La madre de Aldo se levantó y antes de que los jueces pasaran al siguiente o dijeran algo más, ella se subió al escenario.
—¿Qué dijo de mi hijo?—preguntó, aunque más bien sonó como un reclamo.
El alcalde dio un paso atrás. La señora perdió toda la dulzura que tenía con ella.
—Señora, lo lamento. Es solo que este platillo, es malo y como juez tengo el deber de ser honesto, no solo como juez de este concurso, sino como político y máxima autoridad del municipio, yo...
—A mi no me importa quién sea usted o si es honesto o no. No tiene ningún derecho de decirle eso a un jovencito. —hizo una pausa, vio la comida de Aldo y luego al alcalde—. Su madre va a comer lo que hizo y verá que los que no saben de cocina son ustedes.
Y metió un bocado del molote a la boca.
Esperó tres, cuatro segundos y aunque la señora abrió los ojos cuando probó la comida, siguió masticando y tragó el bocado.
—¿Ve como se puede comer? Ustedes no saben nada de comida.
Los tres jueces rieron.
—Bueno, doña Ana, creo que usted exagera un poco, ¿no será que ya se acostumbró a su cocina y por eso no reconoce el sabor? —dijo el policía
Las risas del público no se hicieron esperar. La madre de Aldo se puso roja de la furia.
Y luego la miró a ella.
Aimée se hizo para atrás en su asiento, pero ya era muy tarde, le hizo una seña para que fuera y subiera con ella.
Ella negó con la cabeza, sonrió y decía que no con los labios. Oh no, eso era lo que le faltaba, ser parte de esa escena.
Su madre, volteó a Aldo y le dijo en voz fuerte, la misma que había usado para que se oyera sin micrófono.
—Ve por tu novia. —Se volteó al policía y los otros jueces—. ¿Con que yo no soy capaz de diferenciar una buena comida? Verán que el problema son ustedes.
Aldo abrió la boca, confundido y se le quedó viendo, su madre lo empujó hacia ella y él se acercó al borde del escenario e hizo una seña para que subiera. Ella volvió a decir que no, pero esos ojos que parecían decirle «sube o verás», hizo que se levantara de su asiento.
Él le ofreció su mano para ayudarla a subir, pero ella se negó, era lo único a lo que podía oponerse. Su cercanía hizo que las mejillas del chico se tiñeran de rosa.
Tardó un poco en subir a la tarima y cuando llegó a donde estaban los jueces y la señora Anita, ella le dio un pedazo del platillo y le dijo que se lo comiera.
Ella nunca había comido eso.
Ella no quería comer eso.
Eso iba contra todo lo que era.
Además, tres personas dijeron que era incomible. No veía la necesidad de que sufriera comiendo eso.
Pero la madre de Aldo era insistente y si ella quería que Aldo fuera a la ACI para que ella pudiera ir, entonces debía ser una buena chica.
Así que sostuvo el pedazo de, lo que a ella le parecía un chausson*, pero frito y con un relleno rojo y le dio una mordida.
Y desde que lo tuvo en la boca, supo que todo estaba mal con eso.
La masa no estaba mal, o eso creyó, no sabía cuales eran los estándares de sabor para la masa, pero en principio no estaba cruda, pero poco a poco cambió de idea. La masa mientras más estaba en su boca, se hacía una masa, se atoraba en su paladar, en sus dientes y era difícil pasarla.
El relleno era otra cosa. En eso supo que estaba quemado. Era obvio que lo dejó en temperatura alta y sin mover, lo que causó que unas partes estuvieran negras, amargas y tan duras que podrían romper una de sus muelas y otras suaves y bien cocidas. Las papas estaban crudas, duras en unas partes, suaves en otras e incomibles en partes iguales.
Pero lo peor era la salsa. Aimée no comía picante, pero eso era el menor de los problemas con lo salado que estaba.
Era lo peor que había comido. Era como si todo lo que podía salir mal en un platillo se hubiera reunido ahí.
Aimée trago, pero aun sentía la sal en la boca, la masa atorada en el paladar y la papa en sus muelas.
La señora en cambio estaba feliz. Una sonrisa triunfante en su rostro y de nuevo se veía como la amable mujer que encontró afuera, hacía tan solo unas horas.
En todo esto, Aldo había vuelto a perderse en la tabla de picar.
Y ella nunca había pasado más vergüenza.
*Su traducción es zapatito, pero son lo que conocemos como empanadas.