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JARDÍN – JUNTO AL RÍO – ATARDECER
MATEO, de espaldas. Se encuentra quieto, mirando fijamente hacia el agua del pequeño río que corre junto al jardín.
Un susurro apenas audible atraviesa el ambiente.
VOZ SUSURRANTE
Ve-e-e-en... ve-e-e-en...
MATEO
(se gira lentamente, con los ojos muy abiertos)
No hay nadie. Solo el sonido del viento entre las ramas.
De pronto, un brillo intenso debajo del agua llama su atención. Una luz dorada, pulsante, como si algo respirara en el fondo del río.
VOZ SUSURRANTE (más clara, arrastrada)
¡Ven, Mateo! ¡Ven!... ve-e-en...
Mateo se acerca, hipnotizado. Su pequeña mano se extiende hacia el agua temblorosa, intentando alcanzar ese objeto reluciente que parece flotar justo fuera de su alcance.
Va a tocarlo...
MARGARET (gritando desde la casa)
¡Vengan a cenar!
Mateo se detiene de golpe. Mira hacia la casa. Luego al agua. Luego de nuevo hacia la casa. Su rostro muestra un conflicto profundo. Una tensión extraña, como si algo lo halara hacia ambos lados.
Finalmente, en un movimiento impulsivo, mete la mano en el agua, agarra la moneda y sale corriendo hacia la casa.
CASA – ENTRADA
Mateo entra corriendo, mojado hasta el codo. Mira rápidamente a su alrededor, asegurándose de que nadie lo vea, y guarda la moneda en el bolsillo de su pantalón.
Se sienta a la mesa junto a sus hermanos.
MATEO (en voz baja, para sí mismo)
Ahora tengo tres...
Saca las tres monedas en secreto, una por una, y las observa con fascinación.
Cada una tiene un dibujo diferente grabado:
Un ojo abierto.
Una puerta entreabierta.
Una figura infantil sin rostro.
Las monedas brillan débilmente, como si tuvieran vida propia.
Mateo sonríe. No sabe qué son. No sabe de dónde vienen.
Pero brillaban.
Y eso era lo único que le importaba.
[.....]
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HABITACIÓN DE MATEO – MAÑANA SIGUIENTE
MATEO, de pie junto a su cama, grita con terror:
MATEO
¡Mamá! ¡Hay una rata muerta debajo de mi cama!
MARGARET irrumpe en la habitación, con el rostro adormilado y el cabello revuelto. Pero en cuanto cruza el umbral, se detiene en seco.
El aire se vuelve pesado, y el olor nauseabundo golpea como una pared invisible.
MARGARET
(tapándose la nariz con una mano, su rostro se retuerce)
Dios mío... ¿Qué es este olor?
MATEO y ANDREA retroceden, tosiendo. Mateo se cubre la nariz con la manga del pijama.
SOFÍA entra poco después, deteniéndose apenas da un paso.
SOFÍA
¡Ay, demonios! ¡Qué asco!
(buscando de dónde viene el olor)
Parece que hay un muerto aquí adentro...
La temperatura dentro de la habitación ha descendido notoriamente. Se puede ver el vaho salir de las bocas de los niños al respirar. Las ventanas están empañadas.
MARGARET
(con la voz temblorosa, pero firme)
No es una rata.
(buscando con la vista, inquieta)
Ese olor... no viene de algo pequeño.
La madre se arrodilla, y con cautela, levanta la sábana de la cama de Mateo. No hay Nada.
Luego se agacha y mira debajo del colchón.
Un bulto oscuro y húmedo asoma entre las maderas del suelo. Como si algo estuviera atrapado entre los tablones. Margaret se acerca más. La madera está rota, astillada, y algo parece moverse levemente debajo.
SOFÍA
(frunciendo el ceño)
¿Eso se... está moviendo?
MARGARET se aleja de golpe.
MARGARET
No puede ser.
Saca su celular, ilumina con la linterna, y el brillo revela pelos enmarañados y algo parecido a una garra pequeña y seca sobresaliendo por la grieta.
MARGARET
No toquen nada.
Esto... esto no es normal.
SOFÍA
¿Crees que es un animal muerto? ¿O algo más?
MATEO
(pálido, murmurando)
Anoche escuché algo moverse… justo ahí abajo...
La madre se pone de pie, con la cara seria. Mira a todos.
MARGARET
Vamos a cerrar esta habitación. Nadie entra hasta que yo lo diga.
Y voy a llamar a alguien... alguien que sepa de casas viejas.
SOFÍA
¿Un exterminador?
MARGARET
(algo inquieta)
Tal vez algo más que eso...
Mateo guarda rápidamente las monedas en su bolsillo, como si no quisiera que nadie las viera. Una de ellas parece palpitar levemente, como un corazón muy débil.
PASILLO – INMEDIATAMENTE DESPUÉS
Mateo camina con la cabeza gacha, tocando su bolsillo con las monedas. Pasa junto a una vieja pintura colgada torcidamente en la pared.
De pronto, la pintura se cae sola, revelando detrás de ella una marca tallada en la pared: el mismo símbolo que aparece en una de las monedas.
Mateo se queda paralizado.
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ARDÍN DE LA MANSIÓN GREYM – TARDE
Los niños están sentados en el pasto, algunos jugando distraídos, otros simplemente tratando de huir del olor nauseabundo que ya ha invadido toda la casa. El sol se oculta detrás de unas nubes densas, dando al ambiente un tono grisáceo y opresivo.
MATEO, más callado de lo habitual, se queda mirando fijamente la puerta del sótano desde donde antes había escuchado los susurros.
FLASHBACK - PASILLO (MINUTOS ANTES)
Mateo frente al símbolo detrás del cuadro.
NARRADOR (- tono tenue)
Era el mismo ojo. El mismo que en la moneda.
Mateo no sabía por qué, pero algo le decía que lo escondiera.
Mateo levanta el cuadro y tapa el símbolo rápidamente, respirando con dificultad. Luego sigue caminando. Pero apenas da unos pasos…
VOZ SUSURRANTE
...Ven... ven...
Mateo se detiene, mira en dirección al sótano. Comienza a caminar hipnotizado, pero algo dentro de él se resiste.
VOZ INTERNA DE MATEO (pensamiento)
“No... no debo ir... mamá no quiere que bajemos...”
A lo lejos, la puerta del sótano parece respirar. Un leve movimiento, apenas perceptible.
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JARDÍN –
Editado: 30.12.2025