El Secreto de mi Historia

Capítulo 3 - Sueño [1].

Felicidad. Asco. Miedo. Trauma. La pesadilla de mi juventud. Inocencia perdida. Seguir adelante.

Esas podrían ser las etiquetas si mi vida fuera una película. Por desgracia, nada de eso se quedaba dentro de la película al culminar los créditos, porque para mí, ninguna era ficción, todas esas etiquetas estaban impregnadas en el historial de mi vida para siempre.

Así que, no será agradable ver esta película nuevamente después de mucho tiempo en formato de sueño pesado y largo, probablemente habría un cartel de advertencia por el contenido aunque no fuera explícito. Y algo que amortiguaba todo lo visto era asistirla de manera silenciosa, cómo las películas mudas y su característico blanco y negro.

Pero era eso, un amortiguador, porque el dolor era el mismo no importaba qué. Las sensaciones me atravesaban como la primera vez.

La película comenzaba con el inicio por supuesto, como todo ser humano, nací sin pedirlo, me trajeron al mundo tal cual como un papel en blanco, una bebé que tenía la oportunidad de trazar su camino a su manera, una bebe que necesitaba descubrir sus propios sueños y objetivos en su crecimiento para formar su nombre, y quizá, marcarlo en la historia de la humanidad.

Pero no hubo un papá ni una mamá que la recibieran con una sonrisa en su nacimiento. Nadie estuvo al lado de esa inocente bebé para orientarla y alertarla de los peligros que enfrentaría contra un sistema turbulento. Nadie para advertirla de que el mundo tenía su lado oscuro.

Esa bebé en vez de conocer un lado cálido, más pronto de lo esperado, conoció la frialdad del suelo y el abandono. Porque fui dejada en una pequeña cesta, envuelta con mantas a las puertas de un orfanato. Aunque sea tuvieron la decencia de perdonarme la vida al no echarme en un bote de basura.

Quien me dio a luz no tuvo la suficiente crueldad para abortarme, pero sí para renunciar a mí. Y sinceramente, ¿eso no era lo mismo? Al menos para mí, renunciar a su propio hijo iba en la misma escala del aborto. Si me ponía en los zapatos de esa persona, tal vez leería su línea de pensamiento. Si era positiva, al entregarme al orfanato, me estaría dando la oportunidad de ser adoptada y obtener una mejor vida de la que hubiera tenido a su lado.

Si hubiera funcionado, quizá no se estaría proyectando esta película en mi vida una y otra vez como una sombría pesadilla que me perseguía en las noches.

Esa posibilidad de proyección positiva quedó en una mera ilusión que no se realizó porque nadie podía ver el futuro.

La siguiente escena de la película era transmitida en una mezcla de recuerdos propios y datos contados por otros.

Como el hecho de que la persona que me encontró fue el director del orfanato. Según él, ese día tenía una cita con una dama y ya se le estaba haciendo muy tarde porque se había quedado sellando documentos importantes como la traslación de niños a su orfanato debido a la falta de espacio en dónde se encontraban alojados ellos.

Él siempre agradeció haber tomado la decisión de adelantar trabajo y perder la cita. Porque de esa manera me conoció. Ya era muy tarde en la noche y las mujeres que cuidaban allí su horario había terminado, no saldrían hasta la mañana, así que era muy probable que hubiera muerto o enfermado gravemente por el frío y el sereno nocturno.

Porque sí, ni siquiera aquella persona que me dio a luz se dignó en tocar la puerta para asegurarse de que sería vista y tomada.

Si tuviera que dar un resumen de esa etapa en mi vida, sería de la siguiente forma; crecí en las paredes de ese orfanato hasta los diez años. Siendo los últimos tres un confinamiento que me ahogaba. Viviendo experiencias que no se la desearía a ningún niño, a ningún adulto, a nadie en general.

Vamos desde el principio, los años dorados en esa instancia, fui cuidada con cariño y mimo de la mano de aquel que me encontró. Su nombre era Felipe Callan.

Un hombre que estaba en sus treinta años en aquel tiempo y que llevaba administrando el orfanato hace cinco. Era muy querido en la comunidad y todos le tenían alta estima por ser un hombre paciente, cariñoso, sabio en los consejos, colaborador en lo que pudiera y se necesitara. Increíblemente era un hombre soltero, a pesar de los continuos coqueteos que recibía de las mujeres a su alrededor.

Sin embargo, no estaba soltero por gusto, porque tenía una enfermedad llamada infertilidad. Algo que se me hizo saber en mi adolescencia. Por lo que elegía cuidadosamente a sus parejas que estarían bien con esa enfermedad suya que le impedía tener hijos sanguíneos.

El caso era que su sueño era tener hijos, y una opción que planeaba a futuro era adoptar. Pero se le dificultaba al no tener una compañera con los mismos objetivos. Así que caí como una estrella del cielo, al ser una bebé, que requería atenciones especiales a diferencia de los otros niños, no tardó en encariñarse porque él personalmente se encargó de esos cuidados.

Al principio se extrañaron de esto, porque nunca habían visto al director involucrarse de manera tan llena, era común verlo interactuar con los niños, jugar con ellos y escucharlos si necesitaban alguna cosa, pero no actuaba como un papá lo haría. Él marcaba muy bien los límites con los niños para que no lo vieran como una figura paterna y sí como un adulto amigable para que no se resintieran con éstos.

Así que a los de alto rango no les agradó ese comportamiento.




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