El frío viento la obligó a subir su abrigo. Evitando que su cabello le cubriera los ojos, lo afirmó con su mano, y contempló la enorme edificación de varios pisos frente suyo.
Los ventanales reflejan el nublado cielo, y algunas hojas secas se elevan en el aire. Es aún otoño.
En la entrada unas letras blancas sobre un pequeño jardín indican a quien pertenece aquel edificio "Editoriales C&I".
Revisó su castaña cabellera peinada en forma perfecta, acompañado de sus anteojos, le da un aspecto profesional tal como se lo había propuesto. Es eficiente y lo sabe, no solo por la confianza en sí misma, sino que además viene con muy buenas referencias de sus últimos jefes.
La verdad es que le gusta su trabajo en el que lleva más de seis años, donde le tienen una alta estima y reconocimiento por sus esfuerzos, una de las mejores editoras de aquel país. Aun así ¿Por qué ha decidido cambiarse de trabajo? Simplemente, porque su actual trabajo se encuentra a más de dos horas de su hogar y el constante viaje de ida y vuelta la tiene agotada.
Entró al edificio indicando en la recepción que tiene una entrevista laboral razón por la cual ha sido citada en el lugar.
—Tome asiento, señorita —le indicó la mujer con una fría amabilidad.
Contempló lo limpio del piso, y los muebles tan ordenados y pulcros. Todo el resto de los trabajadores visten sin un detalle que se les escape, formales y elegantes. Aquello a sus ojos quiere decir que se toman en serio su labor en la empresa. Luego observa con disimulo los marcos con los libros de mayor venta de la editorial, y al ver varios libros reconocidos no puede esconder su emoción.
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—¡No! —replicó el joven hombre en voz alta dentro de una de las oficinas — ¡No pienso seguir aguantándolo! ¡Es un tipo insoportable! ¡¿Qué se cree que es?! ¡El mejor novelista de este país!
—Debes tener más paciencia, es nuestro mejor escritor y... —quien intenta calmarlo es un hombre alto, delgado, de expresión cansada, y cabellos castaños.
—¡No! ¡Mi paciencia se acabó! Renuncio —el hombre de cabellos oscuros lo interrumpió saliendo con brusquedad de la reunión.
—¡Paulo! ¡No puedes dejarnos así! Eres el único que ha aceptado hacerse cargo de él. Si te vas, ¿quién será su editor? —salió detrás, sabe que en tan poco tiempo le va a ser imposible conseguir a alguien que se encargue de aquel escritor, ninguno de sus actuales editores querrá tomar ese puesto.
—Conmigo no sigas contando, Manuel, que ya ese tipo acabo con toda la paciencia que tengo ¡Déjame ir! —cruzó los brazos al ver cómo le cerraba el paso.
—Sal, descansa y luego decides —suspiró casi suplicando.
—¡No! No volveré con él —reclamó de inmediato decidido a no cambiar de opinión.
—Pero ¿Que pasara? ¡No puedes dejarnos mientras más te necesitamos! —replicó desesperado.
No le respondió y subió al ascensor, su ahora exjefe intentó detener la puerta con las manos, pero el ascensor terminó cerrándose en su cara. Manuel apretó desesperado el botón hasta que otro de los ascensores llegó a su llamado, se subió haciendo oídos sordos a los murmullos de sus trabajadores estupefactos por el escándalo.
Paulo bajó y se despidió de la mujer de la recepción con premura.
—¡Detente ahí! —le gritó Manuel, apenas salió del ascensor—. Aún quedas tus cosas en tu escritorio, las secuestraré todas si decides no volver.
—¡Eso es extorsión! Te demandaré en la inspección del trabajo — contradijo el otro hombre levantando las manos con gesto amenazante.
—¡Necesito que alguien se haga cargo de él! —replica Manuel con expresión preocupada tratando de convencerlo de seguir trabajando con el escritor más popular de la editorial.
Los ojos de Paulo se detuvieron en la joven mujer de cabello castaño que espera sentada en la recepción. Sayen los observa confusa y sorprendida. Por error cree que podría tratarse de quien hace las entrevistas y se colocó de pie presentándose.
—Soy Sayen Antul, vengo a la entrevista por el puesto de editor y...
—Bueno, aquí tienes a tu nueva editora —lo interrumpió Paulo, sonriendo aliviado, dirigiéndose a Manuel. — Se ve eficiente y responsable se podrá encargará de él, por mí me despido, me voy de vacaciones al caribe... — se alejó saliendo por la puerta con rapidez con los brazos en alto sintiéndose libre de ese tirano.
—Pero... — Manuel lo observó alejarse, aún anonadado. Suspira porque ya sabe que no hay nada que pueda hacer para detenerlo. ¿Ahora qué hará? Se coloca ambas manos en la cabeza caminando de lado a lado.
—¿Eh, disculpe? ¿De quién hablaba? ¿Hacerme cargo de quién? —preguntó Sayen sin aún comprender lo que acaba de pasar.
Sin embargo, Manuel no respondió, siguió moviéndose de lado a lado pensando en su mala suerte. Justo cuando más necesita un editor que presione a Luciano, este decide renunciar ¿Habrá alguien que tenga el temple suficiente para enfrentarse a uno de sus escritores más conflictivos?
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—Es un excelente curriculum —señaló Manuel en su oficina, ya resignado, ha perdido al último editor dispuesto a trabajar con Luciano. Suspira, su rostro desalentado incómoda a Sayen—. Has sido el editor de H.L. Yeferson, un reconocido escritor de novelas policíacas, y de Madan G la escritora de la serie Los Misterios del Puente, eso es buenísimo, y estás muy bien calificado y tienes notables recomendaciones.
Los ojos del hombre parecen iluminarse. Luego alzó la mirada, extrañado.
—No entiendo por qué buscas cambiar si al parecer en tu actual trabajo te consideran un muy buen trabajador.
—Es por la lejanía, Editorial Lapislázuli queda demasiado alejado, a más de dos horas, a diferencia de editorial C&I que solo me quedaría a media hora —respondió con sinceridad.
—Estás dispuesta a trabajar desde mañana mismo —preguntó sin alejar su mirada del curriculum.