Mis dedos acariciaron las hebras sedosas y doradas, lo hacía con parsimonia, procurando transferir con esa pequeña acción el consuelo que precisaba él.
—¿Tienes miedo? —pregunté en un susurro.
Su cabeza que estaba apoyada en mi pecho se alzó con lentitud, alejando también su cuerpo que había bajado la guardia por la pesadez que sentía minutos antes.
—Si digo que sí, ¿me veré débil? —murmuró con una expresión cansada, sus manos comenzaron a acariciar mis costados lentamente.
Negué con la cabeza y sonreí con suavidad.
—Eres fuerte, eres humano. ¿No era eso lo que te preocupaba? No tener sentimientos...
Lo escuché suspirar y se mantuvo cabizbajo en lo que sus pulgares continuaban haciendo círculos cerca de mi cintura. Tenía una mirada pensativa.
—El miedo, siempre lo asocié a la debilidad. Si sentía miedo, entonces perdía.
Ladeé la cabeza por ese comentario, alcé el brazo y llevé mi mano hacia su mentón, lo hice levantar la mirada levemente.
—¿Quién te hizo pensar de esa manera? —susurré con voz apacible.
Él se rió con ironía, arqueó una ceja y me miró directamente a los ojos.
—¿Olvidas dónde fui criado?
Parpadeé por la pregunta, pero luego asentí.
—El Príncipe Heredero no puede tener debilidades —concluí rápidamente.
—Ni un romance que no traiga beneficios a la familia Imperial —agregó, transformándose su expresión en una intensa, sus ojos rojos comenzaron a brillar como gemas de rubíes.
Estaba hipnotizada por sus ojos, el ambiente se estaba volviendo pesado poco a poco por la distancia corta que teníamos.
—¿Romance? —inquirí, sabiendo que lo decía para distraer el tema.
Sus manos se colocaron por completo entre mis costados y la espalda baja, hizo presión para acercarme más a él, alejando mi espalda del tronco al que estaba apoyada. El aliento comenzaba a mezclarse de forma caliente, y mi corazón empezó a latir frenéticamente.
—Solange —susurró con deseo reprimido, provocándome escalofrios por todo mi cuerpo—. Tú... —Se acercó más, ahora rozando mis labios—. Me gustas —confesó, depositando un delicado beso en mis labios, fue breve, tan ligero como una pluma, pero lo suficiente como para hacer hormiguear mis labios al separarse.
En ese momento sentí mis mejillas calientes y no pude evitar sentirme tímida por lo sucedido. Pero no me desagradó. Al no alejarme, obviamente sabía lo que acontecería debido a la atmósfera densa de anhelo.
—Pero tú estás comprometido con la señorita Selene... No es correcto, Kyros... —Solté palabras como excusa para impedir decir algo que nos podría implicar de una manera complicada.
Kyros se volvió a reír, alzando un brazo para acunar mi mejilla y darme una caricia suavemente con su pulgar repetidas veces.
—Solange, bien sabes que eso es por razones políticas.
Fruncí el ceño y coloqué mis manos en su pecho para que tomáramos distancia.
—Sigue siendo un compromiso imperial, aunque no lo tomes en serio, para el resto de la población sigue siendo un matrimonio legítimo, y el mismo Emperador espera que esa boda se realice.
Kyros suspiró y asintió.
—Lo sé, pero no te preocupes, ese matrimonio no avanzará —prometió con mucha convicción.
Arqueé una ceja confundida.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque...
Vi sus labios moverse, pero su voz no llegó a mis oídos, entonces el entorno comenzó a distorsionarse en forma de espiral, la oscuridad creció a la misma vez y luego ya no estaba en los brazos de Kyros, estaba sola en un espacio negro.
Miré alrededor, pero no había nada, y en un segundo, todo resplandeció, cegando mis ojos brevemente.
Y mis párpados se levantaron.
Arrugué el entrecejo por la luz que me encandiló y giré la cabeza para que no continuara pegándome directamente, volví a parpadear varias veces para acostumbrarme a la iluminación. Fui consciente poco a poco de la suavidad en la que me encontraba, las sábanas y las paredes moradas conocidas de mi habitación.
Estaba en mi cuarto del apartamento.
Fruncí el ceño por el dolor que me atravesó por la cabeza, me senté lentamente y aseguré mi sien con la mano.
—Qué sueño —murmuré cabizbaja, suspiré cuando el dolor se atenuó y comencé a estirar mis extremidades.
Otra vez tenía esos sueños, lo cual agradecía cuando aparecían porque me ayudaban a encaminar mi historia a algún lado, me inspiraban, como sucedió ahora.
Justo estaba estancada en la etapa final y no podía pensar en alguna forma de hacerlo avanzar, así que ese sueño vino como anillo al dedo. Porque un montón de ideas se instalaron en mi cabeza y ahora deseaba descargar todo en la computadora.
Alejé la sábana, dispuesta a no perder más el tiempo. Me hice un moño rápido en lo que caminaba en dirección a la silla, encendí el PC y ya tenía una sonrisa en mis labios.
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Editado: 17.02.2026