El Secreto de Emma. Tomo I.V "Extractos"

CAPÍTULO 8. RECONSTRUCCIÓN

Al día siguiente, David y Leobardo platicaban en las gradas de la secundaria.

- ¡¿Acaso estás loco?! – Regañó Leobardo. David lo miraba apacible, sin articular palabra, le sostuvo la mirada durante unos segundos. Entonces, Leobardo comprendió que era inútil reprocharle. – Ya entendí, no hay manera de hacerte cambiar de opinión. ¿Cierto? Es una lucha perdida. - Se dejó caer en las gradas, completamente desanimado. - Lo que son tu y Leon son unos necios aferrados. – Dijo cabizbajo.

- A propósito ¿y Leon? – Preguntó David.

- Fue a sacar unas copias. No tarda. – Contestó Carmen. Miró a su amigo y lanzó un gruñido mientras se cubría el rostro y pataleaba como un bebé haciendo un berrinche. David sonrío.

- Calma Leo. – Pidió Carmen con suavidad.

- ¿Terminaste? – Preguntó David risueño.

- Sí. Ya acabé. – Dijo con un suspiro. - ¿Sabes que perdiste una gran chica? ¿No? - Añadió, observando a un ave cruzar el cielo.

- Sí, lo sé, Leo. Pero no me arrepiento. - David bajó la mirada por un instante para recordarla. - Aliyah me ayudó a entender algo que llevo tiempo hablando con mi terapeuta y con Gera. - Hizo una breve pausa. - Necesito darme tiempo. Necesito respetar lo que siento y dejar de intentar llenar un vacío con alguien más. Así que… estoy bien con mi decisión. – Dijo sonriente.

Leobardo lo observó en silencio. Pese a que no estaba de acuerdo, podía ver que su amigo estaba más tranquilo que hacía unos meses, por lo que consideró que sólo era cuestión de tiempo, que todo estaría bien y él saldría adelante.

– Está bien. Si tu estás bien. Yo estoy bien. - Se puso de pie. - Iré a buscar a Leon, ya tardó demasiado. – Comentó Leobardo.

- No deberías preocuparte tanto. Ricardo no vino a la escuela hoy, y no creo que se aparezca por aquí. Tampoco ha vuelto a casa desde hace días.

- Está bien, viejo, de todos modos le diré que vayamos a la cafetería. Necesito un dulce para el mal sabor de boca que me diste. – Comentó Leo. Mirando a ambos – ¿Alguno quiere algo? – Los presentes negaron con la cabeza. Sin más que decir Leobardo se puso en pie de un brinco.

- Voy contigo. - Comentó Carmen, pero David la detuvo.

- Espera Carmen. - La detuvo David. La chica se volvió. - Perdona, pero, quería preguntarte algo. Carmen lo miró a los ojos, parecía sorprendida, tragó saliva y soltó con tranquilidad.

- Claro. - Leobardo se despidió con la mano.

- No te preocupes no tardo. – Dijo Leo antes de marcharse. Carmen volvió a sentarse, su postura transmitía cierta rigidez y nerviosismo. David la observó por unos segundos.

- Carmen... ¿Tu no has sabido nada de Emma? ¿Cierto? – Preguntó en un tono amable. Carmen sintió una opresión en el pecho.

- No. No he hablado con ella desde que se fue. – Respondió con rapidez sin mirarle a la cara. David no dijo nada.

Carmen había mentido. Ella había hablado con Emma diariamente, desde que se había marchado. Ella le había enviado los temas de las clases y los apuntes del día, desde hacía unos meses. Pero Emma le había pedido guardar silencio al respecto. Ni siquiera a sus primos. Y mucho menos a David. Ella le había explicado que no sabía si volvería en algún momento. Por lo que no quería ilusionar a nadie con un posible regreso, pero deseaba estar preparada académicamente para evitar repetir año. Carmen había prometido guardar el secreto. Y pensaba cumplirlo.

David, sin embargo, no lograba confiar en ella. A lo largo de ese mes, percibió una falta de honestidad en su comportamiento, sobre todo en su trato hacia los Leo's, lo que le hizo cuestionarse si ella estaba siendo totalmente franca con él. Ante la duda, decidió que lo mejor era no presionarla.

- Carmen. Yo quería pedirte un favor. - David la miró directamente a los ojos.- Si Emma volviera, ¿podrías no contarle nada sobre Aliyah? – Carmen se sintió asustada. Aunque David lo había dicho en un tono muy amable, su tono de voz, le provocaba una extraña sensación de precaución. La chica tragó saliva y su voz tembló por un segundo.

- Claro. - Respondió ella, procurando mantener la calma. - No le diré nada.

- Excelente. Muchas gracias. – Dijo sonriente. Se puso de pie y le ofreció una mano. – Ven, vamos a buscarlos. – Carmen aceptó su mano y se levantó.

Mientras caminaban rumbo a la cafetería, David la miró de reojo. Definitivamente aquella chica ocultaba y debía observarla mejor.

***

Meses después, David y Leobardo descansaban sobre el pasto, bajo la sombra de un árbol cercano al lago. El sol del medio día resplandecía brillante sobre ellos, mientras a unos metros Leonardo, Gerardo y Roberto jugueteaban en el agua. Corría la última semana de vacaciones de verano y, por fin, David tenía algunos días para pasarlos con sus amigos. Desde que había terminado la secundaria, apenas había tenido tiempo para ellos. Su madre le había regalado un viaje por Europa por el buen término del nivel secundaria y su cumpleaños numero quince. Además, de regreso, había entrado de lleno a un curso de regularización, y continuó con sus clases en la Academia Bingen.

Leobardo veía a su amigo dormir a su lado. Sintió nostalgia al pensar que ese viejo lago los había visto crecer prácticamente desde que habían nacido. Habían pasado incontables tardes allí, cuando aún eran niños y el futuro se veía demasiado lejano como para reparar en él. Sin embargo, ahora todo pintaba diferente. David había comenzado a prepararse desde el año anterior para convertirse en el CEO de Neotecmex. Sus padres estaban cada vez más preocupados por su futuro. Después de todo, él era el único heredero que les quedaba, desde que Ricardo se hubiera vuelto una molestia.




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