El edificio que estaba enfrente de la entrada, pasando por un jardín, era el edificio principal. Era, a simple vista, más grande que los otros, tenía puertas dobles y ventanales en las cuatro paredes. En la entrada, de ambos lados había escaleras que llevaban al primer piso, que claro, estaba acordonado, además de tener a alguien que le dijo con una sonrisa cortés que siguiera todo derecho.
La planta baja, cuando se pasaba la entrada, se convertía en un espacio abierto, que estaba adaptado para tener varias estufas, mesas de trabajo y al fondo había una hilera de refrigeradores. El primer piso era una U que tenía una barandilla de metal y en algunas partes veía salones con ventanales de vidrio. Aimée distinguió a personas en uno de los salones.
La gente estaba parada, en su mayoría en el centro, aunque había algunos recargados en la pared.
Aimée caminó con seguridad, su plan era seguir a aquellos que estaban lejos del centro, pero una voz la detuvo. Miró a su alrededor y del centro, justo en donde estaba más gente salió Elena.
Estaba sonriendo y le hizo una seña para que se acercara, ella negó con la cabeza, Elena hizo un puchero, pero se despidió de sus nuevos amigos y fue con ella.
—¿Cómo te fue?
—Bien. ¿Qué hay de ti? ¿Respondiste algo de cocina?
Elena se rió, como si hubiera dicho un chiste.
—Puede que no lo parezca, pero estudié mucho para esa parte. —luego se acercó un poco más y le dijo en un susurro:—Dicen que la única parte del examen que se califica es la de cocina. Lo demás no importa.
Aimée asintió.
Tenía sentido. ¿Pero quién le había dicho eso a ella?
—¿Estás segura de eso?
—Sí, todo el mundo lo dice. Hay un chico que está en su segundo año tratando de entrar y dijo que el año pasado antes de que hicieran el examen práctico, la mitad de los aspirantes ya no estaba. Desaparecieron.
Aimée volvió a asentir, poco sorprendida por lo que Elena le decía.
—Deja de escuchar rumores y mejor piensa que presentarás para la prueba.
Elena se puso a explicarle lo que haría, pero Aimée ya no la escuchaba. Recargados en el barandal unas personas los miraban.
Abajo, en donde estaban ellos, entró la misma mujer que le dio las instrucciones antes y se paró al frente de todos. Se acercaron a ella formando un círculo.
Luego con una voz atronadora dijo que las personas que fuera a llamar se quedaran de su lado izquierdo y comenzó a decir nombres.
Al terminar, del izquierdo estaban la mayoría de aspirantes, del derecho estaban Aimée y Elena, quien a su lado temblaba, ella suspiró molesta para que se calmara.
—Las personas a las que llamé han quedado eliminadas del proceso.
Una mezcla de sorpresa con incredulidad se adueñó del lugar.
—¿Por qué?—preguntó un chico que estaba hasta adelante del lado izquierdo.
—ACI es una escuela que solo entrenará a los mejores. Y ser el mejor no es solo cuestión de sazón o de talento culinario. Ser chef es cuestión de inteligencia y de conocimientos. Cada año cientos de estudiantes vienen y creen que solo porque este ha sido su sueño de toda la vida es suficiente, pero no. Aquí solo queremos a los mejores. Ustedes han reprobado los conocimientos básicos de cocina. ¿Cómo van a cocinar para la parte práctica del examen si no saben distinguir entre noisette, brunoise y chiffonade? —dijo y se acercó un par de pasos al chico que había preguntado, él retrocedió, visiblemente asustado. -- Y luego, claro está, estaban todos aquellos que reprobaron dos o más materias de tronco común. Si creen que cocinar es solo cuestión de corazón y que al estudiar esto se desentienden de las matemáticas, entonces piénsenlo dos veces. Un simple huevo poché requiere entender la física detrás, la química para fermentar un pan o más simple aún, el costeo de una receta. Si estaban aquí porque querían algo sencillo, entonces este no es su lugar.
Aimée odió estar de acuerdo con todo lo que acababa de decir. Eso era lo que ella siempre creyó y que lo escuchara de la boca de una desconocida en una escuela que consideraba no profesional, era aún peor, las buenas noticias eran que había algo de sensatez en este lugar.
La sala se vació poco a poco hasta que solo quedaron los aprobados.
—No felicitaré a ninguno de ustedes hasta que hayan pasado —advirtió la mujer —. Me presento, soy Marta Zavaleta, profesora de la ACI desde hace diez años. Actualmente doy clases de Innovación Culinaria y Técnica y Bases de cocina. Y por este dia llevaré la gestión del proceso de selección.
Y luego explicó cómo se llevaría a cabo el examen práctico.
Primero se formarian parejas entre los aspirantes, cada uno realizaría una receta que cumpliera con los criterios de sabor, presentación y tema. Tendrían cuarenta minutos y luego los llamarían a la parte de arriba, donde estaban otros profesores y el director de la universidad, quienes serían los jueces, evaluarían a cada pareja y en ese mismo instante se daría el resultado.
El cronograma estaba bien para Aimée, significaba que para las cinco de la tarde ella ya estaría dentro de la academia y podría preocuparse por lo realmente importante.