El Secreto De Emma. Tomo Ii. Ricardo

CAPÍTULO 12. ANTESIS

 

Al finalizar las clases, Emma tenía la intención de hablar con Leonardo sobre la pelea de la mañana, sin embargo, al entrar al auto, Leonardo ocupó el asiento del copiloto y no se sentó a su lado como solía hacerlo. Emma iba a preguntar cuando Leo se le adelantó.

- ¿Y ahora que te dio por sentarte a mi lado? Siempre van chismeando allá atrás. – Leonardo evitó su mirada y contestó.

- Me duele un poco la cabeza y la espalda. Me quiero dormir. – Contestó apático. Ninguno de los otros dos hizo ningún comentario al respecto. Durante la tarde Leon se quedó en su cuarto el resto del día, Emma sólo lo vio durante la cena, pero cuando ella le preguntó “¿Cómo se sentía?” Él contestó “Ya mejor.” De manera cortante y seca, no le volvió a dirigir la palabra.

 

Al día siguiente Leonardo estaba completamente serio. Su familia lo notó al instante, era una actitud tan escasa en él, que supusieron que lo mejor era darle su espacio hasta que pasara. Ricardo le había avisado que no iría a la escuela, así que pasaría el día con Leo y David. Eso le daría un poco de tiempo para relajarse. Sin embargo, no podía evitar sentir gran aversión hacia su prima. Por lo que trató de evitarla la mayor parte del día. Emma al percatarse de ello, supuso que Leon se había puesto del lado de Rick, por lo que decidió darle su espacio. Hasta que un día, Leon entró a la cocina y Emma estaba sentada en el desayunador. El muchacho no pudo evitar tornar los ojos y se dio la vuelta. Emma golpeó la mesa iracunda.

- ¡Deja de hacer eso! Si tienes un problema conmigo. ¡Dímelo en la cara! – Gritó molesta.

- No sé de qué hablas. – Dijo incómodo. Emma se levantó y lo confrontó de frente.

- Me has estado evitando desde el lunes. No me quieres hablar. Y no sé el por qué. No sé si es porque no le dije a Rick que me voy o porque no quise contarles sobre mi pasado.

- A mí nada de eso me importa. No sé de que hablas. – Respondió molesto, hizo afán de irse. Emma lo tomó del brazo.

- Entonces ¿por qué no toleras ni siquiera estar en el mismo cuarto que yo? Como si trajera la peste. – Leonardo se soltó de un tirón.

- Sólo no estoy de humor para soportarte. ¿Te es tan difícil de entender? Quiero estar solo. – Reprochó. Emma se sintió completamente ofendida, guardó silencio y se fue.

 

Durante el resto de la semana ambos primos se distanciaron completamente. Ninguno de ellos, supieron algo sobre Ricardo durante la última semana de clases. Lo cual fue un alivio para Leonardo, David y Leobardo. Emma pasaría el fin de semana junto a su madre y su abuelo, antes de volar a EU el lunes por la tarde.

 

***

 

El día jueves previo a ello a la hora de la salida, Emma encontró a David esperándola afuera de su salón. Por un segundo lo confundió con Rick, así que se acercó a él con prudencia.

- Hola. ¿Qué haces aquí? – David se avergonzó un poco.

- Sé que es extraño que yo te pida algo así, pero estaba pensando… - Él la tomó de la mano. - ¿Quieres ser la hermosa causa de que falte a mis cursos el día de hoy? – Emma se sonrojó ante sus elogios, asintió encantada.

 

Aunque había querido hacerla creer que era un plan inesperado, se notaba que aquella cita estaba meticulosamente planeada. La comida fue hecha en un cómodo restaurante italiano, David había reservado la mesa con la mejor vista del lugar. Además, había mandado pedir una carretilla especial llena de los postres favoritos de Emma. Al culminar la comida, se trasladaron a un hermoso acuario, donde pudieron deleitarse con la belleza de la fauna marina, y tuvieron la posibilidad de tocar algunas especies como pingüinos, delfines, focas y crustáceos. Emma salió maravillada de poder acariciar a una cría de pingüino. Al salir de la tienda de obsequios, eran casi las siete de la noche. Volvían al auto cuando David se detuvo frente a una joyería. Emma le platicaba maravillada su experiencia, cuando él la interrumpió.

- Perdóname. No quiero ser grosero, pero necesito recoger algo. – Señaló el establecimiento. Emma asintió. Mientras David hablaba con el encargado de mostrador, la chica paseaba la vista entre las vitrinas. - ¿Te gustó algo? – Preguntó el muchacho después de unos minutos. – Ese se te vería muy hermoso. – David señaló un anillo de compromiso de oro rosa con un diamante de buen tamaño adornando la joya. Emma se ruborizó al sentir que David le acariciaba la mano. –  Creo que es tu talla. ¿Podría mostrármelo? – Preguntó al dependiente.

- No, David. – Pidió Emma avergonzada. El tendero lo mostró rápidamente. El corazón de la chica comenzó a latir aceleradamente. David tomó su mano y delicadamente colocó el anillo en su dedo anular. Él la miró a los ojos, le besó la mano y le sonrió. – Te queda perfecto. - Emma sentía la piel de la cara ardiendo y tal vez era su imaginación, pero también le faltaba el aliento.

 

Cuando salieron de la joyería, Emma se sentía algo aturdida. No sabía si sentir alegría, nostalgia o tristeza al haber visto aquel anillo en su dedo. David había salido con una bolsa con el nombre del lugar, por lo que sabía que había comprado algo. ¿Sería el anillo? ¿Qué diría al recibirlo? ¿Estaba lista para aceptar de lleno el compromiso, además del amor puro de David hacia ella? Todo era un caos en su cabeza, su corazón no había dejado de latir y el estómago comenzaba a incomodarle. Emma sintió sus manos algo húmedas. <<Oh, no. ¿Qué me está pasando?>> Pensaba histérica. Mientras David parecía muy tranquilo ante la situación, platicaba amenamente que aprovecharía las vacaciones para avanzar en sus cursos y lo mucho que la extrañaría en su ausencia. Emma estaba tan concentrada en evitar que se notara su nerviosismo que no se dio cuenta cuando llegaron a la casa de los Méndez. En cuanto el auto arribó. El chofer de David salió rápidamente del auto y se acercó a la puerta de la casa. Eso hizo que el sexto sentido de Emma sonara las alarmas. Creyó escuchar a David suspirar.




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