El Secreto De Emma. Tomo Ii. Ricardo

CAPÍTULO 4. SINCERIDAD.

 

Leonardo y Ricardo platicaban en un parque cercano a la estación de autobuses.

- … por las prisas tuve que salir arrastrándome por debajo de la reja y caí justo en la pendiente que había evitado al entrar. – Leon rio a carcajadas. – Sí, ríete, pero al menos eso me hizo ganarme la confianza de Henrick y conseguí liberarme de sus encargos por un tiempo. – Leonardo no dejaba de reír. Al ver que su amigo había dejado de lado su torta, Rick aprovechó para comérsela.

- ¡Oye! – Se quejó Leon, entre risas.

- Síguete riendo, cabrón. – Reclamó Ricardo con la boca llena. Leonardo recuperó un poco el aliento.

- Al menos esos golpes valieron la pena.

- Eso ocurrió hace dos meses Leo.

- ¿Entonces? – Preguntó Leonardo poniendo atención en la mejilla de Rick. El muchacho se sintió incómodo al recordar la razón de esos golpes.

- ¿Tu prima no te dijo nada? – Preguntó avergonzado. Leon hizo memoria.

- ¿Emma?... No. ¿Qué sucedió? – Rick lo pensó un segundo. Últimamente se había guardado para sí mismo sus vivencias. Se le hacía un poco extraño contárselas nuevamente a su viejo amigo.

- Leo, tu sabes que lo que te voy a decir, definitivamente, no lo puedes decir a nadie, mucho menos a tu prima. – Leon asintió. – Nada debe salir de aquí Leo, promételo. – Ricardo lo miró fijamente, buscando una confirmación.

- Rick ninguno de tus secretos jamás han salido de mi boca. – Ricardo lo miró y exhaló.

- Hace una semana, mi viejo invitó a Alonso Barbier a mi casa. ¿Te acuerdas de él? – Leon quien escuchaba atento, asintió. – Ahora él es el encargado del entretenimiento del “Jardín” que se conecta con las salas de apuestas del tercer piso. Pero mi viejo no lo sabe, en la superficie, la empresa de la familia de Barbier se encarga de mediar las cobranzas difíciles, y a veces, usa métodos poco convencionales. ¿Entiendes? Obviamente mi padre no me dijo qué tratos realizó con él. Así que tuve que ir directamente con Alonso; sabes que me odia, no me dijo nada. Así que fui con Henrick, su respuesta fue que no quería arruinar la sorpresa, que era un trato tan bueno para “El Corral”, que no quería que lo arruinara. En fin, tuve que quedarme unos días, en el lugar, para sacar algo de información. El único que quiso ayudarme fue Eduardo Morel. El me contó que alguien, él no sabía que mi padre, le había pagado a Barbier para seducir a la nieta de Lucas Canul y darle un buen susto.

- Emma. – Dijo Leon preocupado.

- Mi estúpido padre, en su desesperación, creyó que haciendo eso, Emma regresaría corriendo a los brazos de mi hermano. Lo que el viejo jamás imaginó es que Alonso aprovecharía la oportunidad de hacer un espectáculo con la humillación pública de la nieta del viejo Canul. Así que, hizo correr las apuestas en “El Corral” a favor o en contra de su dignidad. – Leon lo miraba horrorizado. - Eduardo me consiguió la información necesaria para encontrar a tu prima y sacarla de ahí a tiempo. Pero las reglas del “Jardín” dictan que si quieres sacar una presa de ahí, no puedes pagar por ella, debes dar un espectáculo que evite la cancelación de la corrida de apuestas. Así que me vi obligado a pelear contra el guardaespaldas de Barbier. – Ricardo recordó por un segundo, que aquella noche Emma le besó la mejilla. – ¿Y todo para qué? Para que ese asqueroso ratón intentara utilizarme para molestar a mi hermano. – Reprochó enfadado.

<< ¿Ratón? >> Se cuestionó Leon al oírlo, pero decidió dejarlo pasar. - Rick, conozco a mi prima. Y créeme que ella no te haría eso. Ella habló conmigo hoy, en la mañana y negó estar usándote. – Rick lo pensó un segundo.

- Entonces ¿por qué me busca y pasa tanto tiempo conmigo?

- No se te ocurrió, ¿que tan sólo quisiera tu amistad? – El muchacho lo meditó. - Rick, sé que no estás muy acostumbrado a que te pasen este tipo de cosas, de manera sincera, pero creo que deberías aclararlo y hablar con ella. Sobretodo porque gracias a ella podemos estar juntos. Créeme si Emma no te considerara su amigo no hubiera accedido al contrato prenupcial.

- No, Leo. Sólo lo hizo porque se siente en deuda conmigo. Y no era para menos, después de lo que hice por ella. – Replicó orgulloso.

- Rick, Gerardo me dijo que le hicieron firmar un documento en blanco donde tus padres y tu hermano, podrían pedirle lo que ellos quieran y ella tendría que aceptarlo. Prácticamente vendió su alma. – Trató de hacerle entrar en razón.

- Como si le importara. Esta loca por mi hermano. – Dijo molesto. Leon entendió que era una causa perdida. No obstante Ricardo se notó meditabundo a partir de ese momento y miraba el reloj constantemente. Cuando dieron las tres cuarenta de la tarde, Rick le pidió a Leon que lo esperara, tenía un asunto que atender y que regresaría pronto.

 

***

 

Eran las cuatro, cuarenta y cinco cuando Emma salía hacia la casa de los Jiménez. Había tomado un baño después de la práctica de basquetbol y había dedicado un buen tiempo para acicalarse.

- Tardaste mucho, ratón. – La saludó Ricardo quién la esperaba afuera de la escuela. Emma se asustó mucho, pero guardó la compostura al verlo. – Llevo media hora esperándote. – La regañó Ricardo. Emma le lanzó una mirada furiosa y pasó de largo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.