Aimée estaba sentada afuera de la sala de evaluación, Elena estaba a su lado, se mordía frenética las uñas.
Ahora estaba segura de que fue un error hacer equipo con ella.
Eran el cuarto equipo en pasar. Ya habían pasado los primeros dos, ninguno de ellos había logrado entrar. Y ahora en la televisión se veía la tercera pareja.
Eran dos chicos. Lucían muy seguros con su platillo. Y los jueces también parecían felices.
No fue una gran sorpresa que ambos se convirtieran en alumnos. Los dos saltaron de alegría y se abrazaron.
Salieron con una gran sonrisa de la sala.
¿Podría ella salir así?
Tenía que hacerlo. El señor Mondragón le había hecho firmar (aunque ella aún no tenía firma) un nuevo pagaré con la deuda de su padre y una cláusula especial que, cuando Aimée señaló, el señor Mondragón solo se encogió de hombros y dijo que no tenía que preocuparse por eso, Aimée era tan capaz que la posibilidad de que no entrara a la ACI era ínfima.
Y ella le creyó. Y no la leyó. Y ahora se preguntaba si eso también fue un error.
Últimamente no dejaba de cometer esos errores tontos.
Llegó su turno de que las llamara la profesora Marta.
Ambas se levantaron y con paso decidido, Aimée se dijo que tenía que intentar todo para entrar ahí, por su familia, por su hermana.
Al entrar los platos ya estaban frente a los jueces y ellos a su vez lo miraban con interés.
Aimée se paró lo más lejos de Elena y aunque sabía que ella quería que le dijera algo, ella no lo haría.
—Es un plato sencillo. —dijo la profesora Marta.
Aimée no sabía si el comentario era para ella, los otros profesores o para ellas dos.
La otra profesora, Diana, asintió lento y se quedó viendo el plato con interés.
—Pero la presentación es buena. Limpia y segura. No parece que sea de estudiantes.
El subdirector y el director no dijeron nada. Como siempre, el subdirector no las miraba y el director no dejaba de hacerlo.
Esteban solo probó dos bocados y apuntó algo.
Las profesoras también lo hicieron. Sus rostros cambiaron cuando lo hicieron.
Aimée no supo identificar qué era eso, ¿algo bueno?
Llenaron algo en el papel de evaluación qué tenían y repitiendo su proceso, se lo pasaron al subdirector, que asintió y luego se los entregó al director, pero él seguía viéndolas.
—¿Se conocen? —preguntó y era la segunda vez que hablaba desde que iniciaron las pruebas, lo que tomó a Aimée por sorpresa.
—Sí. —dijo Elena—. Somos amigas. Somos mejores amigas desde que tenemos once años.
—¿Quién hizo el huevo?
Era su turno de hablar y dio un paso adelante.
—Son perfectos. Y es muy difícil, sobre todo para estudiantes, lograr este nivel. —Dijo sin sonreír—. ¿Y el pan también es tuyo? Es un dorado bien logrado y supongo que la presentación es tuya. También bien hecha.
Eso tenía que significar algo, ¿no? Algo bueno.
Los demás profesores tampoco parecían saber a donde quería llegar el director con las preguntas.
—¿Qué hay de la salsa? Comparada con lo demás, es bastante... —no terminó de decir, pero hizo un gesto con la mano.
Era fácil saber lo que pensaba. Era tan impropia, desacertada, inadecuada.
—La hice yo—dijo Elena en un hilo de voz.
—¿Por qué sabe diferente a los demás?
La mirada de Elena la traspasó, pero ella no iba a ceder.
—Hubo un error. Teníamos dos salsas diferentes y pusimos la incorrecta.
—¿Y qué es lo que tiene esta?—luego se dirigió a Esteban.
Él se acomodó los lentes antes de responder.
—Yo diría que es una salsa holandesa clásica con un toque de chile Chipotle.
—¿Están satisfechos con su plato?
Aimée negó con la cabeza.
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¿Qué les ha parecido la historia hasta ahora? ¿Qué opinan de Aimée? ¿De Elena?