Después de pasar una semana en Las Vegas, como tenía planeado, Vanessa viajó a Bear Mountain. Le habría mentido a Rodrigo sobre Emma para no ponerle nervioso. Pero, lo cierto es que no había sabido nada de ella en esos siete días. Sabía que no podría ocultar la ausencia de su hija por mucho tiempo, pero, si jugaba bien sus cartas, tal vez, podría convencer a su esposo de pasar unos días en pareja, solos, en las montañas. Mientras esperaba a Rodrigo en el lobby del hotel, recibió un mensaje de Charles Adams. Vanessa tornó los ojos al leerlo. <<Siempre hace lo que quiere.>> Refunfuñó para sí misma guardando el aparato.
Cuando Rodrigo arribó al hotel, venía cargado de bolsas de compras, se le veía emocionado. Desde el día en que lo conoció, a Vanessa le bastaba verlo para que su alma y su corazón se le inundara de una dicha absoluta. Ella se adelantó para recibirlo con una sonrisa, sin embargo, Rodrigo no la miraba, buscaba a los alrededores. Aquel desaire la hizo sentir miserable.
- Vane ¿Y Emma? - Preguntó el hombre inmediatamente. Vanessa se tragó su dolor y con ligereza contestó:
- Conoció a algunos chicos y salió con ellos a esquiar. Ya la conoces. Volverá más tarde. - Rodrigo sonrió.
- Que bueno. Ayúdame a esconder sus obsequios antes de que llegue. - Rodrigo la besó brevemente y compartió su carga con ella. - Vamos la esperaremos en la habitación.
Después de una ducha breve, Vanessa se contempló en el espejo del baño. Vestía un hermoso, provocativo y costos negligé. Se retocó el maquillaje, perfumó su cuello y acomodó el escote una última vez. Rodrigo no se podría resistir a una mujer de 37 años con una piel tan suave y firme, con un rostro tan jovial como el suyo. <<Como una luna de miel.>> Pensó.
Cuando salió encontró a su esposo recién bañado, en la cama, con los ojos clavados en su celular. Vanessa se acercó con mirada traviesa, contoneándose. Sin embargo, él ni siquiera la había notado, había comenzado una llamada. Vanessa, frunció ligeramente los labios, <<Distraído como siempre. >> Pensó para no desanimarse.
Se subió a la cama, le acarició el hombro, se acercó sutilmente a su espalda para presionar sus pechos contra su piel. Lentamente comenzó a besarle el cuello. Pero Rodrigo no reaccionó.
- Le avisé a Emma que llegué, pero no recibió el mensaje y su teléfono está muerto. - Comentó él, con la vista fija en la pantalla. Vanessa insistió, deslizó la mano por debajo de su camisa, acariciándole el pecho, le besó la mejilla, buscando su boca.
- Tal vez está ocupada. Podríamos aprovechar el tiempo... - Rodrigo iba a decir algo más, pero Vanessa lo calló con un beso profundo y sensual. Rodrigo iba a oponer resistencia, sin embargo, al sentir el calor de su mujer, su aroma fresco a flores y ver sus provocativos pechos bajo la transparencia de la tela, se dejó llevar por el deseo.
Una hora después, Vanessa sonreía satisfecha, con la barbilla apoyada en el pecho de su esposo, mientras jugueteaba un poco con su vello en pecho.
- Tengo hambre. ¿Que te parece si pedimos servicio a la habitación y nos quedamos abrazados hasta que ella llegue? - Miro a Rodrigo. Este se levantó con el celular en la oreja.
- No. Creo que deberíamos vestirnos. Emma podría llegar en cualquier momento. Cenaremos en el buffet, sabes que ella ama el buffet de aquí. - Sin embargo, aún la llamada no entraba. Rodrigo reparó en la habitación, lucía impecable. Era extraño, Emma siempre fue algo desordenada al viajar a Bear Mountain, se emocionaba tanto que dejaba su ropa tirada por toda su cama y la recogía hasta el día que partían. Al ver a Rodrigo contemplar la cama vacía y pulcra de su hija, a Vanessa se le agrió el semblante. Tornó los ojos, se levantó y comenzó a vestirse a tirones. Rodrigo revisó el baño y abrió los closets, buscando la maleta de su hija. Estupefacto se giró hacia su esposa.
- Vane, ¿Dónde está Emma? ¿Dónde está la niña?
- No vino. - Soltó Vanessa, sin mirarlo. - Ella decidió irse con los Adams a pasar las fiestas. - Vanessa le extendió el teléfono. - Mira, Charles me mandó un mensaje.
- ¿Qué? Pero… - Exclamó agobiado. - ¿por qué? ¿Por qué no me dijiste? ¿Hice un viaje en vano? - Vanessa se molestó al sentir su orgullo herido.
- ¿En vano? O sea que si no está Emma aquí, ni siquiera consideras pasar la navidad conmigo. No, pues la navidad cancelada entonces. - Dijo molesta.
- De haberme dicho, podríamos pasar la navidad en casa. Si me hubieras avisado, no habría viajado hasta aquí con todos los regalos. - Sus palabras la ofendieron aún más.
- Claro. ¡Dilo de una vez! - Estalló ella, encarándolo. - Que para ti sin ella no te interesa celebrar nada conmigo. No lo niegues. - Rodrigo se sorprendió ante su cólera. Nunca dejaba de sorprenderle la actitud de su esposa hacia su propia hija.
- Vane, no metas en mi boca, palabras que yo no he dicho. Son tus celos los que hablan. Siempre has estado celosa de Emma. ¡Es tu hija, por dios! - Trató de hacerla entender. Pero la mujer se veía fúrica.
- Eres tu quién marca las diferencias entre nosotras. - Le gritó, con los ojos inyectados en rabia. - Para ti todo lo que hace ella te parece bien. Emma es perfecta. Así no la veamos en días, tu la justificas siempre.
- Saca buenas calificaciones. Es una buena niña. Además, yo no paso el suficiente tiempo en casa como para vivírmela peleando con ella. Disfruto de mi hija, Vane. ¿Acaso eso es un pecado?