Día 23 de diciembre de 2012.
Gabriel Montes despertó sobresaltado. Incluso antes de que sonara la alarma
Abrió los ojos de golpe, con el corazón acelerado, como si alguien lo hubiese sacado de un sueño a empujones. Se quedó mirando el techo unos segundos, respirando hondo.
-Genial... -murmuró-. Otra noche de mierda.
No había podido dormir bien. Cada vez que cerraba los ojos, esa sensación regresaba: la idea persistente de que algo estaba fuera de lugar, como un error pequeño pero constante en el fondo de su cabeza.
Aún sentía esa sensación de extrañeza, como si viviera dentro de una versión alterada de su propia vida. Aquel gafete con otro nombre, las voces ligeramente distintas de sus compañeros de trabajo, y sobre todo, ese pitido en su cabeza el día anterior... Lo estaban volviendo loco.
Se levantó de la cama con un suspiro y caminó hasta la cocina todavía medio dormido. Encendió la cafetera y preparó su café de la mañana como siempre. Sirvió en su taza de siempre, tomó el azucarero, le agregó tres cucharadas de azúcar y revolvió sin pensarlo demasiado. Dio un sorbo mientras apoyaba la espalda contra la encimera, dejando que el calor le despejara un poco la cabeza.
En ese momento, su celular vibró sobre la mesa.
Era Laura.
Gabriel suspiró antes de contestar.
-¿Sí? -respondió, con la voz aún cargada de sueño.
-Buenos días, Gustavo -dijo Laura, con su tono habitual, rápido y sin rodeos-. ¿Cómo estás?
-Eh... bien. Cansado, supongo.-le contestó Gabriel.
Laura soltó una risa corta.
-Escucha, estuve revisando tus horas. Has estado trabajando sin parar estos últimos meses. Así que decidí darte hoy, mañana y después de mañana libres. el 23, el 24. y el 25 Tómatelos.
Gabriel frunció el ceño.
-¿En serio? -preguntó Gabriel, sorprendido-. No hay que...
-No es negociable -lo interrumpió-. Es Navidad, Gustavo. Descansa un poco. Te lo has ganado.
-Laura, estamos cerrando el año...-le dijo Gabriel.
-Exacto. Y no quiero que te dé algo raro en vivo por agotamiento-le respondió Laura.
Descansa. Nos vemos después de Navidad. - le dijo Laura.
Gabriel apoyó el codo en la mesa.
-Está bien... gracias... de verdad -le respondió Gabriel.
-Nos vemos después de las fiestas. Y descansa -repitió Laura antes de colgar.
Gabriel dejó el teléfono y encendió el televisor por interés.
Mientras bebía su café ¿Dulce? en la cocina, el televisor encendido en las noticias atrajo su atención.
"Extraño caso en el norte del país: habitantes reportan recuerdos de una ciudad que nunca ha existido."
Gabriel dejó caer la taza. El líquido caliente se derramó por la mesa, pero ni siquiera lo notó. Su atención estaba completamente enfocada en ese titular.
La noticia hablaba de decenas de personas que aseguraban haber vivido en una ciudad llamada San Aurelio, una pequeña comunidad rural cerca de las montañas, donde según ellos había escuelas, parques, estaciones de policía, una alcaldía... Pero lo más perturbador: ningún mapa actual mostraba dicha ciudad. No había registros de su existencia. No aparecía en el catastro, ni en Google Maps, ni en ningún archivo oficial.
Gabriel palideció. Su madre había vivido en San Aurelio. Él mismo la había visitado incontables veces.
-Esto no puede ser -murmuró, encendiendo su laptop.
Buscó todo lo que pudo. Nada. Ni una mención oficial de San Aurelio. Revisó sus viejos correos, mensajes, fotos. Algo tenía que haber... Y entonces, en una carpeta perdida de su disco duro, encontró una fotografía.
Era él, su madre, y detrás, el letrero de bienvenida: "Bienvenidos a San Aurelio, hogar de la esperanza".
Su corazón se aceleró. Tenía pruebas. No estaba loco.
Sin pensarlo, tomó su mochila, la cámara y el celular. Subió a su auto y salió rumbo al norte. Tenía que comprobarlo con sus propios ojos.
El viaje fue silencioso. Las carreteras parecían familiares, pero algo se sentía diferente. Cuando finalmente llegó al punto exacto donde debería estar San Aurelio, solo encontró un extenso terreno lleno de maleza. Ni una casa, ni una calle. Nada. Como si la naturaleza hubiese reclamado ese espacio.
Se bajó del carro y comenzó a caminar entre los arbustos. A lo lejos, vio una estructura de piedra medio enterrada. Era un muro. Al acercarse, encontró algo grabado: "Escuela Primaria San Aurelio - Fundada en 1967".
-¿Acaso me estoy volviendo loco? -se preguntó.
Tomó fotos, videos, incluso grabó un mensaje para documentar todo.
Encendió la cámara de su celular, se acomodó el cabello con manos temblorosas y empezó a hablar con una voz entrecortada, como si no supiera si lo que estaba diciendo era parte de una locura o una gran revelación.
-Mi nombre es Gabriel Montes... y si estás viendo esto, probablemente ya no estoy aquí... o quizás tú tampoco existas. Hoy es 23 de diciembre de 2012. Estoy en el lugar donde debería estar la ciudad de San Aurelio -una ciudad que toda mi vida conocí, donde viví, donde enterré a mi padre y donde vive, o vivía, mi madre. Pero ahora... no hay nada. Solo campo, monte... silencio.
Hizo una pausa. Respiró hondo.
-Esta ciudad no fue demolida. No fue evacuada. No hay rastros. No hay escombros. No hay absolutamente nada. Las carreteras todas llevan al vacío. Como si... como si nunca hubiese existido. Y lo peor es que... nadie la recuerda solo algunos como vi en las noticias esta mañana. Ni mapas, ni registros. Nada
Miró a su alrededor, con los ojos llenos de desconcierto. Volvió la vista a la cámara.
-Siendo sincero, siento que estoy atrapado en una mentira, en una versión falsa del mundo. Como si alguien hubiese pulsado "reiniciar" y algo salió mal. Si alguien encuentra esto... por favor, Necesito saber que paso El 21 de diciembre del 2012....
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Editado: 25.04.2026