El Ruido

EL RUIDO

Mi nombre es Fernando y como cada noche me dirigí a dormir en mi habitación, mi rutina era común y ordinaria como la de mucha gente de mi edad. Había muchas cosas que callaba y muchas otras que me encantaba compartir, con tan solo diecisiete años me proponía a disfrutar de tantas y tantas cosas como las que cualquier otro joven disfruta, mis cuentas en redes sociales que dejaban ver mis dotes de poeta en Facebook o mis dotes de fotógrafo en Instagram, mi poder de convocatoria en twitter o mi habilidad para mantener una conversación fluida y escrita por whatsapp o por kik, hacían que las esperas habituales de la vida diaria de hacía años ahora fueran más amenas, si tenía que esperar para un regaño en la dirección de la escuela esperaba revisando perfiles en Facebook en mi teléfono, si iba al baño mandaba un whatsapp a alguien que supiera que me contestaría de inmediato y si estaba vacacionando con familia sabía que tenía que postearlo de inmediato en Instagram compartiéndolo con Facebook, amaba ver videos de terror y cosas similares en la internet sobre todo en YouTube, todo lo relacionado con el terror me fascinaba pero me perturbaba, esa noche de la que te hablo era un viernes, ese viernes fue la primera noche que sentí tanta extrañeza.

Aun después de años de ver cosas sobrenaturales en la internet no había podido ver nada en persona o en vivo y aunque era desvelado y fantaseaba mucho antes de dormir como por ejemplo; << ¿cómo sería mi vida si fuese famoso?>>, o << ¿qué pasaría si mi crush o mi amor imposible se fijara en mí?>> nada sobrenatural me había sorprendido aún, aunque mi madre decía que veía cosas de niño, como que jugaba con alguien invisible, de lo cual no recuerdo ni lo más mínimo. 

Tengo solo diecisiete años como ese poema anónimo que alguien recito alguna vez (solo tengo 17 años) en la secundaria y todo rato libre era un clavado a mis fantasías; esa noche no pude dormir al menos hasta llegadas las tres y media de la madrugada, era ocasionalmente trasnochado y entre mi hora de acostarme y mi hora de dormir había un abismo temporal en el que fantaseaba sobre todo lo que dije antes. Todo en compañía de mi cuarto completamente oscuro sin saber si mis fantasías habían durado veinte segundos o una hora y en ocasiones me sorprendía viendo el reloj y descubriendo que solo habían pasado veinte minutos pero que para mí había sido una eternidad. En otras ocasiones ya eran las tres de la mañana habiéndome acostado a las once y para mi había pasado media hora quizá. Antes de decidir dormir salía a un baño en el patio ya que en el interior de la casa no había uno, salía alumbrando con la linterna de mi teléfono celular y siempre pensé que algún día podría ver algo sobrenatural como una pelota botando sola, un pequeño hombre atravesar de lado a lado, una sombra espiándome, pero nada, nunca pasaba nada, sentía la adrenalina al salir pensando que algo pudiera sorprenderme pero nunca sucedió algo, ya había salido al baño y había revisado mis redes sociales, solo quedaba esperar acostado en mi cama estirando mi mano hacia la pared fría y húmeda, que colindaba con la casa del vecino a que el sueño llegara a mí, sentir el silencio tan ensordecedor que me permitía percibir el movimiento de mi palpitación y recostado de lado empatando mi oreja con la almohada creaban un vacío sonoro que hacía escuchar agudamente mi palpitación, mi sistema digestivo, mi respiración y hasta mis tragos de saliva, esa noche no tenía nada en mente, solo no podía dormir.

Escuchaba un ruido de un auto cada veinte o treinta minutos pasar por fuera de casa, escuchaba el sonido del refrigerador recargar gas por el compresor enviándolo a todo su circuito conductor que hacía un ruido intermitente, un grillo de vez en cuando y algún insecto perdido aleteando cerca de mi habitación, mi falta de sueño y la total oscuridad de mi habitación hacían sentirme realmente ansioso.

Pasó una ambulancia y rompió el silencio haciendo ladrar a una jauría de perros separada por el hogar de cada uno, nuevamente pasado diez minutos aproximadamente comencé a sentirme algo tenso para ser honestos, tenso de estar ante tanta inmensidad tan frágil que con encender mi teléfono y poner una melodía podía romper todo eso que se había construido al ritmo de las horas, en el transcurso de la noche. De repente de la nada un sonido justo a las tres de la mañana me lleno de temblor en el cuerpo, era un sonido que de momento me pareció tan normal como una bomba de agua automática que se activa para terminar de llenar un tinaco de agua, pero después de dos minutos continuos me di cuenta que no se trataba de ninguna bomba de agua, el sonido seguía y creo que se agudizaba, mi sentido del oído mezclado con la ausencia del sentido de la vista podría haber hecho un sonar que me indicara de dónde provenía exactamente, pero no, la incertidumbre me mantenía ignorante ante lo que sucedía, aunque después lo relacione como el sonido de una segueta de esas que se colocan en una herramienta llamada arco que sirven para cortar cosas como metal o madera en proporciones pequeñas, era un sonido extrañamente inquietante, y de repente paró, se detuvo, después de otros dos minutos de permanecer sonando en diferentes niveles de intensidad, después de ese extraño ruido demore tan solo veinte minutos en conciliar el sueño según yo, una aventura más que pudo haber sido producto de mi imaginación, pero más allá de todo una anécdota privada e íntima que nadie tenía que conocer al menos por ahora.

Transcurrieron varios días donde dormí temprano, pero justo seis días después de aquella noche tan perturbadora, me sucedió exactamente lo mismo de la misma manera, omitiendo la ambulancia y la jauría de perros, los insectos seguían así como mi respiración agitada por mantener mis ojos con un menor parpadeo de lo habitual justo en medio de la inmensidad de la oscura noche, escuche a gatos quejarse a lo lejos por esa temporada hormonal que los hace hacer sonidos similares a los del llanto de un bebé.




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