LA TESTIGO
El reloj marcaba las 7:48 de la noche cuando el automóvil sin distintivos se detuvo frente a un edificio de apartamentos. Marco descendió primero.
—Según el registro de la cámara, vive aquí.
Eithan observó la fachada unos segundos antes de asentir.
—Esperemos que todavía esté dispuesta a hablar.
Subieron hasta el tercer piso. Marco llamó a la puerta. No hubo respuesta, volvió a intentarlo. Esta vez se escucharon pasos apresurados al otro lado. La puerta se abrió apenas unos centímetros.
Una joven de aproximadamente veinte años apareció con el rostro pálido y unas profundas ojeras que evidenciaban que no había dormido en toda la noche. Al ver las placas de los detectives, tragó saliva.
—¿Policía?
—Sí. Soy el detective Marco y él es el detective Eithan. Necesitamos hacerle unas preguntas sobre lo ocurrido anoche.
La joven dudó unos segundos antes de abrir completamente la puerta.
—Pasen...
El apartamento era pequeño, pero estaba impecablemente ordenado. Sobre la mesa había varias tazas de café vacías y el televisor permanecía encendido con las noticias en silencio. Marco tomó asiento.
—Antes que nada, necesito que nos diga su nombre.
—Amaya Herrera.
Eithan sacó una libreta.
—Amaya, apareces en una cámara de seguridad cerca del lugar donde fue encontrada una joven llamada Valeria Montenegro.
El nombre hizo que Amaya bajara la mirada.
—Ya... ya vi las noticias.
—¿La conocías?
—No.
Marco notó cómo sus manos temblaban.
—Entonces cuéntanos exactamente qué ocurrió.
Amaya respiró hondo.
—Salía del trabajo. Escuché un grito muy fuerte... pensé que era una pelea. Cuando doblé la esquina vi a una muchacha tirada en el suelo, corrí hacia ella para ayudarla... pero alguien estaba allí.
—¿Pudo verlo? —preguntó Marco.
La joven negó lentamente.
—Solo vi una silueta. Estaba de espaldas. Era alto... llevaba una sudadera oscura.
—¿Le habló?
—No.
—¿La vio a usted?
—Creo que sí.
El ambiente se volvió pesado.
—Cuando levantó un poco la cabeza... sentí que me estaba mirando.
Marco intercambió una mirada con Eithan.
—¿Qué hizo después?
—Corrí.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.
—No pensé en otra cosa. Solo corrí.
Se hizo un silencio incómodo. Marco comprendía el sentimiento de culpa que cargaba la joven.
—No hiciste nada malo.
Ella negó con fuerza.
—Si hubiera llamado antes... quizá esa muchacha seguiría viva.
Ninguno respondió, veces el trabajo consistía simplemente en escuchar.
Después de varios minutos, Marco hizo una última pregunta.
—¿Hay algo más que recuerdes? Cualquier detalle, por insignificante que parezca.
Amaya permaneció pensativa.
—Sí...
Los dos detectives levantaron la vista.
—Había un olor muy extraño.
—¿A qué te refieres?
—No era basura... ni gasolina... era como un desinfectante muy fuerte.
Momentos después ambos salieron de hogar de la joven, estando ya ambos solos en el corredor del edificio Marco se animó a preguntar
—¿Qué ocurre? —preguntó.
Eithan hizo una breve pausa.
—Es posible que ese olor no tenga relación con el crimen. Tendremos que pedirle al laboratorio que confirme si encontraron restos de algún producto químico.
—Puede que tengas razón, pero no podemos descartar la posibilidad que pudo alterar las pruebas de esa forma.
Eithan guardo silencio, sumergiéndose en sus pensamientos.
Mientras abandonaban el edificio, ninguno de los dos se dio cuenta de que, desde un automóvil estacionado al otro lado de la calle, alguien los observaba.
Una figura permanecía inmóvil tras el parabrisas.
Esperó hasta que el automóvil de los detectives dobló la esquina. Entonces giró la llave; el motor cobró vida. Se marchó sin hacer ruido.