El Secreto de Emma. Tomo I.V "Extractos"

ACTO III DAVID: CAPÍTULO 6. LOS ÁNGELES

Aquella llamada me devolvió el aliento. Todo mi esfuerzo había válido la pena. Ella había pensado en mí. Jamás imaginé que con sólo escuchar su voz pudiera sentirme tan fuerte, tan feliz, tan lleno de paz. Hablamos por hora. Me contó sobre sus vacaciones, sobre sus amigas y sobre todas las cosas que había hecho en Estados Unidos. Pero… el nombre de Michael jamás fue mencionado. Eso me dio calma, tal vez, no era tan importante como Leo había creído.

Cuando Emma regresó de Estados Unidos a finales de Enero, volvió completamente distinta. No sólo en su apariencia, sus ojos brillaban, su sonrisa se sentía más sincera, más radiante. Entonces comprendí que no había conocido a la verdadera Emma. Y esta nueva versión era más encantadora que la anterior.

Cuando comenzamos a salir, ella fue muy honesta conmigo. Me dijo que seguiría conociendo a otras personas. Al principio esa situación me desanimó un poco, pero yo no. Leo insistió hacerme desistir, pero yo no veía eso como una derrota. No. Eso era un reto. Emma aún no sabía nada del acuerdo matrimonial entre nuestras familias. Si aquello terminaba siendo una competencia, yo llevaba una ventaja que ninguno de sus pretendientes podría sobrepasar.

Además, pese a sus palabras esa situación parecía estar más a mi favor. Cada vez salíamos con más frecuencia. Me dedicaba más tiempo que a los demás. Definitivamente, la ventaja estaba de mi lado. Así que comprendí que era cuestión de tiempo de que ella se decidiera completamente por mí. La balanza estaba a mi favor. No debía preocuparme.

Para mí no fue una gran sorpresa descubrir que Emma guardaba un secreto relacionado con su familia. En varias ocasiones intenté abordar el tema con cautela, para averiguar si sus padres le habían hablado sobre nuestro compromiso, pero ella siempre lo eludía, cambiando de tema o respondiendo con evasivas. Eso me hizo pensar que había algo doloroso, detrás. Y esa sospecha terminó de confirmarse poco antes de que volviera a Estados Unidos por segunda ocasión.

***

David miraba un océano completamente azul y cristalino, un viento con olor a sal le revolvía el cabello rubio. Melancólico, no podía apartar la vista de las parejas que paseaban cerca, comían helado o jugueteaban en el agua. Cuando el sentimiento de nostalgia fue insostenible, sacó su teléfono, tomó una foto del mar y escribió. “Te hubiera encantado estar aquí.” En eso llegó Leobardo con dos helados. Uno en cada mano.

- Gracias. – Dijo al recibirle el cono. Leobardo percibió un aire nostálgico en su amigo.

- Pensando en ella, ¿eh? – David sonrió.

- La mantengo al tanto. – En eso sonó una notificación. Emma había contestado. David sonrió, le dedicó unos minutos a su conversación. Mientras Leobardo saboreaba su helado. Cuando su amigo dejó el teléfono, Leo preguntó:

- ¿Qué te dice?

- Está de compras con su mamá y unas amigas. – David le mostró la fotografía.

- Se ve feliz. - Respondió Leobardo, desviando la vista al poco tiempo, tratando de fingir neutralidad.

- Sí. - Añadió David con preocupación, una sensación rara le invadió el pecho. Ambos guardaron silencio.

- Y… ¿Te ha dicho algo sobre ese tal Michael?

- Nada, como si no existiera. – Respondió David.

- Pues debo decirte que me cerraste la boca, viejo. Jamás creí… - David le frunció el ceño. Leo se puso nervioso. – No me mires así. Ambos sabemos que era algo difícil de lograr. Pero lo hiciste, conseguiste salir con ella. Primo. – Dijo en sorna, mientras le daba unas palmadas en el hombro. David se sonrojó al oírlo.

- Gracias Leo. - A lo lejos miraban a Leonardo y a Ricardo cargando un balde de un lado a otro de la playa.

- Ahora sólo te falta deshacerte de ese tal Diego y los demás imbéciles que le ocupan la cabeza.

- Lo sé. Pero no creo que haya mucho problema con eso, Leo. Ya tengo todo planeado, cuando vuelva… pienso llenar su agenda antes que cualquiera. No voy a darle la oportunidad a nadie. – Dijo con seguridad. Leobardo lo miró por un segundo, sorprendido por su confianza.

- Wow, viejo. No te reconozco. Pero así se habla hermano. Esa es la actitud. – Respondió orgulloso del nuevo temple de su amigo.

- No sé cómo explicarte Leo. Estoy muy contento. Siento que estos meses tuve un gran avance con Emma.

- Pero te faltó besarla.

- Eso es lo de menos. A pesar de que se fue hablamos todos los días. No sólo hablamos sobre lo que vivimos aquí. También ella se esfuerza por contarme más sobre su día a día en EU. Ella es tímida. Pero pronto me ganaré su confianza y poco a poco se abrirá a mí. No dudo que pronto será así. Ya lo verás sólo seremos ella y yo. – Dijo esperanzado.

Leobardo veía a su amigo completamente prendado de su prima. En el fondo deseaba que ese cuento de hadas terminara bien, sin embargo, siendo realistas aún faltaban mínimo cinco años para que ese compromiso pudiera consolidarse. Y eso era mucho tiempo. No obstante, no quiso apagar la ilusión de David, sobre todo si eso lo mantenía feliz y tranquilo durante la ausencia de Emma.

– Mi prima tiene mucha suerte de tenerte. Claro que si yo fuera tu, yo ya la habría olvidado desde hace tiempo, sobre todo, después de lo que hizo.

- Creí que ya lo habrías olvidado. – Comentó David algo incomodo sobre el tema.




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