Al entrar el aire cálido cambió a uno húmedo y mucho más frío. Podría ser porque el patio estaba techado con un vidrio amarillento, que si bien dejaba pasar la luz, el calor no llegaba hasta la planta baja.
Al fondo del patio había unas escaleras de cemento que llevaban al otro piso y en el hueco entre las escaleras y la pared, había unos tanques de gas, el boiler y unas plantas.
Toda la construcción se recargo del lado izquierdo de la propiedad, el patio aunque no era muy ancho, si que era largo.
Esteban se adelantó y abrió la puerta de la casa. Era una casa más grande de lo que Aimée había previsto. Del lado izquierdo, donde estaba la ventana a la calle estaba la cocina, estaba bien equipada, incluso tenía un horno empotrado y una mesa de trabajo al centro de la cocina. Tenían una barra que debía hacer la función de desayunador que dividía la cocina del comedor.
El comedor era una mesa redonda para seis personas, la mesa tenía un mantel de tela y encima un plástico. Aimée arrugó el rostro.
Pegado a la pared contigua a la ventana había una vitrina de madera oscura.
Del lado derecho, estaba la sala, que solo consistía en dos sillones y la televisión pegada a la ventana que daba al patio. Detrás de ella y empotrado en la pared había unos estantes con libros y en la parte inferior tenía dos puertas.
Pasando la sala, la estancia se reducía y se convertía en un pasillo pegado a la pared.
—Esta es la casa que nos dejaron mis padres a mi hermana y a mí. —sonrió—. Vengan conmigo, les mostraré lo que falta de la casa.
En el pasillo había colgados algunas fotografías de Esteban y su familia. Del otro lado, había tres puertas. Eran las habitaciones de los dos hermanos y un baño en medio de las dos habitaciones.
Al final del pasillo, la estancia se hacía grande de nuevo, el doble de grande, pues, Aimée supuso, era el fondo de la casa, donde estaban las escaleras. Esa era una oficina, pero también tenían una máquina de coser, unos estantes con herramientas, otros libros, una televisión y una computadora de escritorio en una mesa con una pata más corta que las demás.
—Estas son cosas de mis padres. No las tocamos. —dijo y cerró la puerta al salir—. Su habitación estará arriba.
Salieron de la casa y las condujo por las escaleras al primer piso. Ese primer piso era un pasillo en L que tenía cinco puertas.
Esteban les explicó que cada puerta era una habitación independiente. El plan de su hermana y él era que rentaran esas habitaciones, para eso habían remodelado los cuartos y puesto chapas a cada uno.
Cada cuarto tenía su ventana y por ser las primeras en vivir ahí, ellas dos podrían elegir la habitación que querían.
Aimée eligió la del principio, que daba a la calle y que era la más grande de las 5.
Tenía una cama matrimonial debajo de la ventana que daba a la calle, un par de armarios en la pared contraria y unas cortinas blancas deslavadas.
—Pueden cambiar lo que quieran, le compraremos una cama a Lizbeth y lo que necesiten el próximo fin de semana.
Lizbeth le agradeció y Aimée no dijo nada.
Ahora mismo no quería agradecerle nada a ese hombre.
Él se retiró con la excusa de ver algo abajo y las dejó solas.
—¿Vas a estar bien aquí, Liz? —le pregunto a su hermana en cuanto Esteban desapareció.
Ella asintió y con una gran sonrisa dijo:
—Ahora ya no estamos solas.
Ugh. Pensó Aimée, eso era un golpe bajo.
Esteban regresó con sus maletas y sus bolsas colgando de sus hombros. Las dejó al lado de la puerta y luego se volvió a ir.
—Tengo que hablar con Esteban. Quédate aquí y acomoda tus cosas. Vuelvo en un rato.
La puerta de la casa estaba abierta y Esteban estaba sentado en el comedor concentrado en unos papeles. Tenía una laptop prendida y veía los papeles con mucha atención.
Tocó la puerta y luego pasó hasta que quedó frente a él.
Esteban dejó sus documentos a un lado y le sonrió, sonrisa que Aimée no respondió.
—¿Es la información de los otros estudiantes? —Esteban asintió—¿Cómo te ayudo?
Sí, su hermana tenía razón. Lizbeth ya no estaría sola cuando ella no estuviera, pero si quería que eso se mantuviera, que no las mandaran al gobierno y que todas las cosas buenas que Esteban le dijo desaparecieran, primero tendría que asegurarse que todas las condiciones del anterior director y del nuevo se cumplieran. Y si quieres que algo se haga, tienes que hacerlo tú misma.