AUTO DE DENISE – TARDE
Denise ajusta el espejo retrovisor con cuidado mientras el auto avanza por la carretera rural. Mira brevemente a Sofía a través del espejo. Nota su mirada perdida y sus manos entrelazadas con fuerza sobre su regazo.
DENISE
(voz suave)
¿Qué sucede, Sofía? Te noto muy... inquieta.
Sofía duda por un momento. Mira a Mateo, que ahora duerme ligeramente recostado en el asiento, abrazando su peluche. Luego a Andrea, que juega con una tablet en silencio. Respira hondo.
SOFÍA
(susurrando)
Es que... aún no entiendo cómo es que Mateo y Andrea son gemelos…
Pero sólo Mateo parece tener autismo.
Denise asiente con suavidad, como si ya hubiera esperado esa pregunta. Su mirada en el espejo es cálida, maternal, sin rastro de sorpresa.
DENISE
Es una duda muy válida.
Muchas personas creen que los gemelos, especialmente los idénticos, comparten absolutamente todo.
Y aunque comparten mucho... no lo comparten todo.
A veces… durante el embarazo, uno puede heredar ciertas condiciones y el otro no.
Sí hay riesgo de que ambos desarrollen autismo si hay una predisposición genética…
Pero también puede pasar —aunque es poco común— que solo uno lo manifieste.
Sofía la escucha con atención. Sus ojos reflejan alivio, pero también más preguntas.
SOFÍA
Entonces… ¿no es culpa de nadie?
Denise gira el volante suavemente, toma una pausa antes de responder.
DENISE
No, Sofía. No es culpa de nadie.
Ni tuya, ni de tu mamá, ni de Mateo.
El cerebro de Mateo solo funciona de una forma distinta.
Y eso no lo hace menos. Solo… necesita entender el mundo a su manera.
Y que el mundo aprenda a entenderlo a él también.
Sofía asiente con la cabeza. Mira por la ventana. Las nubes grises ahora parecen menos pesadas.
SOFÍA
Gracias, Denise…
Nadie me lo había dicho así.
DENISE
Siempre que necesites hablar… puedes hacerlo conmigo.
Sofía sonríe levemente. En el asiento trasero, Andrea empieza a quedarse dormida también, mientras el auto continúa su camino por la carretera rural.
MANSIÓN GREEYM – TARDE NUBLADA
El auto de Denise se detiene frente a la enorme y grisácea mansión. El cielo permanece encapotado, con nubes bajas que parecen rozar los tejados. El jardín sigue igual de descuidado y la fachada de la casa parece más deteriorada con cada día que pasa.
Un cuervo grazna en algún sitio cercano. Denise apaga el motor y se gira hacia atrás.
DENISE
(sonriendo con dulzura)
Bueno… fin del viaje, tripulación. Hora de desembarcar.
Sofía, algo incómoda al estar de nuevo frente a la mansión, asiente. Denise baja y va directo al asiento del bebé. Abre la puerta con cuidado.
DENISE
(alzando a Alice)
¡Vamos, pequeña! Qué bueno que no lloraste en todo el viaje, ¿eh?
Denise entrega a Alice con cariño a Sofía, quien la sostiene contra el pecho con cuidado.
SOFÍA
(gracias en voz baja)
Gracias por todo, de verdad.
Denise le sonríe mientras camina hacia el otro lado para abrir la puerta de Mateo. Él baja del coche mirando todo a su alrededor con cierta desconfianza.
MATEO
(bajito)
Hace frío… otra vez.
DENISE
(tratando de mantener el ánimo)
Seguro dentro está más cálido. ¿Sí?
Mateo no contesta, solo se acomoda su gorro de pirata que aún lleva consigo. Mientras tanto, Aarón abre la puerta del lado de Andrea.
AARÓN
Con cuidado, princesa de los moños. No se te vayan a volar en este viento.
Andrea sonríe tímida, bajando con su mochila abrazada.
Todos se acomodan frente a la puerta de entrada de la mansión. El viento silba entre las ramas secas. Las ventanas parecen observarlos en silencio.
Denise, mirando la casa con una mezcla de intriga y escalofrío, susurra:
DENISE
Esta casa da más miedo que una escuela sin recreo…
Sofía suelta una pequeña risa nerviosa. Luego toma aire y avanza hacia la puerta principal, Alice en brazos. Pone la llave… y antes de girarla, la puerta se abre sola con un suave clic. Un chirrido se arrastra por el aire como si la madera se quejara.
Todos se quedan congelados por un segundo. Mateo agarra el brazo de Sofía con fuerza. Aarón y Denise se miran. Pero nadie dice nada. Solo Sofía, firme aunque inquieta, cruza el umbral primero.
SOFÍA
(susurrando)
Ya estamos en casa...
MANSIÓN GREEYM – TARDE
El auto de Denise se aleja por el largo camino de tierra. Aarón va en el asiento del copiloto, mirando por la ventanilla sin decir nada. Elías asoma la cabeza por la ventanilla trasera.
ELÍAS
(gritando con alegría)
¡Chau, Sofía! ¡Chau, Mateo! ¡Hasta mañanaaaa!
Sofía levanta la mano en un gesto suave de despedida, viendo cómo el auto se pierde por el sendero.
MANSIÓN GREEYM – SALA PRINCIPAL – TARDE
La casa está fría y en silencio. Solo se escucha la radio vieja del fondo con estática leve, y el lejano cantar de algún cuervo.
Alice está en el centro del living, sentada sobre unas sábanas extendidas como alfombra. Agita un sonajero mientras mastica uno de sus juguetes de goma. Balbucea en su propio idioma con alegría.
Andrea deja caer su mochila colgando del perchero torcido de la entrada. Saca sus útiles escolares uno por uno, aún colgando de un tirante. Camina hacia la mesa del comedor y comienza a hacer su tarea sin decir una palabra, con la concentración de quien ya está acostumbrada al silencio de esa casa.
SEGUNDO PISO – CUARTO DE MATEO – TARDE
Sofía está arrodillada frente a su hermanito, ayudándolo a vestirse. Comienza poniéndole los calcetines, luego los pantalones, como siempre en el mismo orden. Hasta allí, todo bien. Pero cuando busca su suéter habitual en la pila, no lo encuentra.
SOFÍA
(suave, hablando con cariño)
Mate, tu camiseta está en la lavadora… pero traje esta, mira. También es linda. Tiene a un dragón ninja. ¿Viste qué genial?
Editado: 30.12.2025