El sabor de los sueños

See you soon

—Haremos unos clásicos huevos benedictinos. —dijo.

—¿Eso será suficiente? —preguntó Elena al tiempo que se ataba su mandil.

—Sí, ambas recetas requieren un conjunto de técnicas intermedias que demostrará lo que sé hacer.

Elena estuvo de acuerdo y la siguió a los refrigeradores.

La profesora Marta explicó el examen y ahora quince parejas estaban en las estufas calentando agua, cortando verduras y carne y llevando ingredientes del refrigerador a sus mesas. Las demás parejas estaban alrededor de las ventanas, en la entrada o incluso afuera del edificio.

En el aire se comenzaba a oler esa característica esencia de una cocina: frutas, verduras y otros ingredientes en proceso de convertirse en algo, que en conjunto, era mejor que solo. Respiró profundo, Elena la imitó, aunque Aimée estaba segura de que ella no sabía porqué lo hacía.

Las reglas de la prueba eran sencillas.

Cada equipo tenía 30 minutos para hacer una receta que llevara una proteína, una salsa y verduras o un toque crocante. El tema de la preparación era «Elegancia» y se daban puntos extras por innovación y manejo de técnicas.

Aimée solo quería ver los ingredientes del refrigerador y las alacenas. Tenía que haber suficiente para todos, pero nunca estaba de más asegurarse.

Después de que esos quince equipos terminaran, subirían junto con sus platillos ante los jueces y mientras eran calificados, otros quince equipos ocuparían las cocinas.

Aimée y Elena estaban en el sexto turno. Así que tenían unas tres horas para prepararse antes de pasar. Aun así, el platillo lo decidió Aimée en menos de media hora y después de revisar los refrigeradores y ver que tuvieran todo lo que necesitaba, se sentó en una de las bancas que habían puesto en la entrada.

Dejó a Elena irse y solo veía de reojo como se asomaba entre los equipos que estaban cocinando, pero sin nunca acercarse demasiado y luego yendo a conversar con otros aspirantes que, al igual que ellas, esperaban su turno. De vez en cuando Elena le hacía señas para que se acercara con ella, pero ella solo negaba con la cabeza.

Cuando el primer turno terminó, les recogieron sus platillos y los subieron, mientras que a ellos les dijeron que esperaran un minuto. La profesora Marta, desde el primer piso, les dijo que subieran.

Los hicieron esperar sentados afuera del salón donde estaban los jueces. Abajo, el segundo turno comenzó a ocupar los espacios vacíos y a cocinar.

Aimée suspiro, sería realmente útil ver el proceso de deliberación.

Instantes después, se prendieron unas pantallas. Había seis repartidas en toda la planta baja: una en la entrada, y una en cada esquina y la última empotrada a la pared arriba de los refrigeradores.

En las pantallas se veía la sala, con los jueces sentados en fila, delante, una mesa larga de madera donde había hojas, las de evaluación, supuso Aimée, y un par de cubiertos por cada juez.

Los jueces eran tres profesores de preparatoria, el subdirector de la preparatoria y el director de la escuela (preparatoria y universidad). Delante de ellos, en la mesa, estaba un papel con su nombre y puesto. En el extremo más lejos estaba la profesora Marta, a su lado la profesora Diana, luego el subdirector Roberto, el director Antoine y por último el profesor Esteban.

Aimée tardó unos segundos en reconocer a este último como el mismo sujeto que huyó de ellas hacía tan solo unos días. Apretó los labios, claro que sabía que él daba clases ahí, pero Aimée en serio deseó no volver a verlo.

Entraron y colocaron el platillo de la primera pareja a cada juez y luego el equipo entró. Saludaron, se presentaron, eran Aaron y David, ninguno de los dos era mexicano se notaba al hablar, su forma de pronunciar las palabras, como si les costara la letra r. Tal vez eran estadounidenses o canadienses. Los profesores les saludaron en inglés y eso les alivió. Después, probaron el platillo.

Cada uno pareció enfocarse en aspectos diferentes del platillo. La profesora Marta vio por encima el platillo y fue directo a la degustación, primero de todos los elementos por separado y luego todo junto. La profesora Diana, en cambio, se quedó viendo el platillo bastante rato mientras tomaba notas, luego lo probó.

Los directivos tomaron un bocado y mientras el subdirector leía las aplicaciones de los dos candidatos, el director no dejaba de mirarlos. Esteban pasó la misma cantidad de tiempo viendo al platillo, a los aspirantes y comiendo.

Aimée dedujo quien estaba a cargo de que: las dos profesoras veían presentación, sabor y técnica; el subdirector, el historial de los solicitantes; el director, su temple y carácter y Esteban..., No, Aimée no supo qué hacía él y por lo que ella sabía, él solo era una molestia.

Cada uno de los profesores apuntaron algo y se los entregaron al subdirector, quien, después de revisarlo, se lo pasó al director. Él dio una última revisada, asintió sin decir palabra y lo devolvió al subdirector.

Y luego anunció los resultados.

Solo uno de ellos pasó la prueba. Aaron. El otro chico se convirtió en piedra, parecía no escuchar cuando le dijeron que eso era todo. Aaron hizo una seña de victoria con su puño, fue con su compañero y le dijo algo, él asintió y salió de ahí sin mirar a los jueces.

—Thank you for your time. See you soon. —hizo una pausa—. Gracias.

Y así terminó la primera evaluación. Al salir a los aceptados les daban más instrucciones sobre la inscripción y el inicio de clases.

De la primera ronda y sus quince parejas, solo diez personas lograron entrar.




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