El sacrificio

Capítulo V

¿Un sospechoso?

—El chico de la cafetería se llama Damián. Tiene diecinueve años y estudia en la universidad. Cuando llegué a la cafetería para hacer las preguntas, no estaba. El gerente me dijo que llamó esa misma mañana para avisar que se sentía mal y desde entonces no se sabe nada de él.

Eithan dejó el expediente sobre el escritorio mientras terminaba de explicar lo que había averiguado. Marco permaneció pensativo unos segundos.

—¿No te parece extraño? No se presenta a trabajar y, si realmente estuvo cerca del lugar, tampoco llamó a la policía. Pudo haber sido testigo de un asesinato.

Eithan se recostó en la silla.

—Puede ser... aunque recuerda que Amaya tampoco llamó. El miedo hace que las personas reaccionen de formas distintas.

—Tienes razón. Quizá estoy sacando conclusiones demasiado rápido.

Sobre el escritorio descansaban las fotografías de la escena del crimen, el informe forense y varias hojas con anotaciones. Ambos repasaban cada detalle, intentando encontrar algo que hubiera pasado desapercibido.
Pasaron varios minutos.

—Aun así... —dijo Marco mientras mordía distraídamente la punta de su bolígrafo—. Sigo pensando que Damián es nuestro principal sospechoso.

—Es una lástima que la cámara del otro lado del callejón no funcionara. Si hubiera estado operativa, sabríamos si el asesino escapó por ahí... o si Damián realmente nos está ocultando algo.

Marco sonrió con satisfacción.

—¿Ves? Al final también sospechas de él.

Una ligera sonrisa apareció en el rostro de Eithan.

—Solo digo que no podemos descartar ninguna posibilidad.

—Claro... igual que en nuestros primeros casos.

Eithan arqueó una ceja.

—¿Y eso qué significa?

Marco soltó una risa.

—Que sospechabas de todo el mundo. Hasta llegaste a decir, con la cara más seria posible, que el perro de una víctima podía ser el culpable.

Eithan se sonrojó al instante.

—¡Era uno de nuestros primeros casos! Además, llevaba casi treinta horas sin dormir.

—Sí, sí... las ojeras no te obligaron a acusar a un perro.

Marco comenzó a reír sin poder contenerse.

Eithan negó con la cabeza, avergonzado.

—Pensaba que habíamos acordado no volver a mencionar eso.

—Nunca prometí semejante cosa.

Las carcajadas de Marco resonaron por toda la oficina, mientras Eithan desviaba la mirada con una mezcla de resignación y vergüenza.
Por un instante, ambos olvidaron la brutalidad del caso que tenían entre manos.



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En el texto hay: asesinatos, bromas, asesinato muertes

Editado: 01.09.2026

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