El Secreto de Emma. Tomo I.V "Extractos"

*EMMA: CAPÍTULO 3. Change for Children

Cuando el avión descendió, Emma avisó a sus padres y sus tíos que había aterrizado sin contratiempos. Emma esperaba que su madre contactara con ella, sin embargo, no tuvo ninguna respuesta de Vanessa. Ese día, a media mañana, mientras Emma cruzaba sola Los Ángeles. Miraba desde el taxi azorada el gran número de campamentos para adictos que se habían alzado en la ciudad. Niños jugando junto a sus padres, quienes yacían perdidos en el suelo. Emma recordó a los niños de Change of Children y a Michael. Miró su teléfono aún no había respuesta a sus mensajes. Los únicos que le habían contactado eran sus tíos, primos y amigos de México, deseándole lo mejor. Y… David. ¿Sería prudente seguir en contacto con él? <<Primero debo hablar con mamá.>> Pensó.

La hermosa casa de tres niveles, con acabados blancos y rosas, se levantaba frente a ella. Pese a su belleza, Emma sabía lo solitario que era vivir en su interior. Cuando entró halló la casa sola. Si le permitían dejar su trabajo, a su padre lo vería hasta la noche. Y su madre… seguramente habría salido para evitar una confrontación, después de lo sucedido entre ellas dos.

Después de tanto tiempo, el silencio le parecía extraño, sobre todo después de vivir en la ruidosa casa de sus tíos. Aquellos sonidos tan frescos volvían a su mente: Los gemelos peleando por toda la casa. Gerardo y su tía tratando de detenerlos. Vinieron a ella las últimas tardes de otoño, las risas cálidas en la sala, mientras todos veían la televisión tomando chocolate caliente. Emma miró la sala vacía. ¿Hacía cuánto tiempo sus padres y ella no vivían algo así? El recuerdo de esa calidez, le hizo desear una taza de chocolate.

Entró a la cocina con la intención de hallar los ingredientes, pero halló las despensas casi vacías. <<Seguramente papá habrá tenido período de pruebas y no habrá podido salir del trabajo. Y mamá habrá comido fuera.>> Intuyó con un suspiro. Entonces vio a un nota en la barra de la cocina:

“Volveré con tu cena favorita. Mamá”

Emma frunció la boca, molesta por su cobardía, sabía lo que había hecho y no tenía el coraje de encararla. Después de dar un fuerte gruñido salió de la casa. El frío del exterior la hizo calmarse, el invierno era húmedo en California, la temperatura le calaba los huesos, se había desacostumbrado. Mientras cruzaba la esquina vio la calle de los Adams, no había rastros de Mike, ni de Chuck, su casa lucía vacía igual que la suya. Emma corrió, avergonzada, pensó en demorar esa visita algunos días. Al mirar a su alrededor, estaba frente aquel parque donde ella y Michael solían jugar. Recordó a aquel chico sonriente de ojos verdes brillantes, balanceándose junto a ella en aquellos columpios. Sus mejillas se tornaron rosas. La nostalgia embargada en la belleza de ese paisaje invernal le hizo tomar una foto y compartirla en sus redes sociales.

Cuando Emma salió de la tienda se sentía más tranquila, había comprado un chocolate caliente y algo de despensa para cocinar. El sabor ficticio en su paladar le hizo añorar su anterior hogar. Mientras el calor de la bebida le calentaba el cuerpo. Recordó los cigarrillos que vendían detrás del mostrador. <<Una fumada estaría bien. Creo haber dejado media cajetilla en mi habitación.>> Pensó.

De vuelta en casa, Emma revisaba el escondite bajo su cama; mientras buscaba, las puntas de sus dedos rozaron el armazón frío y metálico de su Bersa. La chica la vio con nostalgia. “Es latina como tu.” Recordó a Michael decirle el día que se la regaló. “Cuidará de ti.” Emma buscó más al fondo del cajón, sin encontrar la cajetilla, sólo encontró aquella vieja navaja que solía cargar diariamente. - Ese Adams. – Refunfuñó. <<Mamá no notará si le falta un par.>> Pensó. En eso escuchó el ruido de una notificación. Su grupo de amigas en EU, habían visto su publicación y deseaban verla. Emma sonrió.

***

Mas tarde Emma, Christine, Mia y Lea comían algo en el área de comida de una plaza.

- Entonces… ¿Decidiste de un día a otro irte? – Preguntó Lea sorprendida.

- Sí. Papá hablaba tanto sobre la vida en México que cuando mi tío me dio la opción de irme no lo pensé tanto. – Comentó Emma alegremente.

- Pero si fuimos todos juntos al Mall a renovar los uniformes. – Esclareció Mia, cruzándose de brazos, incrédula.

- Sí y toda esa semana estuviste hablando sobre el cambio de look que te harías. – Insistió Lea, recargándose en la mesa.

- Así es dijiste que querías ser pelirosa. – Acusó Mia señalándola. Christine las observaba discutir. Emma sonrió.

- Necesitaba un cambio de aires. – Se defendió la chica.

- Pues al menos podrías habernos avisado. – Reprochó Mia molesta, mientras hurgaba en su yogurt helado.

- Así es. Hiciste llorar a Michael. – Regañó Lea.

- Lea. – Reprendió Christine a su amiga. Emma se sintió sorprendida. Las chicas guardaron silencio.

- ¿Qué pasó? – Preguntó Emma. Las niñas se miraron entre ellas.

- Mike se enteró de que te fuiste, por tus redes sociales. – Comentó Christine.

- Fue un accidente. Yo no sabía que lo habías restringido para que no viera tus fotos. – Dijo Lea avergonzada.

- Sasha estuvo consolándolo durante estos meses. – Agregó Christine.

– Se volvieron inseparables. – Añadió Mia. El pecho y el estómago de Emma se sintió extraño. Christine la tomó de la mano y le dijo:

- Todas sabemos lo que Sasha siente por Michael. Como podrás imaginar está muy ilusionada por tener su atención.

- Ella cree que entre los dos salen chispas. – Comentó Mia en tono de burla.

- Mia. – Regañó Chris. Emma recordó los mensajes y las llamadas con sus mejores amigos. Ellos jamás mencionaron nada al respecto.

- ¿Ellos dos están saliendo? ¿Por eso ella no vino? – Las chicas se miraron entre ellas.

- No sabemos. – Dijo Mia

- No hemos sabido nada de ellos dos, desde hace tres semanas. – Añadió Lea. Emma sintió como la rabia se acumulaba en su estómago. Gracias a las palabras de Michael, ella había dejado pasar la única oportunidad que tenía con David. Recordando todas las veces que lo hizo a un lado por temor a enamorarse de él. Si bien ella sabía que debía volver, ellos dos podrían haber tenido una breve historia juntos. Así como Sasha y Michael ahora. Tal vez, esa era la razón por la que ambos no le contestaban los mensajes, no sabían cómo decirle, cómo explicarle. Las chicas miraban a Emma con temor, como quien mira a una bomba a punto de explotar. Ella al darse cuenta soltó una risa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.