Aimée estaba demasiado concentrada en lograr la presentación perfecta del Coq au Vin como para que el ruido del público la molestara.
Tenía en su mente la imagen de ese platillo desde que se dio el tema en el que trabajaría para esa competencia estudiantil.
L'ecole culinaire française era una escuela de élite. Ella había empezado a asistir cuando tenía diez años. Al principio era una hora dos veces por semana, pero ahora con dieciséis años pasaba dos horas todos los días después de las clases en la preparatoria.
Colocó con cuidado la pieza de pollo en el plato hondo, justo encima del espejo de salsa y luego con ayuda de unas pinzas puso las zanahorias encima del pollo y sobre la salsa, creando un camino de color naranja que contrastaba con el color de la salsa.
Esperó unos segundos para asegurarse de que nada se movía y luego, busco el orégano en la mesa.
Era orégano fresco, su olor le recordaba otros platos franceses cuya preparación podía recitar de memoria. Con las manos destrozó el orégano y luego con la misma meticulosidad de antes hizo una lluvia sobre las zanahorias.
Lo suficiente para que le diera sabor, pero no demasiado para que opacara el sabor del pollo y de la salsa.
El cronómetro que marcaba cuánto faltaba para que terminara la competencia le indicó que quedaban dos minutos.
Volteó a ver a su competencia. Una chica de dieciocho años, Giovanna se llamaba, o eso le pareció escuchar y Leonardo. Cada mes que se celebraba esta competencia él estaba aquí y cada mes perdía.
Aimée no entendía porque seguía apareciendo, ¿no era agotador perder siempre contra ella?
La verdad era que desde que cumplió quince años y pudo inscribirse al concurso mensual de la escuela nadie le había quitado la victoria.
Aimée se cruzó de brazos mientras esperaba a que el reloj avisara el fin de la competencia.
En la primera fila del auditorio y en el centro estaba Elena con su teléfono, le hizo una seña de que sonriera para una foto.
Aimée alzó la cabeza y esbozó una leve sonrisa sin mostrar los dientes. Elena sonrió feliz y levantó el pulgar.
Claro que salió bien, ella siempre salía bien.
¿Acaso era un crimen ser joven, bonita y talentosa?
El reloj marcó el final de la hora y veinte minutos. Los dos jueces que como de costumbre eran el director de la escuela y algún profesor de grados superiores se acercaron a probar los tres platillos.
Primero fue el de la chica. Ella explicó con nerviosismo lo que hizo. Desde donde Aimée estaba no se veía bien pero parecía ser un Baeckeoffe, sin embargo, ¿estaría bien cocido? Era un plato sencillo: carne con vegetales, pero requería marinar la carne por al menos un día y cocerla luego por un largo periodo de tiempo.
Los dos jueces escucharon las palabras y luego intercambiaron miradas entre ellos. Agradecieron el platillo y siguieron con Leonardo en el centro del auditorio.
Su platillo era fácil de ver, era un Poulet sauté chasseur. Esa era una receta que Aimée catalogaba como fácil pero laboriosa. Era una obra maestra de la gastronomía, pero hacer la salsa era la dificultad. Podría parecer fácil pero era una salsa engañosa, ella tardó unas cinco veces en entender la ciencia detrás.
Y no creía que el chico tuviera lo suficiente para preparar algo así.
Cuando llegaron los jueces con ella, ella les indicó su plato.
-¿No le parece un plato demasiado sencillo, Mlle. Durán? -preguntó el director al tiempo que examinaba el plato de cerca.
Ella negó con la cabeza.
-Para nada. El tiempo de competencia era más corto de lo usual así que elegí un platillo clásico y delicioso. Las técnicas usadas hablarán por mí. Por favor, pruebe.
Y no se equivocó.
Ganó la competencia de nuevo.
Era su quinceava victoria.
Cuando le dieron el reconocimiento ella lo tomó con total calma. Elena por su parte se veía radiante. Tomó mil fotos cuando la declararon ganadora.
Los demás asistentes no lucían ni de cerca igual de emocionados que ella. Los rumores de que su padre pagaba a los jueces o a la escuela para que la nombraran ganadora sonaban cada día más.
«Lo que pasa es que no saben que hay gente con talento. Creen que todos son igual que ellos. Sin talento y sin habilidades mínimas».
Cuando se lo dijo a Elena, ella le dijo que no dijera eso en voz alta frente a nadie más, le recordó que todos son diferentes y algunos tienen habilidades y talentos que difieren mucho de los de ella, tal vez y solo tal vez eso era lo mejor que sabían hacer y luego dijo algo de que estaba feliz de ver a su mejor amiga logrando tantas cosas.
Después de que el auditorio se vació, Elena se acercó y la ayudó a cambiarse. El platillo que hizo se quedó a medio comer. Suponía que alguien más lo recogería.
Cambió su filipina blanca por una camisa azul, soltó su cabello, lo acomodó y por último cambio su pantalón de pata de gallo por un pantalón color negro y sus zapatos de cocina por unas flats destalonadas del mismo color que el pantalón
Cuando salió del baño Elena estaba esperándola y en cuanto salió tomó su uniforme y lo metió en la mochila.
-Estas son las fotos de hoy -dijo y le dio su celular, Aimée lo tomó y pasó las fotos.
Las que tomaba cuando estaba empezando eran las que menos le gustaban, sentía que no mostraba en su totalidad su capacidad.
Seleccionó un par de los últimos minutos, cuando estaba emplatando y otro par de cuando el director le dio el reconocimiento y se las pasó a su teléfono.
Devolvió el teléfono a Elena.
-Borra las demás.
Elena asintió y empezó a borrarlas. Aimée siguió caminando por el pasillo hacia la salida.
Tenía cosas que hacer. Y tenía prisa. Venir a la competencia fue un capricho.
-¿Sabes que? También quiero la foto mientras esperaba que los demás terminaran sus platillos. Me veo bien. -Aimée volteó pero no estaba Elena.
Se dio media vuelta y alcanzó a ver el momento en que chocó con una estudiante y se cayó.