino, antigua como las estrellas, y cargada de una certeza que no admitía discusión.

Humano que llevas mi semilla. Escucha.

Fran abrió los ojos. La habitación estaba a oscuras, pero podía ver cada grieta en el techo, cada mota de polvo flotando en el aire. Sus sentidos se habían agudizado al máximo, como si su cuerpo supiera que lo que venía era importante.

Soy el Primigenio. El primero. El que vio nacer a vuestro mundo y el que lo verá arder. He observado tu crecimiento con interés. Tu resistencia. Tu absurda lealtad a una especie que te rechazó.

—¿Qué quieres? —susurró Fran, aunque sabía que la voz no estaba en la habitación. Estaba en su cabeza.

Quiero que sepas lo que ocurrirá al amanecer. Enviaré a mis cinco hijos más fuertes. Fase Siete. Nunca has visto nada igual. Caerán sobre la ciudad que llaman Osaka y la borrarán del mapa. No porque la odie. Sino porque necesito que entiendas algo.

—¿Qué necesito entender?

Que no puedes detenerme. Que toda tu fuerza, todo tu poder, toda esa humanidad que tanto aprecias... no es más que un murmullo ante mi tormenta. Envío este ataque como advertencia. Para que sepas lo que viene. Para que tengas miedo.

La voz se desvaneció.

Fran saltó de la cama antes de que terminara el eco.

Alarma general — 04:15 AM

Nunca habían activado la alarma de nivel máximo en horario nocturno.

Las sirenas rasgaron el silencio de Neo-Tokio como un cuchillo oxidado. Luces rojas parpadearon en cada pasillo, cada habitación, cada rincón de la base. Por los altavoces, una voz mecánica repetía una y otra vez:

"Código Negro. Código Negro. Múltiples Kaijus de categoría no registrada dirigiéndose a la ciudad de Osaka. Tiempo estimado hasta impacto: 35 minutos. Todos los capitanes y soldados disponibles reportarse a las plataformas de despliegue. Repito: Código Negro."

Fran salió al pasillo.

Ya había docenas de soldados corriendo, algunos a medio vestir, otros con sus trajes simbióticos ya activados, brillando en tonos azules y dorados mientras se dirigían a sus puestos. En sus rostros, lo que Fran ya empezaba a reconocer: no era miedo lo que veía. Era pánico mal disimulado.

Cinco Kaijus. Fase Siete.

Una fase que, oficialmente, no existía.

Valeria apareció a su lado, su katana ya en la mano, el cabello recogido en una cola de guerra. No llevaba el uniforme de gala, sino la armadura de combate completa: placas negras sobre el traje simbiótico, un casco plegado en su cuello, y en sus hombros, los emblemas dorados que la identificaban como una de las más fuertes.

—¿Sabes algo de esto? —preguntó, sin mirarlo—. ¿La Grieta tuvo información?

Fran dudó. Podía decirle la verdad. Que el Primigenio se había comunicado con él. Que esto era una advertencia. Una muestra de poder.

Pero si lo hacía, tendría que explicar cómo sabía.

—No —mintió—. Me enteré ahora.

Valeria asintió, como si esperara esa respuesta.

—Entonces vamos a descubrirlo juntos.

Corrieron hacia las plataformas.

La batalla de Osaka — 05:00 AM

Llegaron tarde.

Los cinco Kaijus Fase Siete no surgieron del mar como los demás. Surgieron del cielo. De agujeros negros que se abrieron en la atmósfera como párpados gigantescos, derramando pesadillas sobre la ciudad dormida.

El primero era una masa amorfa de tentáculos y ojos, parecido a un pulpo del tamaño de un rascacielos. Cada tentáculo arrasaba manzanas enteras, y de sus ojos brotaban rayos de energía que licuaban el acero.

El segundo era humanoide, igual que el Cazador pero a escala gigantesca. Caminaba entre los edificios como un titán griego, su rostro una máscara blanca sin rasgos, sus manos desgarrando estructuras como si fueran papel mojado.

El tercero... Fran no pudo procesarlo. Era demasiado extraño. Demasiado aterrador. Una intersección de geometrías imposibles que se movía sin moverse, dejando tras de sí un rastro de realidad distorsionada.

El cuarto y el quinto eran gemelos: dragones alados de escamas rojas, cada uno del tamaño de un portaaviones, que escupían fuego negro y volaban en círculos alrededor de la ciudad, derribando helicópteros militares como si fueran moscas.

—Dios nos ayude —murmuró un soldado a la izquierda de Fran.

—El diablo no pinta nada aquí —respondió Valeria, activando su katana—. Estamos solos.

El primer escuadrón se lanzó al ataque.

Duraron treinta segundos.

La carnicería

Fran nunca había visto una masacre.

Había visto grabaciones. Había oído historias. Pero estar allí, sintiendo el calor de los edificios ardiendo, oliendo la sangre mezclada con el humo, escuchando los gritos—los gritos eran lo peor—era algo que ningún informe podía transmitir.

Los soldados del Cuerpo eran valientes. Eso no cabía duda. Cargaban una y otra vez contra enemigos que los superaban en tamaño, poder, número. Disparaban sus armas potenciadas, lanzaban misiles, activaban sus porcentajes hasta el límite.

No servía de nada.

El Kaiju de tentáculos atrapó a un escuadrón entero—doce soldados, algunos con porcentajes del 30%, uno del 50%—y los aplastó como si fueran uvas. La sangre chorreó entre sus extremidades y cayó sobre los restos de lo que una vez fue una escuela primaria.

El dragón gemelo número uno exhaló fuego negro sobre una compañía de artillería pesada. Los escudos energéticos se derritieron. Los cuerpos se carbonizaron. El olor a carne quemada se extendió por el campo de batalla como una bendición macabra.

—¡RETIRADA! —gritó alguien por la radio—. ¡RETIRADA INMEDIATA!

Pero no había adónde retirarse.

El Kaiju humanoide dio un paso y su pie aplastó un puesto de mando móvil. Treinta oficiales, incluidos dos capitanes, desaparecieron bajo la suela de una criatura que ni siquiera parecía notarlos.



#178 en Ciencia ficción
#1862 en Otros
#335 en Acción

En el texto hay: destrucción, poderes. , kaijus

Editado: 18.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.