El sabor de los sueños

¿Empanadas?

Él, que ya había salido de su trance, cortaba papas en parmentier*. No era el corte más preciso, pero en comparación con otros de esa competencia, lo hacía bien. Luego, en una olla con agua que hervía puso sal y las papas.

Eso no era lo que ella hubiera hecho, al cortar las papas y luego cocerlas, se absorba más agua, pero Aimée no quería juzgar lo que el chico hacía, aún no.

Mientras se cocinaban las papas, en un bowl puso harina de maíz. Aimée la había visto pocas veces y usado aun menos, la identifico porque el paquete decía que eso era. Luego, agregó agua y comenzó a moverlo con la mano.

Cuando se integró, agregó algo que Aimée tardó en ubicar. Era blanco amarillento, se veía cremoso, pero también grasoso. Lo identificó como manteca. La derritió en una olla y la agregó a la masa junto con sal.

Siguió moviendo con la mano, hasta que por lo visto tenía la textura correcta, porque sonrió y la separó en bolas de unos 10 cm.

Apagó las papas y las escurrió, entre que vaciaba el agua, se quemó el dedo con la olla y soltó la olla, las papas saltaron, pero maniobró bien y las salvó.

En la misma olla agregó aceite, cebolla y luego, longaniza y por último las papas.

Aimée hizo un esfuerzo monumental para controlar el hambre que tenía, cosa que no era sencilla, porque no solo de Aldo, sino de todas las cocinas empezaban a salir olores que ella no quería reconocer como apetecibles.

Revisó su celular. Tenía otro mensaje de Esteban, el cual era muy diferente a los anteriores, esta vez le pedía, que por favor, le llamara. Así le gustaba más, nada de darle órdenes, Aimée era razonable, pero solo cuando se lo pedían bien.

Le llamaría al terminar el concurso y después de hablar con Aldo y asegurar su puesto en la escuela. Luego, seguía un mensaje de su hermana, que le preguntaba si volvería esa noche y le avisaba que Esteban la inscribió en la primaria más cercana a la casa.

Aimée suspiró. Suponía que no podía controlar todo. Cuando regresara revisaría la escuela.

Divagó en otras cosas. Revisó sus redes sociales, nada nuevo. Solo Elena. Por lo visto había dejado de seguirla y quitó su foto de perfil y todas sus publicaciones, hizo una limpieza profunda, su nueva foto o lo que aparecía como foto, era negro. Nada. Y en su descripción solo decía su nombre.

—Ya va a terminar el concurso —dijo la mamá de Aldo, mientras le tocaba su antebrazo

Apagó su celular y volvió la vista al escenario. Todos estaban acabando de decorar los platos. Nada de lo que había ahí lo había probado antes, aunque si lo reconocía, no todo, pero la mayoría.

El platillo de Aldo o era solo un tipo de quesadillas o empanadas adornadas con crema y lechuga, al lado y en el mismo plato un ramekin, o al menos ese fue el nombre que se le ocurrió para el envase de metal pintado en azul cielo con manchas blancas, con salsa verde.

No era lo que esperaba de un platillo para un concurso.

Esperó unos minutos más hasta que la misma mujer que anunció el inició, anunció el final. Todos dejaron sus platillos y luego, fueron uno a uno preguntando lo que habían hecho: Memelas, cemitas, chalupas, etc. Ninguno de los nombres se quedó grabado en su mente ni le importó.

Esperaba el turno de Aldo quien, cuando fue su turno, dijo que eran molotes.

Nunca había escuchado ese nombre. No tenía ni idea de que existía.

Pero era la hora de que lo probaran y eso Aimée lo estaba esperando.

***

¡Hola, hola!

Nota técnica, parmentier es un corte de verduras, pero sobre todo usado en papas y es de 1 a 2 cm. aproximadamente.

Y con ustedes... ¡Aldo! Él me ilusiona mucho, su historia es de las que más me gustan y espero que a ustedes también.




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