Una nueva mañana empezaba en la prefectura de Niigata.
Las olas de la costa sonaban casi como una hermosa melodía, las personas se comenzaban a levantar y los autos comenzaban a recorrer las calles.
En ese bello lugar un joven de cabello color canela y ojos chocolate salía a caminar con un bajo eléctrico en su espalda.
Ese joven era Nao Mizuno, un joven japonés, que recorría la orilla de Niigata para despejarse de todo.
El viento junto con el sonido de las olas era realmente relajante para el joven, todo eso mientras tarareaba una canción popular entre chicos de su edad.
—el viento hoy está algo más fuerte de lo normal— comentaba el joven, mirando las olas cerca de la costa.
—mmm, debería ir por algo para tomar, tengo algo de sed.
Dicho esto el joven partiría a un pequeño supermercado cerca de donde se encontraba.
Al llegar y comprar algo para beber y algunas cosas para comer se sentiría observado por alguien, pero este no lo tomaría en cuenta.
Despues de comprar el joven se sentaría cerca de la costa para escuchar el sonido de las olas, mientras se comía un snack que acababa de comprar.
El joven después de descansar unos segundos sacaría un pequeño cuaderno y comenzaría a escribir lo que parecía una letra de una canción.
Despues de escribir y borrar repetidamente el chico guardaría el cuaderno y sacaría su bajo.
—siento que la costa es el lugar perfecto para tocar una canción, es tan relajante...
Tras esto el joven comenzaría a improvisar algo junto a su bajo, aunque cada poco cometía un error al tocar.
Mientras tocaba, Nao no podía quitarse de encima la sensación de estar siendo observado.
Al terminar de tocar sentiría que alguien se le acercaba por atrás, pero antes de reaccionar este sería interrumpido por una joven.
—¡oye! ¿Sabes tocar el bajo?
La chica parecía tener su misma edad, tenía el cabello castaño y ojos de color miel, aparte que también tenía una gran sonrisa en el rostro, como si acabara de encontrar un tesoro que venía buscando hace tiempo.
—e-eh si —respondería Nao levemente nervioso por la repentina aparición de la chica
—oh perdón, ¿te asusté?
—No no, dime que sucede
—¡bien! Se que es algo repentino, pero te gustaría unirte a mi banda?