El Secreto de Emma. Tomo I.V "Extractos"

DAVID: CAPÍTULO 1. RECUERDOS

Han pasado seis meses desde que Emma se fue de México. El frío del invierno ya ha anunciado su llegada unas semanas atrás. El primer semestre del año ha concluido. David observa desde la ventana de su cuarto, a la luna invernal. Hace una mueca de desagrado al pensar que aquella misma luna tiene el privilegio de verla, mientras él está ahí sentado aguardando. Un cuaderno en blanco descansa frente a él. La pluma esperaba ansiosa entre sus dedos. La blancura de las hojas se levantaban imponentes frente a él. Realmente no se sentía enfocado. <<Un diario.>> Pensó el muchacho al recordar las palabras que le había dicho el psicólogo esa mañana. Debía escribir un diario sobre su vida. Cómo había sido su niñez, y los sucesos que habían ocurrido en el último año.

El joven ahondó en sus recuerdos más lejanos. Recordó con cariño su tiempo en la casa Méndez. De pequeño solía pasar varios días al cuidado de la señora Marya, mientras él y su hermano, los Leo´s y Gerardo jugaban por la casa. También recordaba a una pequeña niña de colitas jugando entre las flores del jardín. Ella solía disfrutar de hacer guirnaldas para todos. Y, siempre, al final del día, ella lloraría por alguna travesura que Ricardo le hubiera hecho. Eso le haría recordar cierto día:

***

Una tarde mientras jugaban en el lago. Ricardo había empujado a Emma y ella se lastimó la rodilla. Ese día Rodrigo le había regalado una pulsera a Emma. Por la prisa de llevarla a curar, la niña olvidó el regalo cerca al lago. Poco después de llegar a la casa, Emma notó la ausencia del obsequio en su mano, pero había comenzado a llover, los adultos le dijeron que debía esperar al día siguiente, pero era posible que no la volviera a ver, ya que la corriente del agua podría acercarla al lago. Ese día David la vería tan triste, que sin importar la lluvia y el regaño que tendría al volver, decidió regresar al lago. Además, Leo lo siguió y entre los dos pudieron hallarla. Cuando volvieron se llevaron una gran reprimenda por parte de la señora Marya.
- Emma. – La llamó el niño al verla. Ella miraba por la ventana con melancolía. Emma volteó a verle, sus ojos estaban húmedos por el llanto. David sacó la pulsera de su bolsillo y se la mostró. La niña se sorprendió al verla, una amplia sonrisa le iluminó su rostro, seguido de un chillido de felicidad que casi lo ensordece. Ella lo abrazó con fuerza olvidando la pulsera.
- Gracias, gracias. – Gritaba. Emma se colocó la pulsera nuevamente. La modeló con coquetería. – Me veo más bonita. ¿Cierto? – El niño algo agobiado por su reacción, asintió. Ella respondió con otro grito, se lanzó hacia él, colgándosele del cuello y lo besó repetidamente en la mejilla. – Eres mi héroe. – Le gritó al oído.

***

David sonrió con nostalgia al recordar todo aquello. <<Ella era muy alegre.>> Pensó. <<Eso fue poco tiempo antes de que ella se fuera. ¿Ella aún lo recordaría?>> Los pensamientos de que tal vez Emma no volvería comenzaron a azorarlo, cuando se percató de cuándo podría él preguntarle. El muchacho se sintió apesadumbrado, entró al cuarto de baño a refrescarse un poco. El frío en la nuca lo hizo olvidar la preocupación, decidido, volvió al escritorio, debía concentrarse en el siguiente episodio importante de su vida. Eso le ayudaría. <<Veamos. Después de que la familia de Emma se fuera a Alemania, fue… La fiesta de presentación.>> El joven recordó que ese fue el día en que se enteró que estaba comprometido con Emma, entonces sintió un dolor agudo en el estómago que lo hizo ponerse en pie. Un miedo irracional le recorrió la espalda. Inesperadamente gotas de sudor comenzaron a caer de su frente, al recordar la imagen de Jonathan Davis deambulando por su casa esa tarde.
- Vamos, a jugar Otero. Somos amigos. ¿Cierto? – Escuchó la voz de Jonathan en sus recuerdos. Recordando su sonrisa retorcida en su cara llena de pecas. David sintió un dolor intenso en el abdomen, y salió corriendo al cuarto de baño a vomitar. Después de unos minutos de sentirse indispuesto, mientras en su mente iban y venían los recuerdos tormentosos de aquellos dos años donde Davis lo asedió con aquella aberrante amistad junto con su hermano Ricardo. David, aún con el estómago adolorido, pero movido por una gran ira salió corriendo del cuarto hacia el gimnasio. Al abrir la puerta de un golpe, se fue contra su gemelo, quien descansaba de un largo entrenamiento, sentado sobre un banco.
– ¡Maldito idiota! – Gritó David al verlo a los ojos.

***

Minutos después, David se encontraba con un ojo morado en la cocina. Mientras Norma y Judith, le curaban una pequeña abertura por arriba de la ceja izquierda. Se escuchaba a su madre y a su hermano discutiendo en el pasillo.
- ¡Ese imbécil llegó de la nada! - Gritaba Ricardo molesto.
- ¡No me importa quien empezó! ¡Te he dicho mil veces que en la cara no! – Gritó la mujer a su hijo menor, mientras entraba a la cocina. La mujer miró a su hijo. – Dios, ¿cómo está?
- Está bien señora, sólo es un rasguño. – Respondió Judith.
- Y el golpe. – Añadió Norma.
- Normita, hazme un café, por favor. – Pidió la mujer azolada de preocupación al ver a su hijo. Berenice sabía que David estaba muy sensible por la ausencia de Emma, así que no hizo ningún afán por resolver cómo había sucedido la querella. Sus hijos nunca se habían llevado bien, así que, razones sobraban.
Después de curar al joven, Normita y Judith se fueron a descansar. Su madre bebía una taza de café descafeinado para apaciguar los nervios.
- Lamento haberte asustado. – Comenzó el joven al verla intentar contener un ligero temblor en la muñeca. Berenice dio un sorbo, colocó la taza sobre un bello plato de porcelana, la mujer se veía algo afligida, aguardó a que el líquido de la taza volviera en calma. Cerró los ojos, inhaló profundamente y exhaló con rapidez, antes de mirar a su hijo.
- No te preocupes. ¿Cómo te sientes? – Preguntó la mujer con calma. David recordó lo que estaba haciendo y por qué había ido a buscar a Ricardo. Berenice leyó miedo en su mirada. Así que, prefirió no indagar. - ¿Cómo te fue con el terapeuta?
- Bien. Muy bien. – Contestó el muchacho con nerviosismo. – Me dejó hacer un diario. Estaba trabajando en el… y… ham…- David guardó silencio. Berenice quien conocía perfectamente la intensión de dicha actividad, que buscaba remover los sentimientos pasados en los pacientes, supuso que aquella había sido la razón de la disputa de esa noche. Eso podía ser un problema. La mujer dio otro sorbo a su café, carraspeó, aclarando la garganta, llamando la atención de su hijo.
- ¿Por qué no sólo escribes recuerdos que te causen felicidad? Sobre todo, recuerdos sobre esa chica. – Aconsejó su madre. David se sintió avergonzado. Su madre lo conocía muy bien. – Además, creo que no debo recordarte que debes omitir situaciones que puedan poner en vergüenza a nuestra familia.
- No, claro que no. – David miró a su madre. Se veía tan cansada. Se sintió avergonzado. – Lo siento mucho. – Se disculpó. Berenice sonrió al verle y le tendió los brazos. David se acercó a abrazarla. Su madre le acarició la cabeza, comprendía que sufría. - Te ves muy cansada. – Berenice soltó un suspiro.
- Se viene una temporada muy fuerte. La Federación Nacional de Go – Shot, pidió una revisión del equipo, de las salas, de las armaduras, de todo. Además, tu padre está con lo de los preparativos de la competencia del siguiente año. Volverá hasta mañana. – Berenice dio un largo suspiro. - Necesito unas vacaciones. – Dijo con nostalgia. – Debería planear algo entre tú y yo. Nos haría bien a los dos. – Añadió con algo de alegría. - ¿No lo crees? – Su hijo asintió.




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