Minutos después, Enrico esperaba de pie en el estudio, mirando por el ventanal. André entró rápidamente.
- Me informan que acaba de salir. - Comentó nervioso. - Esto es extraño. Levanté a todo mundo y pedí que revisaran toda la casa. - Añadió agitado.
- Sí, lo sé. Dudo que falte algo. - Respondió Enrico, con la vista clavada en el jardín.
- ¿Qué le diremos a Ilena? - Preguntó André.
- Nada. Nadie hablará de esto. Yo le diré que él decidió irse. - Se acarició las manos, pensativo. - Tu escuchaste… ese chico tiene demasiada influencia sobre mi hija. No importa lo que ella piense. No puedo permitir que algo tan peligroso esté tan cerca.
- ¿Entonces cancelo los planes?
- No, no. - Respondió el anciano sin dudar. - Con mayor razón me gustaría saber qué es lo que está pasando. - Respondió Enrico.
***
Eran las once de la noche, José miraba en la televisión un drama coreano, cuando escuchó que alguien abría la puerta. El hombre asustado, apagó la televisión, y aguardó expectante. Su corazón latió emocionado al ver entrar en el vestíbulo del pequeño departamento, a un chico rubio con una mochila, camiseta blanca, unos jeans y unos tenis.
- ¡Jefe! - Gritó, corriendo a abrazarlo. - ¿Cómo es que…? ¿Qué sucedió? ¿Ya acabó? ¿Terminó su trabajo? ¿Nos iremos a casa? - Ricardo sonrió al ver la emoción de José, que expresaba la alegría de un golden retriever. Después de comprobar que el muchacho estaba completo, José súbitamente pasó de un estado de júbilo a tristeza. - Jefe, creí… creí… - Tartamudeo con la voz quebrada. - Cuando me dijo que no podríamos hablar más… Pensé tantas cosas. Creí… que usted... que tal vez no volvería a verlo. - Ricardo lo miró con ternura.
- Calma estoy bien. - Trató de tranquilizarlo. - La vigilancia empeoró, eso fue todo. - Comentó con desdén, mientras se dirigía al refri. - ¿Hay cerveza fría? - Preguntó, mientras observaba entre los anaqueles del refrigerador. - Hace un calor de los mil infiernos. - José lo observó por unos segundos. Parecía un milagro, su joven jefe estaba ahí parado frente a sus ojos, se veía más alto, más maduro… su cabello había crecido también. Ya no era un niño. Estaba cambiando… transformándose en un joven de quince años.
Después de saciar su sed y mientras José le preparaba la cena. Ricardo se acostó en el sillón. Se sentía extenuado. << Ha sido agotador fingir ser otra persona por tanto tiempo. Más le vale a Henrick darme unas buenas vacaciones después de todo esto.>> Pensó, mientras encendía un cigarrillo, con una sonrisa de satisfacción. Se sentía orgulloso, había logrado algo que creía imposible. Rick hizo un recuento de todo lo que había vivido en ese mes en la casa de los Strozzi. Su mente se detuvo súbitamente al pensar en Ilena, una opresión extraña inundó su pecho. Sacudió la cabeza para evadirlo <<Nada de culpas. He podido conseguir la información que necesitaba. Ahora es sólo cuestión de pensar en un plan para robar la joya.>> Ricardo sonrió. <<Será pan comido. Conozco esa casa como la palma de mi mano.>> Rick recordó cuando André le apuntó en la cabeza. <<Aunque… eso no significa que deba confiarme.>> El olor a comida comenzó a impregnar el departamento. Un sentimiento de familiaridad le sobrevino. <<Me gustaría saber… >> Rick buscó su computadora en el cajón donde la había dejado la última vez. Ahí estaba.
Después de unos minutos había hackeado el sistema interno de la sede de NeoTecMex en Berlín. <<Mañana por la noche es el evento de sucesión de Wagner.>> Exploró los datos de seguridad y la organización del evento. Una punzada de nostalgia lo sacudió al ver una imagen familiar en la pantalla. <<Quisiera verla… aunque sea un momento.>> Pensó, mientras miraba una foto de su madre.
***
Al día siguiente Ilena se alistó para tomar el desayuno. Se arregló como cada mañana, con la intención de ver a Joss. Unos zapatos, cómodos, un vestido que denotara feminidad y que marcara su talle, maquillaje discreto para lucir inocente, cada pequeño detalle de su imagen estaba enfocado en gustarle a él. Sin embargo, esa mañana sólo encontró a su padre y a André en el desayuno. Saludó a ambos. Pese a que la vista no la engañaba, algo le decía que debía corroborarlo.
- ¿Joss está en la cocina?
- No. Salió por un paquete, tardará. - Explicó su padre. Ilena torció un poco los labios, su mirada alegre se apagó. Las mañanas no eran lo mismo sin el brillo del rubio cabello de Joss que parecía tocado por el sol y su amena conversación.
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Había pasado media mañana, Ilena descansaba entre las clases del curso de verano en el instituto Schwänen, mientras sus amigas platicaban amenamente, ella miraba al cielo con la mirada perdida.
- ¿Estás bien? - Preguntó Gisela, una chica rubia, de bellos ojos azules. Ella era la mejor amiga y confidente de Ilena.
- Sí. - Respondió nerviosa.
- Es el chico que te gusta, ¿Cierto? ¿Qué sucede con él?
- Nada. Sólo no ha visto mis mensajes.
- Tranquila. - La animó tomándola de la mano. - Debe estar ocupado. Sabes que los chicos no responden de inmediato. - Trató de calmarla.
- Sí…Tienes razón. - Respondió Ilena dudosa.
***
Era tarde cuando Ricardo se apareció en el desayunador del departamento.
- Qué bien dormí. - Dijo, estirándose como un gato al sol. José al verlo, le acercó un plato lleno de hot cakes, fruta y café.
- Lo pedí esta mañana. - Ricardo sonrío.
- Gracias. - Dijo antes de comenzar a comer.
- Supongo que saldremos el día de hoy.
- Así es. Necesito comprar un smoking, trabajaré como mesero en un evento el día de hoy.
- ¿Tan pronto? - Preguntó José impresionado. - Lo siento sólo creí que después de su gran éxito saldría a celebrar como siempre. - Ricardo sonrío al escucharlo. José lo conocía bastante bien.
- No, aún es muy pronto para eso. Pero sí es una fiesta el compromiso que tengo esta noche.